HABLEMOS DE CINE
HABLEMOS DE CINE
Por Jorge Gutman
Considerando los antecedentes del realizador Ridley Scott en materia de filmes épicos (Gladiator) y/o impactantes (Blade Runner, The Duellists, Alien, Thelma & Louise), las expectativas eran altas al saber que abordaría un tema bíblico tantas veces considerado por el cine como lo es la historia de Moisés, el liberador de la servidumbre del pueblo judío de Egipto y receptor de los 10 Mandamientos de Dios en el Monte Sinaí.
Intriga saber si Scott examinó atentamente las versiones ofrecidas por el legendario cineasta Cecil B. DeMille de Ten Commandments en 1923 en el cine mudo y obviamente su obra maestra del mismo título en 1956 que obtuvo varios Oscar incluido al mejor film y realizador. Esa duda surge porque lo que Exodus brinda al espectador no es más ni menos que una rutinaria ilustración sobre el tema. Comparado con la producción juzgada hace casi seis décadas, este film se encuentra en franca desventaja; así, amparado por el factor “espectáculo”, Scott trata sin lograrlo de cubrir las debilidades de un guión chato, interpretaciones corrientes donde los actores declaman sus partes en lugar de sumergirse de lleno en los roles que interpretan así como la ausencia de un ritmo apropiado que innecesariamente dilata por dos horas y media la duración del metraje
La primera parte del film es la más débil con la presentación de sus esquematizados personajes. La acción se ubica en el Egipto gobernado por faraones, alrededor de 1300 años antes de la era cristiana. Ahí se encuentra el adulto Moisés (Christian Bale) quien mantiene una gran amistad con Ramses (Joel Edgerton), el hijo del moribundo líder Seti (John Turturro) y de su esposa Tuya (Sigourney Weaver); a pesar de su condición de egipcio y de la lealtad debida sus superiores, no es indiferente al sufrimiento infligido por más de 400 años a los esclavos hebreos trabajando en las construcciones faraónicas. Cuando Seti muere y Ramses asume el poder, Moisés llega a imponerse a través de un sabio hebreo (Ben Kingsley) de su verdadero origen; luego de ser degradado de su cargo, inicia el camino del destierro donde se encuentra con Séfora (Maria Valverde), se casa y funda una familia.
Lo que sigue después, entra en el terreno de lo muy bien conocido y aunque su visión resulte un poco más tolerable nunca logra a brindar la emoción genuina que el dramático relato debería generar. Lo que aquí está ausente, entre otras cosas, es la presencia de un Moisés y un Ramsés que mantengan una mínima alquimia, tal como tan bien lo lograron Charlton Heston y Yul Brinner respectivamente en el gran film de De Mille, creando verdadera tensión en el enfrentamiento de estos dos personajes: nada de eso se logra en los roles de Bale y Edgerton.
Otro de los detalles que merecen observación es que cuando se recurre a crear escenas espectaculares, el resultado debe impresionar. Así, por ejemplo la escena de la partición de las aguas del Mar Rojo que en la versión de 1956 adquiere característicamente realmente asombrosas teniendo en cuenta la técnica de esa época, el recurso que aquí emplea Ridley a través de la sequedad de las aguas no alcanza mayor impacto. Y si de espectacularidad se habla, uno se pregunta cómo es posible que con los milagros de la digitalización actual, las grandes batallas desplegadas evidencien completa falta de realismo; solamentelas imágenes digitalizadas ilustrando las 12 plagas que consumen al pueblo egipcio permiten que uno las aprecie con cierta condescendencia.
En lo que hace al factor de la divinidad, el encuentro de Moisés con Dios, que en esta versión adquiere la forma de un niño, es francamente risible. Parece ser que la figura del Creador adopta características ambiguas: por una parte está el piadoso Señor que se compadece con la suerte corrida por los esclavos hebreos, pero que se contrapone con la presencia de un Dios vengador que no tiene contemplaciones de arrasar y condenar a gente inocente incluyendo a niños no hebreos como medio de asestar un grave dolor a Ramses; si bien ésa es una interpretación bastante discutible aportado por el guión de este film, lo que objetivamente no lo es son los solemnes y patéticos diálogos establecidos entre Moisés y el Todopoderoso.
Conclusión: Un film pedestre, carente de emoción que sin brindar nada nuevo sobre la materia, lo único que logra es aburrir a pesar de su prefabricada espectacularidad.
GEMMA BOVERY. Francia, 2014. Un film de Anne Fontaine
Con gran ingeniosidad la realizadora Anne Fontaine en un guión que le pertenece junto a Pascal Bonitzer han logrado adaptar la novela gráfica de Posy Simmonds Gemma Bovery en un relato fluido que rinde un implícito tributo a Madame Bovary, la renombrada obra literaria de Gustave Flaubert. Aunque su libro tiene una connotación dramática, este film no es una versión moderna del mismo sino una visión subvertida que adopta el tono de comedia amable, decididamente liviana y ciertamente disfrutable gracias a las muy buenas interpretaciones del elenco que lo integra.
Fabrice Luchini interpreta a Martin Joubert, un individuo de mediana edad que hace cierto tiempo dejó la vida mundana de París para preferir la tranquilidad de un bonito pueblo de la región de Normandía. Allí vive con su esposa (Isabelle Candelier) e hijo adolescente (Kacey Mottet Klein) y se ocupa de explotar la panadería local de la cual es dueño. Como elemento referencial, cabe agregar que como buen lector es un apasionado de la mencionada novela de Flaubert.
