El ataque de EE UU a Venezuela para capturar a Maduro divide a Latinoamérica: entre la condena y los aplausos
El ataque de EE UU a Venezuela para capturar a Maduro divide a Latinoamérica: entre la condena y los aplausos

Personas observan desde el muelle tras las explosiones que se escucharon en el puerto de La Guaira, Venezuela, este 3 de enero de 2026. Foto Matias Delacroix (AP)
- Los presidentes Lula da Silva, Claudia Sheinbaum, Gabriel Boric y Gustavo Petro condenaron la acción de Donald Trump y abogan por la diplomacia. En el otro extremo, el argentino Javier Milei y el ecuatoriano Daniel Noboa apoyan a la ofensiva
La captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, tras registrarse ataques de Estados Unidos en zonas civiles y militares de Caracas, Miranda, Aragua y La Guaira, mostró dos posturas diametralmente opuestas en Latinoamérica. Mientras los gobiernos de Brasil, México, Colombia y Chile han rechazado las acciones militares estadounidenses en Venezuela, los de Argentina, Panamá y Ecuador han aplaudido la operación.
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula Da Silva, condenó la acción que derivó en el arresto de Maduro, acusado por la Administración de Donald Trump de encabezar la organización de narcoterrorismo Cartel de los Soles. “Los bombardeos en territorio venezolano y la captura de su presidente venezolano han traspasado una línea inaceptable. Estos actos representan una grave afrenta a la soberanía de Venezuela y sientan un precedente extremadamente peligroso para toda la comunidad internacional”, dijo el mandatario en su cuenta de X.
El mensaje no menciona explícitamente a Estados Unidos ni a Maduro. Lula, que había apostado a una salida diplomática para el régimen chavista, pidió a la comunidad internacional, a través de las Naciones Unidas, responder con firmeza al episodio que marca a la región: “Atacar a los países, en flagrante violación del derecho internacional, es el primer paso hacia un mundo de violencia, caos e inestabilidad, donde la ley del más fuerte prevalece sobre el multilateralismo (…) Esta acción recuerda los peores momentos de injerencia en la política latinoamericana y caribeña y amenaza la preservación de la región como zona de paz”.
Esta postura, con algunos matices, es la misma que adoptaron los presidentes de izquierdas Claudia Sheinbaum, de México; Gustavo Petro, de Colombia, y Gabriel Boric, de Chile.
Petro, uno de los primeros jefes de Estado en reaccionar frente al ataque confirmado por Donald Trump, ordenó un despliegue militar y policial en la porosa frontera con Venezuela —más de 2.200 kilómetros— y prometió brindar toda la asistencia disponible en caso de que se presente una entrada masiva de refugiados a suelo colombiano. “Los conflictos internos entre los pueblos los resuelven los mismos pueblos en paz. Ese es el principio de la autodeterminación de los pueblos que es base del sistema de las Naciones Unidas”, escribió Petro en X, al tiempo que recordó que Colombia se acaba de incorporar como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, y se propone convocarlo.
“Invito al pueblo venezolano a encontrar los caminos del diálogo civil y su unidad. Sin soberanía no hay nación. Es la paz el camino y el diálogo entre los pueblos es fundamental para la unión nacional. Diálogo y más diálogo es nuestra propuesta”, añadió Petro.
El ministro de Defensa colombiano, el general retirado Pedro Sánchez, se hizo eco de las instrucciones de la Casa de Nariño, al asegurar que se activaron todas las capacidades de la Fuerza Pública (ejército) para “anticipar y neutralizar” cualquier intento de atentado terrorista de la guerrilla del ELN o de otros grupos irregulares con capacidad de fuego que operan en la frontera.
