Cirugía para la mansión más famosa de Canadá
Cirugía para la mansión más famosa de Canadá

Exterior de 24 Sussex Drive, la residencia oficial del primer ministro de Canadá, en Ottawa. Foto Paul Couvrette / Alamy Stock Photo (Alamy Stock Photo)
- Mark Carney quiere renovar la residencia oficial de los primeros ministros, deshabitada desde hace 11 años por encontrarse en un estado deplorable
Cuesta trabajo imaginar que la Casa Blanca, el Palacio del Elíseo u otras residencias de los líderes del mundo desarrollado tengan cerradas sus puertas por hallarse en penosas condiciones. Sin embargo, es el caso del hogar oficial de los primeros ministros canadienses. La mansión ubicada en el 24 Sussex Drive se encuentra deshabitada desde hace más de una década por una larga lista de problemas: goteras, instalaciones eléctricas vetustas, calefacción inadecuada, ventanas rotas, manchas de moho.
Tras años de inacción, el Gobierno federal finalmente ha decidido mover ficha. El pasado 26 de junio, Mark Carney anunció que el recinto será sometido a un profundo plan de renovación. El primer ministro dijo que el inmueble “es más que un simple escenario histórico. Es un símbolo del cargo público que ostenta el jefe del Ejecutivo y de la tradición democrática que ese puesto representa”. Habrá una convocatoria, en la que solo podrán participar firmas canadienses, para elegir al proyecto ganador.
La mansión fue construida en 1868 por Joseph Merrill Currier, un empresario que también fue diputado. El Gobierno federal la expropió en 1943 y siete años después comenzó a alojar a los primeros ministros. El inmueble se convirtió durante décadas en un espacio visitado por personalidades de la talla de John F. Kennedy, Isabel II y Mijaíl Gorbachov. Sin embargo, fue perdiendo su glamour conforme fueron apareciendo las heridas del tiempo. Los canadienses no ven generalmente con buenos ojos cuando se destinan altos recursos públicos a proyectos de esta índole. Prueba de ello fue el alud de críticas que recibió el primer ministro Brian Mulroney en los años 80 tras poner en marcha algunas reformas en la mansión.
“La decisión de Carney ha sido acertada. La residencia se encuentra registrada en la lista del patrimonio federal y proteger este patrimonio forma parte de las responsabilidades de un país. Canadá ha tenido varios descuidos, además de carecer de un marco legal sólido en el tema”, afirma Mario Santana Quintero, profesor de Ingeniería en la Universidad Carleton (ubicada en Ottawa) y experto en conservación arquitectónica.
El último premier canadiense que se instaló en el 24 Sussex fue Stephen Harper; lo hizo entre 2006 y 2015. Las malas condiciones del inmueble provocaron que tanto Justin Trudeau como Mark Carney decidieran vivir en una propiedad situada en los jardines de Rideau Hall, la residencia de la gobernadora general de Canadá. Trudeau habitó la mansión durante gran parte de su infancia, cuando su padre ocupaba la jefatura del Gobierno.
Un informe de la Comisión de la Capital Nacional elaborado en 2021 subrayaba que un primer ministro requiere de un domicilio más acorde con sus funciones e investidura y que era necesario hacer cambios para proyectar “una mejor imagen de Canadá como miembro del G-7”. El organismo planteaba tres opciones: demolerla y volverla a construir, edificarla en otro sitio o llevar a cabo una renovación profunda. Esta última posibilidad, de acuerdo al documento, representaría una inyección de 37 millones de dólares canadienses. Considerando la inflación, la cantidad rondaría actualmente los 44 millones (unos 27 millones de euros). En 2018, Justin Trudeau declaró: “Ningún primer ministro quiere gastar un céntimo de los contribuyentes en mantener esa casa”. No obstante, el Gobierno federal ha destinado en años recientes algunos montos para la residencia. Por ejemplo, pagó para retirar toda presencia de amianto y combatir una infestación de ratas.
El total o la mayor parte de los fondos necesarios para el plan, aseguró Carney, se obtendrán por medio de una campaña de donaciones, aunque el primer ministro se negó a barajar una cifra final. Eso sí, dejó en claro que no vivirá en la mansión cuando sea renovada, ya que prefiere que la disfruten sus sucesores. “Desde hace años hay trabajos de renovación importantes y muy costosos en el Parlamento canadiense, y no por ello es un asunto que genere críticas. Es necesario intervenir en la residencia independientemente del dinero que se recaude. Y no solo hay que pensar en la renovación; también en el mantenimiento para que ese escenario tan triste no vuelva a ocurrir”, apunta Santana Quintero.

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