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  • May 10, 2026 , 11:31am

CRÓNICAS. Origen del Día de la Madre

CRÓNICAS. Origen del Día de la Madre

Por: Lucía P. de García

Toronto.- Sin ninguna duda, la Madre es la máxima representante del amor incondicional. Esta característica han exaltado las civilizaciones que se han sucedido a través del tiempo, cuando leyendas y mitos hablaban de dioses inmortales que controlaban los elementos, los astros, se casaban y formaban sus propias familias. 

Desde hace miles de años los pueblos originarios de América Latina celebraban a la Pachamama, palabra que viene de las lenguas quechua y aimara. Pacha significa mundo, espacio; Mama significa Tierra. 

A nuestra Madre Tierra se la consideraba un ser vivo, el origen de todo, y realmente lo es, basta ver nuestro entorno: la lluvia, los suelos, los animales, los alimentos, las montañas, los mares, las nubes, los ríos, los desiertos, los metales, la propia humanidad que vive de ella, con ella y con todo lo que existe en nuestro planeta. 

Al llegar los primeros españoles a tierras de América del Sur encontraron el culto a la Pachamama, diosa de la fertilidad y la cosecha. Muchos lo adoptaron pese a que la iglesia Católica trató de proscribirlo; sólo consiguió que los ritos se entremezclaran con el catolicismo, en una simbiosis hermosa y de profunda espiritualidad.  

Los pueblos andinos festejan a la Pachamama cada 1 de agosto, cuando la época seca de las cosechas da paso a la época de aguas y la Madre Tierra puede descansar mientras se le agradece con rituales. Similares costumbres tienen los pueblos de México, donde se pide a la Madre Tierra autorización para caminar sobre ella, tomar lo  que nos brinda, todas sus maravillas. Igual sucede con los pueblos de Canadá, ellos consideran a la Madre Tierra su hogar, el que les cobija y proporciona salud, conocimientos; ellos le retribuyen protegiéndola, cuidándola, viviendo en paz. 

La exaltación a la Madre Tierra no se ha dado únicamente en nuestro Continente. Las referencias más antiguas se remontan a Grecia, donde su mitología cuenta historias sobre Gea, diosa Tierra, quien, al casarse con Urano, dios del Cielo, tuvieron 12 hijos e hijas bellos y perfectos. De ellos nació la primera generación de dioses que celebraban a la Madre Tierra y a sus hermanas, todas ya convertidas en Madres.

En Roma, cada 15 de marzo se festejaba a los dioses, entre los cuales se destacaban diez diosas, cada una personificaba una cualidad. La más importante era Juno, quien representaba el matrimonio, la Madre, el parto, la familia en general. Como todas las madres, Juno era valiente, guerrera, amorosa, defensora de sus hijos. Con el cristianismo, las celebraciones se dirigieron hacia María, la Madre de Jesús. 

En tanto se difundía el cristianismo en Europa crecía el festejo a María y con ella la celebración del “Domingo de las Madres”. Era la ocasión para que las familias se juntaran para comer y disfrutar del momento en tanto los niños jugaban. 

El registro oficial del primer Día de la Madre se dio en Virginia, Estados Unidos, luego de la Guerra Civil entre el Norte que abolió la esclavitud y el Sur donde el sistema esclavista sostenía la producción de algodón. Los encuentros fratricidas se dieron entre 1861 y 1865, dejando rencores que separaron las familias. 

Tratando de recuperar la armonía, en 1868 Ann Reeves Jarvis decidió convocar a todas las familias a un “Día de amistad de la Madre”, confiando que nadie podría negarse a celebrar a la persona que le dio la vida y le cuidó con amor. La reunión tuvo gran éxito, la población se reconcilió y desde entonces empezó a repetir cada año el evento que sanó las dolorosas heridas. 

La hija de Ann, Anna Jarvis, en 1908 decidió recordar la obra de su madre oficializando el Día de la Madre. Para ello recogió firmas y las presentó ante el presidente Woodrow Wilson, quien en 1914 acogió el pedido, instituyendo en Estados Unidos la celebración del “Día de la Madre” cada segundo domingo de mayo.  

Aquella primera celebración empezó a multiplicarse en otros lugares del planeta. Algunos adoptaron la misma fecha, otros la escogieron de acuerdo a factores locales. 

Los descendientes de los primeros pueblos que existieron en el mundo y los conocidos como pueblos originarios de las Américas son los que dan al festejo la impronta más notable. Al exaltar a la Madre Tierra, al curarla, cuidarla, defenderla, amarla, salvan a ese ser de vida del cual dependemos todos como humanidad. 

Qué bueno sería que sigamos ese ejemplo en lo que esté a nuestro alcance: las cosas sencillas del quehacer diario; cultivar la solidaridad, la gentileza, la paz.  

Loable sería que los más poderosos dejaran de lado al ídolo llamado dinero; que erradicaran las guerras y curaran los suelos enfermos de la contaminación; que sustituyeran la explotación petrolera por fuentes de energía como el soplo del viento, el movimiento de los mares, la fuerza de las cascadas. Qué valioso sería que abandonaran su arrogancia y actuaran con respeto a las leyes, exaltaran la justicia, procuraran esa paz que garantiza igualdad, progreso, tranquilidad, felicidad. 

Excelente sería que los gobernantes valoren el trabajo incansable de la Madre en el hogar, lo reconozcan como su aporte a la sociedad, le compensen con un merecido sueldo y una pensión jubilar.  

Maravilloso sería que se comprendiera que amar y cuidar a la Madre Tierra es una obligación de gratitud, de ella han nacido miles de generaciones hasta llegar a nuestras propias Madres, dignas herederas de su generosidad y amor incondicional. 

Que el Día de la Madre celebrado ayer domingo en Canadá, otros países de nuestras Américas y del mundo haya sido lleno de alegría y unión. Que todas las Madres hayan sido agasajadas por hijos, nietos, familias. Que las Madres de la generación de hoy continúen portando el estandarte de vida y lo proyecten al futuro como lo que es, el encargo del mismísimo Dios… 

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