El viaje de un pueblo indígena a Roma desata la furia de la industria del cuero
El viaje de un pueblo indígena a Roma desata la furia de la industria del cuero

Líderes indígenas ayoreo en Roma, el 24 de abril. Foto Survival
- Líderes indígenas ayoreo del Gran Chaco paraguayo viajan a Italia para alertar sobre el cuero en los autos de lujo
Roma ha recibido esta semana una visita inédita que ha provocado un inesperado efecto mariposa a través del océano Atlántico.
Dos líderes indígenas ayoreo han viajado desde el Gran Chaco, su bosque y el segundo más extenso de América del Sur, para denunciar ante el Gobierno, el Congreso y el Vaticano que lo están talando ilegalmente con máquinas topadoras. Y que su pueblo, que vive dentro de este bosque paraguayo, está siendo desplazado. Todo por un motivo que les parece de lo más absurdo: fabricar cuero para marcas de autos de lujo.
Hace años que ganaderos destruyen su bosque virgen, milenario, donde viven sus familiares en aislamiento voluntario, para producir cuero. Cuero que después exportaban en su mayoría a empresas italianas, que a su vez lo convierten en los cinturones, volantes y asientos de los coches de lujo de BMW, Porsche o Land Rover, denuncian los ayoreo, presentando pruebas documentadas que indican los puntos exactos donde se está produciendo la tala ilegal.
Mientras Porai Picanerai y Rosalino Darajidi Picanerai se reunían con autoridades del Vaticano, con representantes del Ministerio de Relaciones Exteriores del Gobierno italiano y con el Comité de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados el efecto inesperado de su viaje estallaba rápidamente en Paraguay.

Porai Picanerai en Roma, Italia. Foto Survival
“Vinimos para defender a nuestra gente que está en la comunidad, en el territorio. Necesitamos ayuda de cualquier país que quiera ayudarnos para defender el derecho a tener tierra “, declararon los líderes a su llegada a Italia, donde permanecieron desde el lunes 20 hasta el viernes 24 de abril. Una foto de ambos en la Plaza del Vaticano llegó a los principales diarios digitales de Paraguay junto a su versión de los hechos. Un pequeño aleteo de mariposa que desató un gran rechazo en la Administración.
Porai Picanerai vivía en el bosque con su familia donde tejían su ropa y moldeaban sus propias ollas de barro. Cazaban jabalíes, asaban tortugas y sembraban calabazas. Recorrían cientos de kilómetros a pie cada mes. A veces, buscando sal o una laguna de agua dulce, atravesaban la frontera entre Paraguay y Bolivia sin siquiera saberlo. Pero en 1986, misioneros católicos y evangélicos entraron en el bosque para sacarle a él y a toda su familia a la fuerza. El secuestro fue tan violento que cuatro personas murieron en el forcejeo. Después el bosque comenzó a ser talado.
Como líder comunitario, Porai lleva denunciando la situación y acudiendo a reuniones con el Gobierno , el Congreso y otras instituciones desde hace tres décadas, pero es la primera vez que lo hace en un país extranjero. Un gran viaje para él que podría haber pasado desapercibido, si no fuera por la virulenta respuesta que vino después.

