José Antonio Kast este miércoles. Presidencia de Chile
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Funeral de Nemesio Oseguera ‘El Mencho’ en Jalisco, el 2 de marzo. Foto Fernando Moreno Coronel
- Santa Ana fue uno de los primeros territorios en EE. UU. conquistados por la organización criminal. Allí nació Juan Carlos Valencia González, quien se perfila a convertirse en el nuevo jefe
Hay zonas de Santa Ana, California, donde el inglés es secundario. La proliferación de taquerías, tiendas de ropa vaquera, negocios de envíos de remesas y carnicerías, son reflejos de la profunda influencia de la cultura mexicana.
En ese ambiente de nostalgia y rodeado de decenas de familiares emigradas desde Michoacán, dio sus primeros pasos Juan Carlos Valencia González, quien se perfila como el nuevo patrón del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). En este lado de la frontera hay quienes no lo ven como un temido capo de 41 años sino como un pariente cercano de quien se habla en voz baja.
El origen californiano de Valencia González es también el del CJNG. Santa Ana, la cuna de este narco apodado el R3, fue uno de los primeros territorios estadounidenses donde el cártel operó a sus anchas.
Desde México, su padrastro Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, hacía crecer la organización en las mismas calles de California donde Valencia vendió heroína. Los tíos maternos del R3, conocidos como Los Cuinis, fueron esenciales en esa expansión y se volvieron el brazo financiero del CJNG. En 2015, el cartel ya controlaba un tercio de la lucrativa distribución de narcóticos en el condado de Orange, vecino de Los Ángeles. Además, había ganado influencia relevante en otros sitios, incluyendo el fronterizo San Ysidro, Riverside, Bakersfield, San Francisco y Sacramento, advertía un reporte que la DEA difundió aquel año.

Ficha de búsqueda de Juan Carlos González Valencia. Foto U.S. Department of State
California es hogar de varios familiares del Mencho, incluyendo su hija menor Laisha Michelle y uno de sus hermanos. Los Cuinis tienen también parentela cercana regada del sur al norte. La DEA los tiene bien identificados y no ha dudado en contactarlos para cumplir con trámites legales. Todos actúan con extremada cautela y, hasta donde se sabe, el Gobierno de EE UU no los ha vinculado con actividades ilícitas.
Tras la muerte del Mencho en febrero, el ascenso al trono de su hijastro parecía natural. El hermanastro del R3 fue extraditado en 2020 y ahora cumple una cadena perpetua en una prisión estadounidense de alta seguridad.
El nuevo capo de capos del CJNG heredó una empresa ilícita que distribuye drogas en al menos 40 países, posee el mayor arsenal en México y genera cientos de millones de dólares al año, de acuerdo con las autoridades. La recompensa de 5 millones de dólares que ofreció en 2021 el Departamento de Estado había coronado su llegada a la cúpula. Su proceso judicial, fincado en una corte de Washington D. C. por traficar cantidades masivas de cocaína y metanfetaminas, fue resultado de la llamada Operación Pinky y Cerebro, que encabezó la oficina de la DEA en Los Ángeles.
La madre del R3, Rosalinda González Valencia, y varios hermanos de ella emigraron a California siendo adolescentes. Ninguno retomó sus estudios en Estados Unidos. “Me tocó trabajar desde los 14 años… en el campo, en empacadoras, limpiando casas, cuidando niños y en restaurantes, todo con el fin de salir adelante”, escribió ella en una carta que consta en un expediente judicial.
Su primer hijo, Juan Carlos, nació en un hospital de Santa Ana el 12 de septiembre de 1984. El padre biológico es Armando Valencia Cornelio, quien pasó de ser productor de aguacates a ser uno de los fundadores del cártel del Milenio, predecesor del CJNG. La relación fue efímera. Dos años después, en 1986, Rosalinda dio a luz en San Francisco a una hija de su nueva pareja, El Mencho: Jessica Johanna Oseguera González. En la misma ciudad, nacerían después Rubén y Laisha Michelle. El Mencho era entonces un narcomenudista de poca monta capturado por las autoridades dos veces, en 1986 y 1989. Fue deportado después de cumplir su segunda condena. Su esposa e hijos volvieron con él a México.

