CRÓNICAS. Tanizahua, Lugar de Romance y Amor Patrio
CRÓNICAS. Tanizahua, Lugar de Romance y Amor Patrio
Por: Lucía P. de García
Toronto.- Eran los tiempos cuando los hijos de españoles nacidos en la América Hispana sentían el abrazo maternal de estas tierras, y como criollos reclamaban el derecho a gobernarla libres, sin ingerencia europea. Uno de aquellos era el joven Teniente Coronel José García Salasa, nacido en Tucumán, Argentina, y “tronco de la respetable familia García Salaza de la Capital del Ecuador”.
Luego de participar en la jornada independentista del 9 de Octubre de 1820 en Guayaquil, salió del puerto hacia Huachi, pequeña ciudad asentada en la llanura andina, para apoyar al Teniente Coronel Luis de Urdaneta en su objetivo de reorganizar su diezmado ejército. Cumplida la tarea, con sus mil hombres continuó por la Sierra hacia el norte, a la ciudad de Guaranda.
Los realistas contraatacaron en Huachi el 22 de noviembre, en sangrienta batalla donde Urdaneta, vencido, regresó a Guayaquil. Mientras tanto, el Coronel realista Francisco González se enrumbó a Latacunga para evitar un enfrentamiento directo con el Teniente Coronel García, quien se dirigía hacia Guaranda para enfrentar al Coronel realista Miguel de la Piedra, quien acampaba con 500 soldados.
Enterado que el patriota se aprestaba a atacar los primeros días de enero, el sacerdote guarandeño, Dr. Francisco Benavides, monárquico, incitó al realista salir al encuentro de García, pero éste se negó. Se comentaba que mantenía amores con una hermosa Manuela y no quería saber de contiendas. El sacerdote, indignado, armó con machetes y lanzas a 96 de sus paisanos, y notificó a Miguel de la Piedra que él enfrentaría a García. Haciendo valer su autoridad, el realista marchó al frente, aunque quedándose a retaguardia. Lleno de ira el clérigo le sacudió diciéndole “!Qué Manuela ni qué Manuela, vamos, mi Coronel, a la guerra!”
Los realistas se ubicaron a los lados de la hacienda Tanizagua, al pie de la cordillera, y aguardaron confiados en que poseían mejores armas, experiencia y conocimiento de tácticas de guerra. El sacerdote y su gente se emboscaron en una quebrada. La lucha se dio aventajando a García, quien seguro del triunfo persiguió a los realistas desbandados hacia el llano. El sacerdote atacó por retaguardia sorprendiendo con tal efectividad que trastocó el resultado, desatando tal carnicería que él mismo intervino con fuetazos y patadas contra quienes se ensañaban con los patriotas.
De regreso a Guaranda, el Coronel español elevó su Parte indicando que entre muertos y heridos perdió 28 soldados; los del enemigo contabilizaban 410. En la lista de los 109 prisioneros constaba el nombre del Teniente Coronel José García Salaza, a quien ordenó fusilar.
Los guarandeños, conmovidos, dolidos, le rogaron que no lo hiciera, “siendo la bella Manuela quien más importunó”. Las lágrimas de su amada fueron precisamente las que incrementaron sus celos, por lo que aceleró la ejecución.
El 5 de enero de 1821 en Guaranda resonaron los tambores que anunciaban el ajusticiamiento de quien consideraban héroe de la Patria.
Los guarandeños, en silencio que potenciaba el resonar de los tambores, vieron cómo el Teniente Coronel José García Salaza atravesaba la plaza principal de la ciudad, sobresaliendo entre la escolta por su dignidad, juventud, hermosura y elegancia. Le acompañaba el sacerdote Benavides, quien, impresionado, le alentaba arrepentirse de haberse levantado contra la sagrada autoridad del Rey.
El Teniente Coronel prosiguió en silencio hasta la puerta de la iglesia, donde, besando un crucifijo, se arrodilló. Inmediatamente fue despedazado por dos descargas consecutivas de fusilería. En medio del llanto de la gente, la milicia procedió a cortarle la cabeza y las manos. Éstas fueron colocadas en una jaula y expuestas en una calle de Guaranda, para escarmiento de los rebeldes. La cabeza se envió con comisionado especial a Quito, donde también en una jaula y con la misma finalidad, fue colocada sobre el puente del río Machángara.
No se sabe qué suerte tuvo el amorío entre Manuela y el Coronel realista. Unos dicen que la cruel muerte del Teniente Coronel tucumano desengañó a la joven, quien dio término a su relación con Miguel de la Piedra. Otros afirman que ella se había enamorado perdidamente de José García Salaza, y pensando en él siguió durante el resto de sus días.
En cuanto al Dr. Benavides, al triunfar la Independencia fue desterrado al Perú, allí llegó a ser secretario del Obispo de Trujillo. En 1829 regresó a Guaranda, y tras donar a la ciudad unos terrenos heredados de sus padres para que los convirtieran en cementerio, fue el primero en estrenar tumba en enero de 1831, exactamente diez años después de su emboscada en la quebrada de la hacienda Tanizahua.
Hoy el lugar está sublimizado por aquel romance intenso, apasionado, celoso. Y por ese anhelo de Libertad por el que los héroes de aquel tiempo brindaron su vida sin considerar si habían nacido en el sitio de su lucha, si se trataba de independizar a cierta región o de utilizar sus armas para emancipar a determinado país. En forma solidaria y generosa, todos estaban resueltos a alcanzar la Independencia para compartirla con hermandad, y juntándose los pueblos formar una Patria Grande, nuestra América Latina, en sentimiento equiparado al amor hacia Dios.
Que ese sentimiento auspicie la unión de nuestros pueblos, en reflexión patriótica especial al llegar el Día del Amor y de la Amistad…

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