La biblioteca viviente de los refugiados
La biblioteca viviente de los refugiados

Un niño refugiado afgano espera a ser repatriado a su país en el centro de registro de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) en Chamkani, a las afueras de Peshawar, Pakistán. Coincidiendo con la celebración hoy del Día Mundial del Refugiado, ACNUR ha presentado un informe que revela que el 80% de los 43,7 millones de personas desplazadas en todo el mundo son acogidos por países en vías de desarrollo (Pakistán, Irán o Siria), y menos del 2% por estados europeos. Foto: Bilawal Arbab / EFE
Javier Aguilar. Estrasburgo.- Veinte refugiados se convierten en “libros” parlantes y protagonizan una insólita biblioteca viviente organizada por la Agencia para los Refugiados de la ONU (ACNUR) y el Consejo de Europa.
Esos “libros” son refugiados, apátridas, demandantes de asilo, expertos que ayudan a los refugiados, trabajadores sociales, ayudantes de niños inmigrantes no acompañados, que durante dos días han desplegado su catálogo de historias en inglés, francés, árabe, ruso, farsi o kurdo.
Entre los lectores el senador español Arcadio Díaz Tejera se interesó por el libro número 16, titulado “Un hombre negro de un país negro que brilla: el Congo”.
La reseña de esa obra advierte de los prejuicios sobre su protagonista, según los cuales éste es un hombre pobre, perezoso, sin perspectivas ni ambición, que no se quiere integrar, y al que se le asocia con el crimen y actividades delictivas.
Su nombre ficticio es Richard y tiene mucho miedo: miedo a decir su nombre verdadero, a hablar de su familia, a que se sepa dónde vive… e incluso a que se le fotografíe de frente.
Y le cuenta a su “lector” que sigue con esos temores más de trece años después de haber escapado de la actual República Democrática del Congo, perseguido por los secuaces del dictador Mobutu Sese Seko.
Se define como refugiado político, que cuenta con la ayuda de la ACNUR, y el hecho de repetir su testimonio no evita que se emocione cuando narra su historia, según la cual “tener un niño soldado es lo peor que le puede ocurrir a unos padres”.
Pausado al hablar, levanta el tono cuando se rebela y cuando a él, convertido en la actualidad en un militante defensor de los derechos humanos cuyo sueño es volver a su país y dejar de ser un refugiado, hay gente que le dice que no es “nada”.
Su testimonio se une en este experimento innovador a otros como el relatado en el libro número 10: “Refugiada libanesa”, con el que aparece una mujer de unos 40 años, con ojos azules, que cubre su cabeza con un gorro.
Se llama Tania Kobisy y al tomar asiento muestra al interesado un folleto de la novela “La Malédiction”, que cuenta su experiencia y está dedicada a las mujeres de África y Oriente Medio.
“Escapé del Líbano con mis hijos tras sufrir violencia por parte de mi marido. Cuando violó a mi hija de 15 años, los tribunales me dijeron que no procedía demandarle porque (según su sentencia) la pequeña seguía siendo virgen”, explica a EFE.
Kobisy asegura que su ex marido, libanés con el que también vivió en Costa de Marfil, hubiera obtenido sin problema la custodia de los hijos en caso de divorcio, y dice que en esos dos países ella está considerada como una criminal.
Habla sin pudor de los peores momento en el Líbano, cuando pensó en el suicidio para poner fin a la violencia que descargaba su marido sobre ella y sus hijos, pero reivindica que es fuerte y que por esa fortaleza pudo seguir adelante y llegar a Francia.
“Los primeros momentos fueron muy duros, pero amo a Francia, me ha abierto las puertas y me ha hecho sentir como una persona”, relata no sin emoción, agregando, tras unos segundos de silencio, que su mayor deseo es que “las mujeres sean bien tratadas en todo el mundo, no como esclavas, sino como seres humanos”.
“No me siento extranjera aquí, aunque haya racistas”, dice a modo de despedida al finalizar el préstamo, mientras un refugiado de Chad, un demandante de asilo ruandés o una refugiada iraquí siguen contando sus experiencias a quienes quieren escucharles.
La biblioteca viviente se inauguró este miércoles y permanecerá abierta hasta esta tarde en el Palacio de Europa, sede del Consejo de Europa en Estrasburgo, y con ella se ha pretendido, según sus organizadores, que la gente tome conciencia de ese colectivo, acercando sus problemas e intentando derribar los prejuicios que les acompañan.
