CRÓNICAS. Medicina para el Alma de Niños y Adolescentes
CRÓNICAS. Medicina para el Alma de Niños y Adolescentes
Por: Lucía P. de García
Toronto.- Lo que caracteriza a la niñez es el juego, la camaradería, la curiosidad, la picardía, la travesura, la alegría. Se reconoció la importancia de estos aspectos en 1925, durante la conferencia Mundial para el Bienestar Infantil que se dio en Ginebra, Suiza. En 1955, la Organización de Naciones Unidas declaró el 20 de noviembre como el Día del Niño, aunque dejó que cada país eligiera la fecha según sus tradiciones. Cuatro años después se emitió la Declaración de los Derechos del Niño, y en 1989 se aprobó la Convención sobre los Derechos del Niño.
Desde entonces, UNICEF y otros organismos internacionales lideran y fomentan la participación de gobiernos, entidades y sociedad civil en el resguardo a los derechos, bienestar y protección infantil en todo el mundo.
Pese a las buenas intenciones, la realidad muestra que persisten violencia comunitaria e intrafamiliar; pobreza en todas sus formas; desatención en salud; falta de vivienda, educación; exclusión social; cooptación de la delincuencia a niños y adolescentes ansiosos por superar su situación a cambio de cometer delitos.
Las guerras, cualquiera fuere el motivo que las desata, afecta principalmente a las niñas. Ellas cargan, a más de lo antes citado, el peso de su orfandad y la de sus hermanos; desplazamiento forzado; abuso sexual y otros.
El caso más grave es el de Palestina. En esa tierra arrasada ocupada por Israel, en 2025 organismos de derechos humanos indicaron que 350 niños palestinos menores de 17 años estaban recluidos en cárceles israelitas; 100 de ellos bajo “detención administrativa”, sin cargos ni juicio. UNICEF señala que en estos dos años Israel ha matado a 20.000 niños en Gaza y ha herido a 41.000. Entre mujeres y niñas se cuentan más de 38.000 víctimas. El argumento, defenderse del grupo militar Hamás.
Los niños no entienden de conflictos, el trauma de quedarse sin padres, de toparse con cadáveres en las calles, de escuchar gritos angustiosos, el estruendo de las explosiones y acaso presenciar cosas peores, les abruma. Su sistema nervioso se bloquea y se refugian en el silencio, carecen de la medicina para el alma.
Como si semejante tragedia no fuera suficiente, el Parlamento israelí ha aprobado leyes exclusivas para niños palestinos “terroristas” mayores de 12 años: cadena perpetua y también muerte por ahorcamiento.
Aunque parezca increíble, en nuestro continente tan cruel ejemplo lo sigue El Salvador. El Congreso, con mayoría favorable al presidente Nayib Bukele, el 26 de abril reformó la ley penal juvenil y aprobó la cadena perpetua a mayores de 12 años por delitos de “terrorismo”, violación, asesinato. La ley contravendría los derechos humanos.
Inmediatamente la Oficina del Alto Comisionado de la ONU pidió a El Salvador revisar las reformas porque “son contrarias a los estándares internacionales”. La portavoz de la ONU señaló que imponer tal castigo implica atentar contra los Derechos del Niño. UNICEF advirtió que una detención prolongada es “altamente costosa e ineficaz para prevenir el crimen, además es dañina para los adolescentes”.
Sorprende que Bukele, quien antes criticaba a los que veían con indiferencia cómo se reclutaba niños para convertirlos en delincuentes y obligarlos a matar, y quien pregonaba su inteligente solución: “Hoy nosotros les damos computadoras y laptops…” al momento permite la vigencia de tan brutal ley. ¿Dónde quedaron sus enunciados de lograr la rehabilitación y reintegración a la sociedad por medio de educación, orientación vocacional, charlas espirituales, “0 ocio”… ?
Otro país que discute el castigo juvenil es Ecuador, que festeja el Día del Niño el 1 de junio. A fines de mayo, la Asamblea Nacional, de mayoría incondicional con el presidente Daniel Noboa, inició el debate sobre la Ley Orgánica Reformatoria para la Prevención y Erradicación del Reclutamiento o Utilización de Niños, Niñas y Adolescentes, enviada por él. El larguísimo nombre de la ley quedaría en palabras, ya que no cuenta con presupuesto. Noboa pretende que los municipios se hagan cargo de lo que determina su ley, olvidando que hace poco él mismo recortó las asignaciones económicas que por obligación constitucional reciben los municipios, lo cual les impide que hagan obras e inviertan en lo social.
Lo más preocupante es que dicha Ley incrementaría las penas a los adolescentes “terroristas”, cuando son los adolescentes y los niños quienes deben ser tratados como víctimas y no como victimarios. Ellos son los más afectados por las crisis que sufre el país: salud, educación, vivienda, trabajo, economía y la más grave de todas, la inseguridad vinculada a grupos delictivos y crimen internacional. Estos son los verdaderos factores que desatan la violencia por la cual Ecuador se encuentra en el sexto puesto de la lista de los países más peligrosos del mundo.
La Convención sobre los Derechos del Niño la ratificaron 196 países, excepto Estados Unidos. Ésta determina que “ni la pena capital ni la prisión perpetua sin posibilidad de excarcelación serán impuestas por delitos cometidos por personas menores de 18 años”. La Corte Suprema de Estados Unidos, pese a no haber ratificado la Convención, en 2005 indicó que aplicar la pena de muerte a menores constituye un castigo “cruel e inusual” prohibido por la Octava Enmienda.
Siendo universalizada la norma, urge humanizar el tratamiento de leyes para niños y adolescentes. Se impone salvar esa niñez y adolescencia atormentadas presionando a los gobiernos a cumplir con su obligación de satisfacer sus necesidades básicas; velar que se respeten sus derechos a crecer y vivir en un mundo de tranquilidad y armonía; facilitarles la realización de sus propios sueños. La sociedad debe involucrarse en la tarea más importante y vital: curar el alma de niños y adolescentes con la medicina más efectiva, el amor…

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