Las víctimas que deja Kristi Noem: “El daño está hecho, a mí, a los estadounidenses asesinados, a los migrantes”
Las víctimas que deja Kristi Noem: “El daño está hecho, a mí, a los estadounidenses asesinados, a los migrantes”

Kristi Noem en el Centro de Confinamiento del Terrorismo en El Salvador, el 26 de marzo de 2025. Foto: Alex Brandon (AP)
- Miles de personas que han terminado heridas, detenidas y deportadas por la destituida secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos celebran su salida
En unas horas, Arianne Betancourt tendrá enfrente a una de las culpables de que su padre esté encerrado en el centro de detención para migrantes Alligator Alcatraz, de Florida.
Es la tarde del 2 de marzo y Arianne sube a un vuelo de la aerolínea American Airlines, en Miami. Luego aterriza en Washington, sale del aeropuerto, se dirige al centro comercial de Pentagon City y localiza la tienda de Macy’s. Busca ropa que “resalte”, no quiere ir “vestida de luto”. “Si me sacan del lugar, que la gente sepa que fue a mí a quien arrastraron porque no podía quedarme callada”. Elige un pantalón y una chaqueta color rosa, paga por el conjunto y se va al hotel. Está casi lista para mirar a los ojos a Kristi Noem, la entonces secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, quien comparecerá al día siguiente en una audiencia ante el Comité Judicial del Senado que acabará en su despido.
Sobre las ocho de la mañana del 3 de marzo, Arianne, de 33 años, hace fila para entrar al Edificio Dirksen de Oficinas del Senado, al lado del Capitolio. Noem aún no ha llegado a la sala donde se celebrará la audiencia, pero el lugar ya está repleto de gente, entre ellos los miembros del grupo Angel Families, que integran familiares de personas que han muerto a causa de crímenes cometidos por inmigrantes indocumentados en el país. Algunos sostienen las fotos de sus nietos o sobrinos, y otros llevan gorras en las que se puede leer “MAGA moms”. Están en la primera fila, a donde también han mandado a sentarse a Arianne y otras familias de migrantes: una chica cuyo novio enfermo está desde hace meses en el centro de detención de Krome, en Miami; los hijos de otro señor en manos de los agentes migratorios; un joven al que los oficiales le cayeron a golpes; y está Marimar Martínez, la mujer de Chicago que sobrevivió a cinco disparos de agentes de la Patrulla Fronteriza el año pasado.
Los miembros de Angel Families comienzan a impacientarse. No quieren que ningún migrante se les sienta al lado. Dicen que son víctimas de gente como ellos. Los migrantes les responden que ellos también son víctimas. De repente, hay dos bandos encontrados en la sala, como han estado enfrentados desde hace un año en todo el país. Las autoridades deciden reubicar a los familiares de los migrantes detrás, en la tercera fila. Arianne pregunta a un encargado por qué solo los mueven a ellos. “A mí no me hables”, le responde el señor.

Arianne Betancourt en la sala de la audiencia de Kristi Noem, el 3 de marzo.
Aún camina con dolores por la fractura en la espalda que sufrió en custodia federal. Fue detenido en octubre del pasado año en Florida. El 29 de ese mes, sobre las nueve de la noche, ninguno de los más de 80 migrantes detenidos en el centro donde Crespo se encontraba había comido. Estaban inquietos; llamaban a los guardias, pero nadie les hacía caso. Algunos empezaron a patear la puerta de la entrada de la prisión. Lo primero que hicieron las autoridades del North Florida Detention Center fue cortar el agua. Luego, por el techo, los rociaron con gas. Era tanto que la gente comenzó a toser; apenas podían respirar. Aquello era un avispero de hombres desesperados. “Era gas para ahogarnos, la gente corría de acá para allá, la puerta estaba cerrada”, cuenta Crespo, de 55 años. “Yo no podía respirar por la nariz ni por la boca. Nos estábamos ahogando, sentía que me iba a morir”.
La gente comenzó a vomitar; algunos cayeron desmayados. Crespo, tratando de respirar por una ventanilla encima de la litera, cayó de espaldas al suelo desde esa altura. Luego los sacaron de la prisión, los enjuagaron con mangueras de agua y los castigaron por una semana sin dejarlos bañar ni realizar llamadas. Tres días después, Crespo se desmayó y le salió una hernia en el ombligo de tanto toser. Aún guarda los documentos del hospital que atestiguan que sufrió una fractura de columna por la caída y tuvo sangre en el hígado. Los mismos documentos demuestran que las autoridades penitenciarias le negaron atención médica.

Rafael Crespo, en una imagen sin datar.Foto Cedida
“Todo lo que me hicieron lo van a pagar, alguien tiene que hacer algo”, dice Crespo. “Violaron todos mis derechos civiles y los derechos del detenido. Yo entré ahí bien y salí mal. Herido, deportado, perdí todo”.




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