Miembros del pueblo indígena ayoreo en Paraguay, en septiembre de 2014. Foto Santi Carneri
Primero, la embajada paraguaya en Roma rechazó recibirles; segundo, la Cámara Paraguaya del Cuero llamó a los principales medios de comunicación locales para atacar a los indígenas y a las organizaciones que les apoyan con asesoramiento técnico y legal. Negándolo todo y despreciando a sus compatriotas indígenas a los que acusan de mentir.
Tercero, y pese a que la tala en territorio ayoreo totobiegosode va en contra de la ley y de una medida cautelar de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el Gobierno dedicó su tiempo a defender a las empresas, desconociendo las negligencias del Ministerio del Medio Ambiente y el Instituto Forestal de Paraguay, que ha otorgado licencias en tierras de los ayoreo, como han comprobado organizaciones de su propio país como Iniciativa Amotocodie.
La lucha política y judicial de este pueblo indígena integrado por unas 7.000 personas entre Paraguay y Bolivia ha logrado preservar cientos de miles de hectáreas de bosques en las últimas décadas. Pero sus líderes, abogados y decenas de organizaciones nacionales e internacionales denuncian que la invasión ilegal por parte de ganaderos continúa impunemente ante la corrupción rampante de las autoridades locales.
Pieles de animales producidas en Santa Elisa (Paraguay). Foto Santi Carneri
¿De dónde viene el cuero de los autos de lujo?
El vínculo entre el cuero utilizado en la industria automovilística y la destrucción ilegal del bosque de los ayoreo fue demostrado en 2021, en una investigación de la ONG Earthsight y llevado en forma de denuncia formal ante la OCDE por la ong inglesa Survival.
En dos informes, Grand Theft Chaco I y Grand Theft Chaco II, Earthsight reveló que casi dos tercios de las pieles exportadas desde Paraguay van a parar a empresas italianas, principalmente a la curtiduría italiana Pasubio, cuyos ingresos anuales de 313 millones de euros dependen en un 90% de la industria del automóvil.
Tras las denuncias, en 2023, Pasubio, una de las empresas líderes de su sector, anunció la decisión de abstenerse de comprar cuero “a proveedores cuyas actividades amenacen directa o indirectamente los bosques habitados por indígenas no contactados del Pueblo Ayoreo en Paraguay”.
Además, la visita a Italia de los Picanerai se produce en un momento especialmente delicado. Antes de que finalice abril, la Comisión Europea revisará el Reglamento de la UE sobre deforestación (EUDR), una normativa que exige un seguimiento exhaustivo de las materias primas vinculadas al riesgo de deforestación a lo largo de toda la cadena de suministro. En este contexto, la industria del cuero italiana ha intensificado sus esfuerzos para lograr que el cuero quede fuera de la lista de productos sujetos a estas exigencias.
“Es una pena lo que está sucediendo, es una distorsión total de la realidad que vivimos acá en Paraguay. Estas ONG se pasan escribiendo artículos como si fuera que ellos conocen el Chaco paraguayo, la forma de trabajo del Paraguay”, declaró Marco Riquelme, ministro de Industria y Comercio en una radio local.
Su Gobierno y la Cámara Paraguaya del Cuero defienden que sí existe un sistema de trazabilidad, aunque reconoce que hace poco tiempo. El lobby ganadero asegura que recientemente lanzaron el sistema RETSA, la red de trazabilidad socioambiental donde los establecimientos ganaderos podrán vincular su establecimiento en el futuro.

Porai Picanerai ofrece una entrevista a los medios de comunicación en Roma, Italia. Foto Survival
“Lo que estamos pidiendo a Italia es que se aseguren de que el cuero que compran de Paraguay no esté vinculado a la deforestación del territorio ayoreo. Actualmente no existe en el país un sistema fiable de trazabilidad por geolocalización de las vacas desde su origen hasta el matadero, ni después hasta los destinos de exportación. Esto quiere decir que actualmente los compradores de cuero y carne de vaca local no pueden estar seguros de si su cuero está libre de deforestación y sufrimiento de los ayoreo”, declaró a América Futura la investigadora de la ONG Survival, Teresa Mayo.
Según Mayo, el pedido de Survival “no es contra el cuero, es contra la deforestación flagrante del Chaco, de los territorios indígenas, de su bosque indígena, del que ellos y sus familiares en aislamiento dependen para sobrevivir”.
Aproximadamente el 2,5% de la población de Paraguay tiene el 85% de la superficie cultivable del país y, en el Chaco, esa desigualdad se hace más explícita. La mayoría de esos latifundistas de Paraguay son funcionarios y militares de la dictadura más larga de América del Sur, la de Alfredo Stroessner (1954-1989), que robaron y se repartieron en esa época entre 8 y 22 millones de hectáreas (tres veces el tamaño de Panamá) que pertenecían a pueblos indígenas, a cooperativas campesinas y a opositores. De aquellos barros, estos lodos. Refrán perfecto para ilustrar el Chaco, sus fuertes lluvias y su falta de infraestructura.
Deforestación en el Chaco paraguayo. Foto Santi Carneri
Entre 2022 y 2025, seis empresas han sido registradas deforestando en territorio ayoreo de Paraguay, según el monitoreo de la organización paraguaya Iniciativa Amotocodie. Un total de 4.948 hectáreas. El tamaño de ciudades como Cambridge o Bilbao.
Todas las superficies fueron invadidas y deforestadas dentro del Patrimonio Natural y Cultural Ayoreo Totobiegosode, uno de los últimos pulmones verdes que le quedan a Paraguay.

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