En México, la mandataria Sheinbaum aludió a la Carta de la ONU, particularmente a su artículo dos, que exhorta a que los miembros de la organización internacional se abstengan de recurrir a amenazas o al uso de la fuerza en contra de la soberanía de un Estado. En un comunicado de la Cancillería, México se manifestó en contra de las acciones militares ejecutadas por Estados Unidos e instó a las Naciones Unidas a “actuar inmediatamente para contribuir a la desescalada de las tensiones, facilitar el diálogo y a generar condiciones que permitan una solución pacífica”.
Para Boric, presidente de Chile hasta la toma de posesión de José Antonio Kast en marzo, la “crisis venezolana debe resolverse mediante el diálogo, y el apoyo del multilateralismo, y no a través de la violencia, ni la injerencia extranjera”. Por eso, el todavía jefe de Estado chileno condenó el ataque en su cuenta de X. Boric, uno de los líderes regionales del progresismo más críticos del régimen de Venezuela, ha tildado en diferentes ocasiones a Maduro de un dictador. Pero esta vez mantuvo la cautela.
Lo ocurrido en Venezuela enciende las alertas en otros países. Tanto Lula como Boric convocaron reuniones extraordinarias con sus ministros.
En las antípodas de las posturas adoptadas por Ciudad de México, Bogotá o Santiago de Chile se encuentran los presidentes de Argentina, Javier Milei, y de Ecuador, Daniel Noboa, quienes aplaudieron la intervención. “La libertad avanza. ¡Viva la libertad, carajo!”, posteó Milei en X, acompañado de un video de su última intervención en la cumbre de países del Mercosur, realizada en Brasil el 20 de diciembre, en la que respaldó la presión de la Casa Blanca sobre el régimen chavista.
“La dictadura atroz e inhumana del narcoterrorista Nicolás Maduro extiende una sombra oscura sobre la región, este peligro y esta vergüenza no pueden seguir existiendo en el continente o nos terminará arrastrando a todos consigo”, dijo hace dos semanas.
En tanto, Noboa planteó que “a todos los criminales narco chavistas les llega su hora” y que esta estructura terminaría derrumbándose en América Latina, saludando a María Corina Machado, líder de la oposición venezolana y Premio Nobel de la Paz 2025, y a Edmundo González Urrutia, que compitió contra Maduro en las votaciones presidenciales de julio de 2024 y denuncia un fraude electoral por parte del que fue sucesor de Hugo Chávez. “Es momento de recuperar su país. Tienen un aliado en Ecuador”, dijo Noboa.
Kast, sucesor de Boric en la presidencia de Chile, expresó que la caída de Maduro es “una gran noticia para la región” porque su permanencia en el poder “expulsó a más de ocho millones de venezolanos y desestabilizó a América Latina a través del narcotráfico y el crimen organizado”, y solicitó que los gobiernos de América Latina permitan “asegurar que todo el aparato del régimen abandone el poder y rinda cuentas; coordinar el regreso seguro y expedito de los venezolanos a su país; apoyar la recuperación de su sistema democrático; y avanzar en el combate regional efectivo contra el narcotráfico y el crimen organizado”.
El fundador del Partido Republicano, de extrema derecha, concluyó: “La democracia se defiende con convicción, coordinación y con el respeto irrestricto al Derecho Internacional”.
José Mulino, presidente de Panamá, reiteró que su Gobierno respaldó el “ensayo democrático y en favor de la aceptación de los legítimos deseos del pueblo venezolano, expresados de manera contundente en las urnas electorales, donde fue electo el ciudadano Edmundo González”. Mulino se solidarizó con los venezolanos, llamando a un proceso de transición ordenado y legítimo.
Perú tuvo una posición ambigua. La Administración de José Jerí reafirmó su compromiso con los principios del derecho internacional, y de la Carta de la ONU, respecto a mantener la paz, preservar la seguridad y buscar una solución pacífica, pero mencionan la “grave amenaza para la seguridad hemisférica” que la delincuencia organizada trasnacional, “las acciones delictivas de carteles de narcotráfico de Venezuela” y resalta que Maduro violó derechos humanos.

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