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  • April 03, 2026 , 10:42am

El silencio y las mentiras de Milei ante los escándalos de corrupción

El silencio y las mentiras de Milei ante los escándalos de corrupción

Javier Milei en el ‘Palacio de los López’, en Asunción, Paraguay, el pasado 16 de septiembre de 2025. Foto César Olmedo (REUTERS)

 

 

  • El presidente argentino evita dar explicaciones sobre su rol en el caso ‘$Libra’, las irregularidades en la Agencia de Discapacidad y los llamativos gastos y viajes de su jefe de Gabinete, entre otros hechos

Por Hugo Alconada Mon

El silencio de Javier Milei resulta estruendoso. El presidente que maltrata a un niño de 12 años con autismo, que insulta a mujeres, que denigra a opositores y alude de manera oprobiosa al síndrome de Down para humillar rivales, calla cuando las preguntas apuntan a la corrupción que lo rodea.

Calla sobre los escándalos que azotan a su Gobierno, como la trama del criptoactivo $Libra y las irregularidades en la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis), o los escándalos de su jefe de Gabinete, Manuel Adorni.

Milei ha aludido a esos escándalos, sí, pero en cuentagotas y sólo para eludirlos. Ha optado por conceder entrevistas a periodistas que preguntan sin saber –o que no quieren saber–, ha optado por esquivar las preguntas de la comisión investigadora del Congreso, ha optado por lanzar afirmaciones sin sustento en discursos sin cuestionamientos, ha optado por insultar en vez de explicar o, peor, ha optado por mentir.

Décadas atrás, afirmar que un presidente mentía habría desatado una tormenta institucional y, acaso, un juicio por injurias para el que lanzara esa afirmación. Al fin y al cabo, resultaba impensable que el máximo funcionario de un país mintiera. Y no pocos funcionarios debieron presentar su renuncia a lo largo de las décadas y lo ancho de los países cuando se comprobó que habían mentido u ocultado información. Y no pocos afrontaron procesos de destitución por esas cuitas, como Bill Clinton, sin olvidar los tropiezos con la verdad que tuvieron otros muchos, que van de Richard Nixon a la surcoreana Park Geun-hye, pasando por el brasileño Fernando Collor de Mello, el francés Nicolás Sarkozy o el peruano Pedro Pablo Kuczynski.

En una época atravesada por la desinformación, las fake news, las imágenes, los audios y los videos generados por IA y la erosión de los consensos básicos sobre la verdad, la mentira ha perdido parte de su costo político. En ese ecosistema, el silencio se vuelve una herramienta tan eficaz como la mentira. Sólo entre 2017 y 2021, The Washington Post registró que Donald Trump lanzó más de 30.000 afirmaciones falsas y/o engañosas durante su primer mandato en la Casa Blanca. ¿Le costó su carrera? No. Al contrario, tras cuatro años en el llano, hoy vuelve a despachar desde el Despacho Oval y sus mentiras van de la mano.

Como en tanto más, Milei emula a Trump en ese campo, aunque no llega a estar a su altura. Si el estadounidense impulsó el eslogan “no odiamos lo suficiente a los medios” de comunicación, por ejemplo, el libertario adaptó la frase para no meterse con las empresas periodísticas, sino con los trabajadores. “No odiamos lo suficiente a los periodistas”, repite. Y si Trump banalizó la relación con la verdad, Milei acumula contradicciones y zonas oscuras al dar su versión —o al omitirla— sobre episodios clave de su vida y de su Gobierno.

Así, Milei sigue sin explicar con claridad la venta de candidaturas electorales en La Libertad Avanza. Tampoco responde sobre denuncias públicas vinculadas a su conducta personal en el pasado. Ni explica por qué sus colaboradores sellaron una tregua con los directivos de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). Tampoco dio una explicación fundada sobre el notable incremento patrimonial de Adorni. Y el presidente ofreció versiones luego contradichas por los hechos cuando pretendió despegarse del lanzamiento y colapso de $Libra, un criptoactivo que causó pérdidas a inversores por más de 283 millones de dólares.

Milei mintió cuando afirmó, por ejemplo, que él se había limitado a difundir en su cuenta de X un proyecto que había encontrado en Internet. Pero hoy se sabe que el “contrato” —un código alfanumérico indispensable para la adquisición— no estaba disponible en ningún sitio web del mundo antes de su tuit. ¿Quién le pasó ese código? Y más importante, ¿a cambio de qué?

Las últimas revelaciones periodísticas explican por qué el presidente jamás ha criticado a los responsables de $Libra: Mauricio Novelli, Manuel Terrones Godoy, Sergio Morales y el estadounidense Hayden Mark Davis. No los critica porque estaba en contacto permanente con ellos, según muestra el registro de llamadas de Novelli, y porque incluso evaluaron proyectos para “monetizar” la imagen presidencial antes del estallido del escándalo.

Milei calla sobre $Libra porque responder preguntas lo comprometería y, acaso, lo llevaría a autoincriminarse ante la justicia argentina. Milei calla también sobre el nicho de sobreprecios y corrupción que salió a la luz en la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis) porque deberían dar explicaciones su hermana, Karina Milei, y los colaboradores de ella, como Martín y Eduardo Lule Menem, y su por entonces abogado personal, Diego Spagnuolo.

Milei calla porque el ahora viceministro de Justicia, Santiago Viola, contactó al ex titular de la Andis, Spagnuolo, y a inversores perjudicados por la debacle de $Libra para prometerles supuestas soluciones –impunidad o dinero– a cambio de una sola premisa: que desligaran a los hermanos Milei en los tribunales.

Milei calla porque no tiene cómo explicar que su principal vocero y jefe de Gabinete, Manuel Adorni, haya encarnado las prácticas más rancias de la “casta” política que tanto vituperan en los discursos y posteos en redes. Vuelos en el avión presidencial, viajes de placer en aviones privados a Punta del Este, repentino enriquecimiento patrimonial y, acaso, tráfico de influencias con fondos triangulados a través de su esposa.

Milei calla o insulta, en suma, porque no tiene cómo explicar su propia actuación y la de sus máximos colaboradores. Pero ese silencio y esos insultos reflejan el deterioro democrático. Porque cuando la rendición de cuentas, la interpelación pública al presidente, queda neutralizada por la evasión sistemática, la institución presidencial se vacía por dentro.

Milei no responde. No refuta. Le basta con callar o insultar, y esperar que el ruido de la próxima provocación tape las preguntas que nunca contestó.

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