Los enigmas del ‘Mayo’ Zambada
Los enigmas del ‘Mayo’ Zambada

Ismael ‘El Mayo’ Zambada.
- El antiguo líder del cártel de Sinaloa, durante décadas uno de los mayores narcotraficantes del mundo, espera su sentencia a cadena perpetua en Estados Unidos rodeado de incógnitas con repercusión política en México
México solo sabe qué cara tiene hoy Ismael Zambada García, de 76 años, conocido como El Mayo, por las ilustraciones hechas por un dibujante de un tribunal de Estados Unidos en el que compareció hace un año.
El retrato muestra a un hombre arrugado, bigote y barba blancos, mono azul de presidiario, gesto serio. En realidad, hay publicadas escasas fotos de él: un par de cuando fue detenido hace ahora dos años, delgado y con el pelo negro, una borrosa y antigua de una ficha de búsqueda estadounidense y otra con una gorra y bigote. Es el hombre al que la Fiscalía del distrito este de Nueva York considera “uno de los mayores y más poderosos narcotraficantes del mundo, si no el que más”, pero a diferencia del estilo exhibicionista del que fuera su socio, Joaquín El Chapo Guzmán, también encarcelado en Estados Unidos, El Mayo siempre escogió esconderse, ser un enigma.
Durante décadas, dirigió el poderoso cártel de Sinaloa, en el noroeste del país, y organizó la logística necesaria para enviar a Estados Unidos miles de toneladas de cocaína, heroína y, en los últimos años, también fentanilo. Para hacer todo eso, ensangrentó Sinaloa con sicarios que mataban a todo aquel que supusiera un estorbo, y pagó sobornos a las autoridades, desde policías y militares hasta políticos. Esta es la descripción que hace la fiscalía estadounidense de la actividad criminal del Mayo en su propuesta de condena recogida en una carta de ocho páginas enviada al juez Brian M. Cogan, que está previsto que este lunes comunique su sentencia. Él se ha declarado culpable de todos los cargos. Los fiscales solicitan una pena de cadena perpetua y una multa de 15.000 millones de dólares.
Estados Unidos lo tenía en el radar desde principios de los noventa, aunque El Mayo se había iniciado en el narcotráfico mucho antes, a los 16 años, como le cuenta al fallecido periodista mexicano Julio Scherer en la primera entrevista que concedió el narco, una de un puñado en toda su vida, para la revista Proceso en 2010. A la pregunta de cómo fueron sus comienzos en el narco, responde que simplemente pasó: entró “nomás”. Quince años después, el pasado agosto ante el juez de Nueva York, dijo que se inició a los 19 plantando marihuana.

Ismael ‘El Mayo’ Zambada durante su traslado a Estados Unidos.
Entre los fogonazos de él que muestra la conversación con Scherer, trata de retratarse como alguien austero, un hombre de campo que cuenta con apoyo social, siempre preparado para huir, siempre sabiéndose perseguido. “Tengo a mi esposa, cinco mujeres, quince nietos y un bisnieto. Ellas, las seis, están aquí, en los ranchos, hijas del monte, como yo. El monte es mi casa, mi familia, mi protección, mi tierra, el agua que bebo”, dijo.
El relato de la fiscalía narra en paralelo la historia del cártel de Sinaloa, hoy designado organización terrorista por Estados Unidos. Fue “pionero en el uso de nuevas técnicas de distribución [de droga], incluyendo el uso de trenes y túneles a través de la frontera entre México y Estados Unidos”, se alió con los cárteles colombianos para distribuir su cocaína a una “velocidad impresionante” y en un momento llegó a recibir cada noche “15 o 20 vuelos cargados con entre 1.000 y 1.500 kilos de cocaína cada uno”.
Hacia los noventa, El Mayo había formado una alianza con El Chapo para dirigir el cártel de Sinaloa y se enfrentaron a tiros con otros cárteles rivales por controlar las rutas de la droga. Cuando El Chapo fue encarcelado por primera vez, El Mayo se ocupó del negocio, y cuando El Chapo se fugó de la cárcel, El Mayo le ayudó a escapar. También lo hizo en la segunda huida, hasta que en 2016 El Chapo fue apresado y deportado a Estados Unidos, donde está condenado a cadena perpetua y desde donde cultiva el género epistolar con misivas al juez. En ellas se queja de las condiciones de aislamiento de la cárcel de máxima seguridad en la que está en Colorado: “He bebido agua no limpia, no respiro aire limpio, es un aire seco, me duele la garganta, la nariz, me duelen los oídos, me duele la cabeza. Se me ha negado el derecho a respirar aire limpio”, dice en una de ellas, en las que invoca con frecuencia a dios.