La tranquilidad de Martin se ve alterada con la llegada de Charlie Bovery (Jason Flemyng) y de su bella esposa Gemma (Gemma Arterton), quienes procedentes de Inglaterra vienen a instalarse allí. La cercana presencia de la sensual Gemma produce un renovado ardor sexual en el panadero quien se siente fuertemente atraído hacia ella. Con cara de perplejidad, lo primero que repara es que la joven casi tiene el mismo nombre que Emma, la protagonista de Madame Bovary, así como porta un apellido prácticamente similar con el solo cambio de una letra.
De allí en más, el intrigante guión hace que Martin siga en la medida de lo posible los pasos de su nueva vecina de la cual llega a percibir que se siente aburrida y un tanto desencantada de su marido. Esta nueva coincidencia con la heroína de su novela preferida se irá acentuando al descubrir que Gemma engaña a su esposo con Herve (Niels Schneider), un apuesto y joven estudiante, quien después la abandona; su sorpresa es aún mayor cuando comprueba que ella se reencuentra con un antiguo amante (Mel Raido) inglés. Temiendo que el final de Gemma llegue a alcanzar los ribetes dramáticos de lo que acontece con Emma Bovary, el preocupado panadero trata de utilizar todos los medios posibles a su alcance para que la atractiva joven no llegue a optar por la misma trágica decisión.
El relato de este film está fundamentalmente centrado en Luchini quien realiza una magnífica prestación como el atribulado Martin. A través del candor de sus expresiones de asombro y confusión tratando de controlar e intervenir en los movimientos de su atractiva Gemma para que no incurra en lamentables errores, este actor provee los momentos más ocurrentes y divertidos de esta historia. A su lado, Arteton se desempeña adecuadamente ofreciendo con su escultural físico y angelical mirada toda la seducción necesaria que pueda justificar la energía y tensión sexual despertada en el atribulado Martin.
La directora permite que el relato adquiera un ritmo pausado creando por momentos un clima melancólico que se adapta muy bien a la naturaleza del mismo. La forma en que concluye la historia con el agregado de su hilarante epílogo motiva a que el espectador deje la sala con una agradable sonrisa.
Conclusión: Una entretenida comedia agraciada por la arrolladora simpatía y actuación de Fabrice Luchini.
SERENA. Estados Unidos, 2014. Un film de Susanne Bier
Aunque bien intencionada, la realizadora danesa Susanne Bier no logra que Serena pueda completamente satisfacer. Basada en la novela homónima de Ron Rash (2008), el guión de Christopher Kyle abarca demasiados aspectos que aunque individualmente interesantes no se encuentran bien cohesionados. De todos modos, el motivo principal de este film reside en los nombres de sus protagonistas Jennifer Lawrence y Bradley Cooper, quienes constituyen una de las parejas cinematográficas más populares de la actualidad, teniendo en cuenta que ambos recibieron cálidos elogios en la actuación conjunta que les cupo en Silver Linings Playbook (2012) y American Hustle (2013).
Si bien la película fue filmada en la República Checa, la acción se sitúa en Waynesville, una localidad rodeada por las montañas de Carolina del Norte, en 1929 inmediatamente después de la Gran Depresión. Allí George Pemberton (Cooper), dueño de una gran empresa forestal, atraviesa ciertas dificultades financieras además de ambicionar la expansión de sus actividades en tierras aledañas; todo eso no le impide recurrir a ciertas prácticas contables fraudulentas así como a sobornos cuando la ocasión lo requiere. Un amor a primera vista lo envuelve cuando observa la bella figura de Serena (Lawrence) montada en su caballo, a quien segundos después de haberla abordado, le propone matrimonio, que ella acepta de inmediato. Con la llegada de la joven al lugar donde habita su marido, ésta deja claramente establecida su propósito de no ser solamente la esposa del gran patrón sino también su intención de inmiscuirse en forma plena en las actividades del negocio, lo que crea una enemistad con el socio de su marido (David Dencik). Rápidamente, se podrá apreciar que el sheriff local (Toby Jones), un conservacionista ambiental, no habrá de permitir que el programa de deforestación de Pemberton se concrete. Entre otros tópicos de la historia se observa a una empleada de George (Ana Ularu) que quedó de él embarazada, hecho que poco le preocupa a Serena hasta el momento en que nace el bebé y su marido comienza a interesarse por él.
Poco antes de promediar el relato se produce una muerte y es a partir de ese hecho que la trama adquiere un giro melodramático donde no faltan la presencia de un ex convicto sicario (Rhys Ifans), la pérdida del hijo gestado por Serena y su posterior desequilibrio mental, un ataque mortal de un animal, un incendio provocado y otra serie de incidentes, todo ello dentro del marco de una tragedia shakesperiana aunque sin que muchos de los elementos expuestos queden razonablemente integrados.
A pesar de las observaciones señaladas, este film atrae por la fuerza dramática impresa por sus dos protagonistas. Cooper no es solamente un galán de moda sino que ha demostrado ser un eficiente actor, y en este caso lo confirma animando a un hombre seducido por la pasión que le despierta su mujer pero que se opondrá a ella en situaciones límites. Por su parte, Lawrence es mucho más que una estrella demostrando que el Oscar ganado en 2013 no ha sido casual porque su actuación brinda considerable intensidad a sus personajes; aquí lo demuestra animando a una mujer que habiendo sido traumatizada por episodios acaecidos en su infancia, es capaz de demostrar gran ambición y actuar sutilmente como una lady Macbeth manipuladora e instigadora para que su marido actúe maliciosamente frente a cualquier obstáculo que se interponga en el camino de la pareja.
Conclusión: Un melodrama imperfecto que se deja ver por el magnetismo ejercido por Lawrence y Cooper en sus respectivos personajes




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