Féretro del Mencho dentro del Panteón Recinto de la Paz en Zapopan. Foto Roberto Antillón.
El hermano en bancarrota
Un cuadro familiar de gran tamaño decora la sala de una casa de dos niveles en San Jacinto, a 100 kilómetros al este de Los Ángeles. En el centro del retrato, hay un hombre con sombrero parecido al Mencho. Se trata de su hermano mayor, Marín Oseguera Cervantes. Sus caminos tomaron rumbos distintos, pero nunca se separaron del todo. Marín alojó un tiempo a sus sobrinas, Jessica Johanna y Laisha Michelle. La casa fue utilizada en febrero de 2020 como aval en un fallido intento para liberar a la primera de un proceso.
Jessica Johanna visitaba a sus tíos con frecuencia y utilizaba el domicilio de Marín al solicitar el pasaporte estadounidense y la licencia de manejo en California. La joven tenía entonces problemas serios. Agentes federales la habían arrestado en una corte de la capital, a la cual acudió para estar presente en una audiencia de su hermano Rubén. Le fincaron cargos por administrar seis empresas sancionadas por lavar dinero del CJNG. Entre los negocios estaba una marca de tequila a punto de ser lanzada al mercado internacional y una cadena de restaurantes de comida japonesa con presencia en Jalisco.
La vivienda de Marín Oseguera, protegida con varias cámaras de vigilancia, tiene cinco recámaras, cuatro sanitarios y una extensión total de 3.100 pies cuadrados. Fue construida en 2005 y está valorada en más de 547.000 dólares, según Zillow. No siempre le fue bien al hermano del Mencho. En junio de 2013 solo tenía 38 dólares en el bolsillo y una deuda de 117.000 dólares, distribuida en 13 tarjetas de crédito, préstamos para financiar la compra de dos autos y tres facturas médicas sin pagar, se lee en una declaración de bancarrota que él y su esposa, Azucena Oseguera, presentaron en un tribunal. Sus ingresos eran limitados: él trabajaba instalando mesas de granito en cocinas y ella se dedicaba a cuidar niños. Ambos cobraban en efectivo. En esa época vivían en una casa en Perris, en el condado de Riverside, cuyo alquiler mensual era de 1.600 dólares. El matrimonio registró en 2012 un ingreso de 38.000 dólares, bajo para el altísimo costo de vida del Estado.
El hermano del Mencho llegó a California cuando tenía 15 años. Su esposa Azucena aseguró en una breve conversación que sostuvo con un medio de prensa a finales de 2024, en la entrada de su casa, que Marín no tenía vínculo de ningún tipo con quien entonces era uno de los narcos más buscados. Subrayó que su marido guardaba un perfil bajo y se ganaba la vida de manera honesta. “Es que él es muy aparte de lo que es su hermano… A sus sobrinas sí las conocemos, sí llegaban aquí, vivían aquí, pero tenemos mucho que no tenemos contacto con ellas por motivos personales”, declaró. “Uno no puede hablar mal de la familia”, enfatizó. Se visitó nuevamente la casa de Marín Oseguera tras la muerte del Mencho, pero nadie atendió la puerta.
Un par de anécdotas de Jessica Johanna en California fueron relatadas por Azucena Oseguera en una carta dirigida a una jueza. La primera, cuando su sobrina viajaba a Los Ángeles, a los 15 años, para comprar ropa que vendía en México. La segunda, preparando alimentos al estar de visita en el hogar de su tío Marín. “Ella tenía lista la comida cuando llegábamos de trabajar”, contó.
