El reciclaje no siempre es como lo pintan
El reciclaje no siempre es como lo pintan

Centro de reciclaje en Caracas, en septiembre de 2025. Foto GABY ORAA
- La UNESCO proclamó el 17 de mayo como el Día Mundial del Reciclaje, pero este proceso lo que logra es aplazar que una botella plástica termine degradada. Además, su promoción les da licencia a las empresas para continuar envasando en este material, en lugar de buscar otras alternativas
Recuerdo que desde chica me ha importado mucho intentar hacer cosas para “salvar al planeta”. En ese entonces pensaba que poniendo la basura en su lugar, dentro de una bolsa de plástico, sería suficiente para lograr mi objetivo. Al final me pasaba como a la mayoría de las personas: en cuanto la basura desaparece de nuestra vista, nos dejamos de preocupar por lo que pasa con ella. No pensamos en los tiraderos de basura, muchos clandestinos y mal regulados, donde se rompen toda clase de derechos humanos. Como no lo vemos, no existe.
Con el tiempo encontré que podía hacer todavía más cosas. La basura no solo podía ir en su lugar, sino que podía separarse en distintas clases como cartón, aluminio, vidrio y plástico para ser ‘reciclados’: una palabra mágica que prometía cambiarlo todo. Era la solución al problema de los residuos. Con esto, yo tenía el control de mandar esos desechos a donde fueran realmente útiles. En mi imaginario, mientras desaparecía de mis ojos, todo esto llegaba a una empresa limpia; no como en los tiraderos donde la basura llega mezclada entre lo orgánico e inorgánico. Pensaba que lo que yo había tirado, de alguna manera, tenía el poder de regresar a mí en ese producto que ahora decía “contiene 5 % de plástico reciclado”.
Pero conforme me fui acercando más a los problemas ambientales, me di cuenta de que había una gran diferencia entre las palabras reducir y reciclar; y también una gran diferencia entre los productos reciclables como el cartón, el vidrio y el metal comparados con el plástico. El problema de los residuos va más allá de lo que mi yo pequeña pensaba. El problema de los residuos, especialmente los plásticos, nace desde mucho más arriba: en la producción y el diseño de los productos. Allí es donde podemos realmente cambiar cómo funciona el flujo de estos.
Con el paso del tiempo, el problema de los plásticos ha ido creciendo. En los años 80 en América Latina se consumía un aproximado de 7 kg de plástico por persona al año. Esta cantidad ha aumentado hasta ser en promedio mayor que 30 kg por persona por año y en países como México y Chile, donde llega hasta los 50 kg. De todo este plástico, en la región se recicla un 4%, aunque en algunos países este número puede ser mayor. Quizá, después de leer estos datos, se pueda pensar que lo único que hace falta es mejorar la separación y el acopio para aumentar la cantidad de plástico que se recicla, pero esto no es realmente la solución.
El reciclaje suele venderse como infinito. Que cada botella reciclada se convertirá en otra nueva y así sucesivamente. Pero esto no ocurre así. Los plásticos que se conocen como “más reciclables” son el tereftalato de polietileno (PET) y el polietileno de alta densidad (PEAD). Se sabe que el PET puede ser reciclado entre una y tres veces, y el PEAD entre tres y diez. Esto quiere decir que, después de que pasan por el proceso de reciclado, estos productos terminan degradándose a plásticos de menor calidad que eventualmente ya no pueden ser reciclados o terminan siendo transformados en combustibles “renovables” que se venden como alternativas más ecológicas a los combustibles fósiles.
Este es uno de los datos que me parecen más interesantes, ya que el reciclaje en realidad no va a terminar resolviendo el problema de la contaminación por plásticos; a lo mucho lo podría aplazar hasta que esa botella de PET termine degradada en una bolsa de plástico o en ropa con “poliéster reciclado” que ya no volverá a ser reciclable. Al final de su vida útil, terminará desechada o incinerada. La otra alternativa es que termine “desapareciendo” en el aire al ser quemado en la gasolina “ecológica” de un buque, liberando dioxinas y metales pesados al ambiente en algún lugar del mar donde probablemente no nos demos cuenta del impacto que está generando.
El reciclaje de los plásticos también genera una segunda controversia, que es la sensación de ser la solución para los plásticos producidos. Esto da licencia a las empresas que los hacen para continuar envasando sus productos en empaques, botellas y bolsas de este material, en lugar de buscar otras alternativas para migrar, como el cartón, el papel, el vidrio o, incluso, a envases rellenables o retornables que, aunque puedan ser de plástico, se utilizan múltiples veces antes de terminar su vida útil.
Como médica, la crisis de los plásticos que vivimos actualmente me preocupa no solo desde una perspectiva ambiental, sino también desde una de salud pública. Es un producto que contiene múltiples sustancias que se liberan a lo largo del ciclo de vida, aumentando el riesgo de diferentes enfermedades endocrinas, inflamatorias y cánceres diversos; esto sin mencionar los microplásticos, de los cuales cada vez estamos aprendiendo más sobre cómo afectan nuestra salud y el ambiente.
Pienso que lo que necesitamos es una iniciativa integral, que considere acciones tanto nacionales como internacionales, incluyendo ambiciosas propuestas que se plantean en el tratado global de plásticos. Las iniciativas pasan por que se disminuya la producción de plásticos y por cambios en las políticas públicas nacionales que incentiven migrar a otros materiales, así como por políticas de basura cero que generen un cambio sistémico de consumo. Necesitamos que la reducción en la producción de los plásticos esté en la primera línea de acción, especialmente la reducción de los plásticos de un solo uso y plásticos innecesarios. Debemos cambiar los sistemas de consumo por otros que promuevan la reutilización y reparación en lugar del desecho, y el cambio a materiales más sostenibles, como vidrio, cartón, papel, aluminio, algodón, lino, etc. Para aquellos que no tengan alternativas, hay que generar plásticos reutilizables y reparables para que permanezcan en uso por muchos años antes de llegar al desecho, donde, ojalá, cada vez las tecnologías de reciclaje mejoren, y estos pocos plásticos que lleguen hasta el final de su vida, entonces, sean reciclados.

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