Horas cruciales para encontrar supervivientes en los escombros de La Guaira: “Aquí no ha llegado la ayuda”
Horas cruciales para encontrar supervivientes en los escombros de La Guaira: “Aquí no ha llegado la ayuda”

Pobladores de La Guaira hacen búsqueda de personas, en Venezuela 24/7. Foto Daniel Echeverría
- La falta de apoyo y de preparación estatal generan indignación entre familiares y voluntarios volcados en salvar vidas
El viernes, cuando todavía no habían pasado 48 horas del doble terremoto, el peso del desastre comienza a ser normalidad en La Guaira. Los hospitales militares de campaña están instalados. Las filas para comprar comida se multiplican. El tránsito se hace pesado entre camiones y maquinarias que circulan hacia las zonas derrumbadas para empezar a recoger las ruinas; se ve a motorizados que llevan ayuda y funcionarios policiales y militares movilizados a la zona del desastre. Pero este despliegue y las alertas oficiales no logran mitigar el malestar generalizado en La Guaira. La orden de detener los rescates por riesgo de derrumbe agota la paciencia de una población volcada en las ruinas.
La gente está alojada en los estadios y polideportivos. Se instalan galpones para refugiados, mientras hay personas que recogen enseres para irse a otro lugar. La autopista que comunica Caracas con el litoral central es un embotellamiento continuo de vehículos, camiones y motos que se dirigen a la zona cero del desastre, pero para algunas familias ya se hace tarde. El Gobierno de Delcy Rodríguez acerca al millar la cifra de fallecidos por los sismos. El olor de los cuerpos en descomposición ya es parte del paisaje en La Guaira.
En Los Corales, al este del estado costero, tres soldados se turnaban la mañana del viernes la mandarria por horas para romper una losa sin claridad de si eso tenía sentido. La hermana de Jorge Dávila los ha movido de un lugar donde martillaban a otro. “Necesitamos hombres, gente, martillos. ¡Estamos solos!”, pide, mientras rastreaba señas del apartamento donde vacacionaban entre las cosas que quedaron aplastadas.
Hace horas, quizás ya muchas para sostener una esperanza, había escuchado voces y golpes bajo el amasijo de concreto que queda del edificio Costa Brava de Los Corales, al este del estado La Guaira. “Mi hermano puede estar vivo”, dice. Mientras, un vecino pide papel y lápiz para hacer un croquis sobre cómo eran los apartamentos del piso 13, que han quedado volteados al borde de la piscina donde apilan escombros. Con el dibujo intenta explicar a los militares y funcionarios que dirigen a los hombres que martillan por dónde seguir.

El croquis de apartamentos de La Guaira, este viernes. Foto Daniel Echeverría
Al otro lado del mismo piso 13 del edificio, otra familia se desplomaba sobre el cuerpo de una niña cubierto por una sombrilla de la antigua piscina. Tres menores más y dos adultos estaban con ellos cuando la tierra hizo su doble sacudida en Venezuela. Todos murieron. “Las dejé mucho tiempo solas”, se culpa la madre. Verena Hernández es la abuela de uno de ellos. “Cada segundo que pasa es un familiar de uno que se muere allá adentro”, dice la mujer de 54 años que trabaja como camarera en Caracas. “Aquí no ha llegado la ayuda”, se quejan.
Los familiares son los que buscan. Hacen arquitectura y arqueología forense para entender en qué parte del apartamento que ha quedado de cabeza puede estar la cocina donde creen que pudo haber estado alguien. Génesis Arévalo buscaba a su hermana Dinoska. Encontró camisas y pantalones de ella y de su sobrino de 5 años, al que pudieron sacar con vida y se recupera de los golpes en una clínica en Caracas. “Dinoska debe estar por aquí. Este debe ser su cuarto”, dice una tía. “Mira, estos son sus papeles”. La llaman, gritan su nombre entre las grietas y nadie responde. Génesis se ha resignado a encontrarla con vida, pero el resto de la familia no.
Búsqueda contrarreloj
Las horas cruciales de la búsqueda de sobrevivientes se agotan con cada nuevo obstáculo. Las familias que escarban en los escombros han conseguido martillos eléctricos prestados, pero no la planta eléctrica para encenderlos. Hay voluntarios que sacan piedras, pero no tienen fuerza para mover una losa que aplasta a un cuerpo. Lo hacen bajo un sol que achicharra. Hay personal de socorro extranjero en la zona, pero empiezan a faltar traductores para entenderse.

Un vecino trabaja en la remoción de escombros, en La Guaira, este viernes. Foto Daniel Echeverría
Llegan arepas, manzanas y botellas de agua para quienes están sobre los escombros, ropa usada que se arruma sobre la calle frente a los edificios destruidos, pero no llegan suficientes rescatistas. En general, lo que más se ve estos días son funcionarios de los cuerpos de seguridad que el chavismo ha publicitado en estos años en los que ha levantado su fortaleza policial-militar. Algunos, con sus pistolas en la cintura, se han sumado a las cadenetas humanas de rescate de cuerpos. Pero los menos, casi imperceptibles, son los bomberos, y no queda claro si hay una respuesta coordinada para atender el desastre.
Por estos edificios se ha visto desfilar a policías, pero nadie tiene claro cuál es su función. No van con palas ni equipos para mover escombros. Vigilan, están ahí, se ocupan de que no se hagan videos ni fotos cuando los cuerpos están saliendo de entre los escombros. En las residencias Ioli, uno se desaloja a la gente y clausura la búsqueda por el peligro de desplome del edificio. Ahí esperaba Carmen Ruiz encontrar a su hijo de 19 años, que estudiaba cuando ella salió a comprar un helado, fastidiada de estar en casa el feriado del 24 de junio. Encontró a su perrita Brandy sobre los escombros, pero de Cristian no ha tenido señales.

Pobladores de La Guaira en el rescate de personas, este viernes. Foto Daniel Echeverría




La suspensión de la búsqueda que ordenó el policía agotó su esperanza de encontrarlo vivo. Ahora entrará la maquinaria pesada a terminar de demoler el edificio. El malestar por la falta de ayuda institucional es generalizado. En el embotellamiento que hay en la vía que llega a La Guaira se ven rescatistas voluntarios, pero para el nivel de devastación que hay en la zona no son suficientes.
Delcy Rodríguez ha pedido a la gente no bajar a la zona para no obstaculizar el rescate. Pero es la gente la que se ha volcado sola a sacar a sus vivos y muertos, aun sin preparación. “Nosotros no somos expertos. No sabemos si movemos algo y es peor, pero aquí estamos”, dice un joven. Otro, mientras saltaba de un pedazo de pared a otro, tomó una caja de colores entre los restos y escribió en uno de los muros: “Donde el Gobierno falta, el pueblo sobra”.

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