A principios de 2015, tres agentes federales, incluyendo uno de la DEA, se presentaron por primera vez en el domicilio, como parte del caso penal que enfrentó Jessica Johanna. La cuñada del Mencho los recibió y, después de que le mostraron una foto del capo, ella les confirmó que sí eran sus parientes. Marín no estaba en casa. Al día siguiente, él llamó a los investigadores y los citó en una cafetería. Hablaron de las sanciones del Tesoro que pesaban sobre los negocios de su sobrina y este les preguntó si cometería un delito pagando la defensa legal del hermano de su cuñada Rosalinda, Abigael González Valencia, El Cuini, entonces preso en México.

Personas salen de la casa funeraria donde se encontraban los restos del Mencho. Foto Roberto Antillón
“El investigador de la OFAC (Oficina para el Control de Activos Extranjeros) respondió a las preguntas de Marín y le pidió que explicara la prohibición de la OFAC a cualquier familiar suyo que fuera estadounidense. Marín indicó que lo haría”, se describe de aquel encuentro en un documento judicial.
En esos días, con el mismo fin, esos tres agentes federales también visitaron en su casa del condado de Orange a la hija del Cuini, Marlyn González Lara; y al hermano del capo, José María González Valencia, quien no estaba en su vivienda en Santa Ana ni en un hipódromo cercano, pero fue localizado más tarde en un rancho en Hemet (cerca del domicilio de Marín Oseguera). De acuerdo con el expediente, el Gobierno además contactó por correo a otros familiares de dicho narco que vivían en California: sus otros hijos Jasmine y Alexis González Lara; y su hermana Berenisse González Valencia. El Cuini fue extraditado en agosto y ahora negocia un acuerdo de culpabilidad.
Azucena Oseguera declaró en aquella conversación en 2024, detrás de la puerta de acceso a su casa: “Con todos los que viven aquí tenemos comunicación”. Pero insistió varias veces que no estaban involucrados en el crimen organizado. “Todos trabajamos… Nosotros llevamos una vida de que no queremos publicidad”, dijo en tono serio.
—Debe ser difícil ser familiar del Mencho —se le comentó.
—Sí, yo creo que sí. Pero nosotros estamos muy aparte de todo.
La casa de Pasión Azul
Laisha Michelle, la hija menor del Mencho, se independizó tras vivir con su tío Marín. Lo hizo después de que su pareja, Cristian Fernando Gutiérrez Ochoa, identificado como un operador de alto perfil del CJNG, fingiera su propia muerte con la ayuda de su suegro. Su plan era cruzar la frontera para, con otra identidad, hacer una vida en secreto con Laisha Michelle. La pareja se instaló en una lujosa casa de dos niveles, valorada en 1,2 millones de dólares, en el corazón de una comunidad privada en Riverside. Fue adquirida a través de un entramado financiero en el que usaron de fachada a Pasión Azul, una tequilera financiada por el cártel, afirmó la Fiscalía federal de EE UU.
El yerno del Mencho usaba un nombre falso, Luis Miguel Martínez, y con este trató de obtener una licencia de manejo de California. Conducía un auto de alta gama que usaba para dejar atrás a los policías antinarcóticos que lo espiaban. Su huida terminó en noviembre de 2024, cuando fue arrestado. Al registrar su casa, encontraron más de dos millones de dólares en efectivo, joyas y relojes.
Durante las labores de inteligencia, los agentes de la DEA descubrieron que Laisha Michelle administraba una cafetería con toque mexicano llamada El Rincón La Chulis, ubicada en una pequeña plaza comercial en la ciudad de Perris, no muy lejos de su residencia. A un costado hay una taquería y, al otro, una peluquería. Es un negocio pequeño y modesto, comparado con los restaurantes de comida japonesa que su hermana mayor tenía en Guadalajara. El menú del establecimiento de Laisha ofrece sándwiches, crepas y chilaquiles. Una frase que adorna el local dice: “La vida es corta, cómete una torta”.

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