¿Por qué es tan peligroso ir a ver fútbol en Argentina?
¿Por qué es tan peligroso ir a ver fútbol en Argentina?
La pasión argentina por excelencia continúa con pronóstico reservado. El fútbol argentino vivió hace unos días otro episodio de violencia extrema que dejó un muerto. Sucedió en el estadio Mario Alberto Kempes de la ciudad de Córdoba (a 700 kilómetros de Buenos Aires), cuando una horda de fanáticos de Belgranogolpeó a Emanuel Balbo por creerlo hincha de Talleres, el clásico rival. Al joven de 22 años lo apalearon y tiraron de la tribuna y los golpes terminaron con su vida. El hecho conmocionó a la sociedad entera y el Gobierno Nacional ordenó por decreto una serie de medidas para terminar con este mal endémico de Argentina: la violencia e inseguridad en el fútbol. Un fenómeno que se ve en las tribunas pero arranca mucho antes: en autobuses destartalados que llevan a los hinchas colgando, violentos cuidacoches que integran o tienen lazos con la barra y extorsionan a los aficionados y miles de policías apostados en interminables cacheos pero que no logran prevenir ni una gresca, muchas veces provocan a los espectadores en ingresos y salidas o se preocupan en mirar el partido o su móvil y no las gradas.
Natalia Romero, de 42 años, está en la otra vereda. Es de Racing y lo sigue desde el año 1992, y tampoco acuerda con el regreso de los visitantes. “Cuando lo implantaron no estaba de acuerdo porque estaba bueno cantarle al rival y que te canten”. Juan Valentín Palacio, hincha de Boca, no concuerda: “No me parece que se haya logrado el objetivo. No cambió nada y sinceramente, para mí trajo más problemas que soluciones, en especial por lo lucrativo que era para los equipos chicos que recibían grandes”. “Ese episodio de matar al infiltrado se dio en varias ocasiones, sólo que esta vez se filmó y murió la persona, pero hay muchos antecedentes y, paradójicamente, en casi todos se descubrió que el supuesto espía rival no lo era”, agrega Pussetto.
La barra de Racing es otra de las que está en el ojo de la tormenta tras algunos enfrentamientos que buscan dirimir el reinado de la tribuna y Natalia fue una testigo involuntaria del duelo. “Para mí ir a Racing es muy cómodo, incluso siendo mujer y yendo sola. Hay seguridad aunque uno tiene que cuidarse bastante. El sábado, delante de mí, cuando salía después del partido agarraron a tres barras. Pude esquivar el operativo pero fue algo tenso. Igual nunca tengo problemas porque Racing es un ámbito muy familiar y siempre incluyó a las mujeres”.
La coerción de las barras bravas puede comenzar en la semana, en forma presencial o en las redes. Hace pocos días, el plantel de Atlanta, club que milita en la tercera división, fue apretado en pleno entrenamiento por un grupo que le exigió el pago de 100.000 pesos (6.400 dólares) en concepto de resarcimiento por el magro presente del equipo. Pero el miedo también es virtual. Muchas facciones utilizan foros partidarios o las mismas redes sociales para anunciar enfrentamientos en la tribuna, lugar donde dirimen el poder que les permite encabezar el crimen organizado que deja dividendos por venta de drogas, tráfico de influencias o, directamente, el hurto. Actividades que desde hace años pasan por el ancho ojo de la justicia y los dirigentes de muchos clubes, en clara connivencia con los violentos. Una situación que parece ser el desafío más complejo para la nuevas autoridades ya sean gubernamentales como también de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA).


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