La vida en ESO, los ojos que miran al universo
La vida en ESO, los ojos que miran al universo
Marc Forster, director de Quantum of Solace, la entrega número 22 de las aventuras de James Bond, es un fanático de los lugares exóticos. Cuando en 2008 buscó un escenario que representara el estado mental del Bond de Daniel Grave pensó en un desierto hostil y lo más alejado posible de cualquier humano. Lo encontró en Atacama, Chile, en un paraje de arena y piedra a 2.600 metros de altura. El paisaje era lo bastante hostil como para dar a la cinta ese ambiente extremo que tanto atrae a los fanáticos del agente 007. Y para completar el cuadro, el sitio ya contaba con un edificio futurista apto para grabar escenas de acción. Forster eligió para localizar su película a Paranal, uno de los tres complejos que el Observatorio Europeo Austral (ESO) tiene en el norte chileno, donde están los mejores cielos para observar el universo. Bond y su enemigo Mr. Greene ya no pelean en Atacama, pero Paranal sigue allí, con 200 personas, entre astrónomos e ingenieros, que operan el Very Large Telescope (VLT) y pronto estarán a cargo del Extremely Large Telescope (ELT), una joya de la ingeniería óptica e infrarroja que promete abrir una ventana a los orígenes del universo.
El ELT recibirá su primera luz en 2024, según el cronograma de construcción de ESO, y el VLT de Paranal funcionará como apoyo
Es que la vida en el desierto no es fácil. Los empleados duermen en la residencia o en el campamento, una serie de contenedores convertidos en casas con una cama y baño privado. Los carteles de Silencio advierten al visitante que allí duermen durante el día lo que trabajan de noche observando el cielo. La estadía en Paranal transcurre entre las salas de control, los dormitorios, la piscina bajo tierra rodeada del único punto verde del predio y el comedor. “ Los jóvenes están acá 80 noches al año en turnos de una semana, y los que son del equipo están entre 100 y 135 noches al año en bloques de dos semanas. Después de eso uno se pone nervioso, irascible. Por eso el trabajo sigue en las oficinas de ESO en Santiago”, explica Claudio Melo, jefe de la oficina de Ciencias de ESO en Chile. ¿La convivencia es buena? “Es todo lo buena que puede ser”, dice Melo. “La presión acá existe, no manejamos dinero pero hay que funcionar, todo esta estructura tiene que estar lista a la puesta del sol”.
ampliar fotoSi trabajar en Paranal es complicado no es difícil imaginar cómo es operar a 5.000 metros de altura el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA), un complejo de 66 antenas que conforman el mayor radiotelescopio del mundo. La base de operaciones de ALMA está a 50 kilómetros de San Pedro de Atacama, un pueblo de casas de adobe reconvertido en centro turístico para ricos. A 3.000 metros de altura, el consorcio europeo construyó junto con Japón, Estados Unidos y Chile una base de operaciones de película, con talleres, un laboratorio de alta tecnología, hospedaje para los empleados, cuerpo de bomberos y canchas de fútbol. El visitante pasa allí por el primer control médico, imprescindible para iniciar el ascenso al llano de Chajnator, donde están las antenas. A 5.000 metros sobre el mar falta el oxígeno, hace frío, mucho frío y el viento sopla con fuerza. A la vista solo hay rocas, nieve y un paisaje lunar en el horizonte. Cuando el clima se complica la temperatura puede bajar hasta los 15 grados bajo cero. Ningún humano en sus cabales elegiría Chajnator para hacer turismo y, mucho menos, para trabajar. Pero es ahí donde los ingenieros están ocho horas cada día, controlando que los equipos funcionen correctamente.
ALMA y el futuro ELT conformarán un tándem sin competencia en el mundo
“La altura es lo más complicado de resistir. El primer día de trabajo no subimos, el segundo día estamos cuatro horas, el tercero, seis, y recién al cuarto cumplimos con el turno de ocho horas”, explica Juan Carlos Gatica, técnico chileno a cargo “del cerebro y el corazón de ALMA”, un supercomputador que recibe la información de las antenas y la transmite a los astrónomos que la analizan en la base de operaciones. A estas alturas la foto es una escenografía de Star Wars, con grandes parabólicas en un paisaje que en invierno es blanco y en verano es lo más similar a Marte que se puede encontrar en la Tierra. Recorrer las instalaciones es una prueba de fortaleza física: no faltan los técnicos que usan tubos de oxígeno para soportar mejor la altura. Al final del día todos regresarán a la base, 30 kilómetros más abajo, o viajarán a Santiago para cumplir con sus días de descanso.
ampliar fotoALMA y el futuro ELT conformarán un tándem sin competencia en el mundo. El primero, con capacidad para estudiar luz con longitudes de onda milimétricas y submilimétricas, puede develar cómo el gas y el polvo cósmico formaron los primeros planetas y estrellas. El segundo trabajará con la luz que percibe el hombre, pero será capaz de captar objetos celestes cuatro mil millones de veces más tenues de lo que alcanza el ojo humano. Entre ambos se abrirá la ventana que permitirá avanzar hacia el origen del universo.




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