CRÓNICAS: Platero y yo
CRÓNICAS: Platero y yo

Por: Lucía P. de García
Toronto.- Este es el nombre del hermoso libro que escribió el poeta español Juan Ramón Jiménez entre 1906 y 1912, y lo lanzó en 1914 como un texto para adultos. Más, sus líneas tiernas, mágicas, cautivantes, en el que el protagonista es un joven burrito, atrajo la atención infantil y de allí se proyectó al mundo como una joya literaria para cualquier edad.
Juan Ramón nació en 1881 en Moguer, Huelva, en familia acomodada. Inclinado hacia el dibujo, la pintura, los versos, tras publicar sus primeras poesías en un periódico local decidió ir de brazo con las letras, para lo cual se matriculó en la Universidad de Sevilla. Estando en Madrid en 1900, hizo amistad con los poetas Rubén Darío, nicaragüense, y Ramón María del Valle-Inclán, español. La muerte de su padre le causó una gran depresión, por lo que fue tratado en varios sanatorios. A su regreso a Moguer se dedicó a leer y a escribir sobre la Naturaleza, el amor, la muerte, de allí salieron Arias Tristes en 1903, y Jardines Lejanos en 1904, ambas reflejo de su estado anímico.
Entre su amplia obra se destaca “Platero y yo”. En ella describe su niñez y juventud en la finca familiar junto a su pequeño amigo, con el que se comunicaba con tan sólo mirarse. Juntos descubrieron los secretos de la Madre Naturaleza; corrieron libres por los campos; se extasiaron en sus paisajes cambiantes por arte del mar y de las estaciones; bebieron las aguas puras que gustosas se les ofrecían para calmar su sed; descansaron bajo la sombra de su árbol favorito, un enorme pino. Tales experiencias le sirvieron para interpretar las vivencias y sentimientos humanos por medio de metáforas.
El poeta regresó a Madrid en los años veinte, en la Residencia de Estudiantes le reconocieron como maestro. Viajó por Francia y Estados Unidos, donde se casó con Zenobia Camprubi, el amor de su vida.
Para entonces ya había plasmado 190 capítulos que debían continuar su relato sobre Platero, y tenía listos tres más para publicarlos con el nombre “Otra Vida de Platero”, anécdotas de sus recuerdos tomadas al azar. Nunca llegó a cumplir ese sueño.
Platero murió de vejez y cansancio por el arduo trabajo. Fue enterrado bajo el gigantesco pino cuya sombra otrora les permitía descansar a los dos juguetones amigos, agotados de sus aventuras.
Luego de estallar la Guerra Civil española, Juan Ramón Jiménez y su esposa partieron hacia Estados Unidos, después fueron a Cuba, finalmente se radicaron en Puerto Rico. Allí recibieron la noticia de que sus libros y poemas, en especial “Platero y yo”, le hicieron merecedor del Premio Nobel de Literatura 1956.
Revestido de tal honor, Juan Ramón Jiménez partió hacia la eternidad el 29 de mayo de 1958 en Puerto Rico. Tres días después recibió a su esposa Zenobria en el Paraíso, lugar celestial que lo disfrutan acompañados de Platero.
Los restos de los tres descansan en Moguer.
En marzo 2025, aquel famoso pino que cobijó a Juan Ramón y Platero, el cual llegó a medir 19,50 metros de altura, 3,80 metros de perímetro en su tronco y tenía 200 años de edad, fue derribado por un tornado. A inicios del presente mes, el Municipio de Moguer decidió recuperarlo. Primero se deberá escoger las partes por talar; luego se las tratará con barniz y gasoil; después se las ensamblará por medio de un armazón metálico, dándole al conjunto la misma apariencia que tenía el árbol original. El nuevo pino será ubicado en la finca de Juan Ramón Jiménez, para honrar su memoria.
En este inicio de año tan turbulento para el mundo, bien vale encontrar sosiego en el tierno párrafo que describe cómo era el burrito:
“Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro. Lo dejo suelto y se va al prado y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas… Lo llamo dulcemente ¿Platero?, y viene a mí con un trotecillo alegre, que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal…”

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