Ismael “El Mayo” Zambada es trasladado a Estados Unidos en el Beechcraft King Air 200. Foto FBI
En cierto modo, la historia de El Mayo puede contarse por oposición a la de su antiguo socio. Frente a estas fugas espectaculares de El Chapo de cárceles mexicanas ―de la última salió por un túnel conectado con la ducha―, su afán de ser reconocido como el principal narco del mundo y sus ganas de hablar ―dio una entrevista al actor Sean Penn, quiso una biografía―, El Mayo ha permanecido casi en las sombras. A partir de 2017, cuando se convirtió en el jefe único del cártel y hasta 2024, la fiscalía estadounidense le atribuye “asesinatos sistemáticos de otros miembros del cartel” y de rivales. Contaba con todo un arsenal de armas de estilo militar y un ejército para proteger sus intereses.
Cuando este lunes el juez estadounidense comunique a El Mayo su sentencia, el hombre que logró escapar de la justicia durante décadas pasará el resto de su vida en prisión. Aceptó la cadena perpetua para intentar evitar una cárcel de máxima seguridad como la que confina a El Chapo, y ha pedido ser recluido en una prisión con servicio médico por sus problemas de salud. Tampoco habrá un juicio, y eso mantiene algunas incógnitas que, dos años después de su traslado a Estados Unidos, influyen en la política en México hoy.
La manera en la que llegó a un aeropuerto de Nuevo México, al otro lado de la frontera, es una de ellas. El Mayo aseguró en una carta distribuida por su abogado que había sido engañado y secuestrado por uno de los hijos de El Chapo, que se entregó a las autoridades de Estados Unidos. Él había acudido a una reunión en la que le dijeron que estaría el gobernador de Sinaloa de entonces, Rubén Rocha Moya, y el exalcalde de Culiacán, Héctor Cuén, asesinado ese mismo día.
Ilustración de Ismael Zambada en la corte de Nueva York. Foto Jane Rosenberg (REUTERS)
Rocha Moya, del partido del Gobierno, Morena, dijo que ese 25 de julio de 2024 estaba en Los Ángeles y que no sabía nada de la cita. Hoy está apartado del cargo acusado por Estados Unidos de tener vínculos con el narco. Su caso ha generado una importante fricción con Washington, que solicita su extradición, algo que México le niega a menos que se le proporcionen pruebas de la acusación y estas sean sólidas. El Mayo acabó montado en un avión, después de ser golpeado, rumbo a la cárcel.
El Gobierno de México no estuvo involucrado en la surrealista llegada del capo a Estados Unidos y quiere saber ahora si alguna agencia estadounidense participó en la entrega de El Mayo, algo que violaría su soberanía, en una nueva polémica dentro de la procelosa relación con Washington. En 2024, Ken Salazar, por entonces embajador estadounidense en México, dijo que su país no había tenido nada que ver: “No fue nuestro avión, ni nuestro piloto, ni nuestros agentes en México”. La polémica ha emergido ahora, cuando el Gobierno de México supo que el FBI se atribuye la captura de El Mayo y que ha donado a un museo en Nuevo México el avión en el que el narco cruzó la frontera y fue detenido.
Hay una segunda incógnita que se abre en el escrito de la fiscalía al juez, donde hay párrafos tachados para que no sean públicos en la parte que se refiere a la detención de El Mayo, en la que se menciona la corrupción del cártel a las autoridades mexicanas. “[El Mayo] aumentó los sobornos a la policía, jefes militares y políticos”, se lee en el texto, donde se especifica que el cártel pagó “millones de dólares al año” en mordidas. Lo que no dice es quiénes las recibieron.
La detención de El Mayo desató en Sinaloa una auténtica guerra por el control del cártel entre los sucesores de los antiguos socios, entre Los Chapitos y Los Mayos, en una oleada de violencia con miles de muertos y que obligó al Gobierno mexicano a desplegar en ese Estado a 1.600 soldados en enero para sofocar el estallido y ya son unos 14.000 militares allí. La sentencia que se comunicará este lunes dejará a El Mayo en prisión de por vida. Pero como apunta el coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana, Ernesto López Portillo, esa sentencia “no significa que la relación de simbiosis entre grupos criminales y el Estado vaya a terminar, ni que las redes de macrocriminalidad que involucran al Estado, empresas y organizaciones vayan a desmantelarse”, afirma.
Un avión en el que viajaban Ismael Zambada, en El Paso, Texas, en 2024. Foto Jose Luis Gonzalez (Reuters)
La información que pueden proporcionar los capos detenidos puede ser valiosa para perseguir a otros, “pero la caída del Mayo no es la caída del narco, han caído líderes por décadas”, afirma López Portillo. Por lo pronto, en la carta de la fiscalía estadounidense al juez se mencionan los testimonios obtenidos en los juicios contra El Chapo y contra Genaro García Luna para apoyar la tesis de que “la corrupción en todos los niveles era necesaria para que el cártel funcionara con tanta eficacia y a gran escala”.
Para López Portillo, la sentencia solo da idea de “niveles de impunidad total”: “¿Por qué no hay juicios que desmonten redes criminales en México? El Estado mexicano no ha construido un relato penal, con documentos judiciales sobre las estructuras criminales, donde se compruebe lo que hacen, quién lleva los circuitos de financiación, logísticos, tecnológicos…”, plantea. Y advierte: “En los ochenta había cinco o siete cárteles. Hoy se habla de 500 organizaciones delictivas en el país que operan en el ámbito local, o solo en algunos Estados o con presencia nacional”.
El Mayo parecía comprender bien la lógica reproductiva de su violento negocio. En aquella primera entrevista con Julio Scherer, en 2010, cuando todavía era un prófugo, le dijo algo que terminó siendo profético: “El problema del narco envuelve a millones. ¿Cómo dominarlos? En cuanto a los capos, encerrados, muertos o extraditados, sus reemplazos ya andan por ahí”. Encerrado de por vida con los secretos que pueda conocer por su actividad criminal de décadas, El Mayo sigue envuelto en incógnitas.

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