¿Guerra comercial o no? ¿Se han atrincherado ya Canadá y Estados Unidos?
¿Guerra comercial o no? ¿Se han atrincherado ya Canadá y Estados Unidos?

- Por muy cerca que estuvieran de un acuerdo en su momento, podría pasar un tiempo antes de que vuelvan a esa situación.
Puede que al Representante Comercial de EE. UU., Jamieson Greer, no le guste calificar la situación de “guerra” comercial, pero —llámese como se quiera: ¿diferencia de opinión?, ¿incongruencia?, ¿desavenencia?— el conflicto dura ya más de 19 meses.
En febrero de 2025, Donald Trump, desafiando el acuerdo de libre comercio que él mismo había firmado en 2018, anunció por primera vez aranceles a diversos productos canadienses.
Y ahora parece que podrían pasar varios meses más antes de que las hostilidades e insultos disminuyan, por no hablar de que cesen por completo.
“Creo que lo más probable es que la situación actual se mantenga sin cambios hasta finales de año”, afirmó Wolfgang Alschner, profesor de derecho mercantil y comercial en la Universidad de Ottawa.
“Por las últimas rondas de conversaciones, sabemos que existe un posible punto de encuentro, pero también que las posturas están actualmente demasiado alejadas como para llegar fácilmente a un acuerdo. El *statu quo* es doloroso, pero no tanto como para obligar a ninguna de las partes a cambiar de postura”.
En declaraciones a la prensa el jueves, Mark Carney calificó diplomáticamente la última ronda de aranceles estadounidenses, anunciada a principios de esta semana, como “relativamente modesta”, al menos “en el contexto de otras medidas adoptadas por la administración estadounidense”.
Esto podría sugerir que Carney no ve necesario responder con nuevas medidas contra las importaciones estadounidenses. Es posible que el reciente ciclo de escalada haya alcanzado una especie de equilibrio.
Carney también afirmó que Canadá está “siempre dispuesto a cerrar un acuerdo justo”. Sin embargo, si se aceptan las analogías bélicas, podría decirse que ambas partes parecen haberse atrincherado.
El hecho de que los principales negociadores —Greer por parte de EE. UU., y Dominic LeBlanc y Janice Charette por el gobierno canadiense— hayan evitado en gran medida la confrontación política y actuado con profesionalidad podría mantener abierta la puerta a las negociaciones, según sugiere Meredith Lilly, profesora de política económica internacional en la Universidad de Carleton y exasesora de política exterior y comercio de Stephen Harper.
Lilly también prevé algunos posibles “momentos decisivos” en los próximos meses que podrían reactivar las conversaciones. Si Estados Unidos y México llegaran a un acuerdo sobre sus diferencias, por ejemplo, eso podría ejercer presión sobre Canadá. Los resultados de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos también podrían alterar los cálculos políticos del lado estadounidense. Además, en el horizonte persiste la amenaza de Estados Unidos de imponer nuevos aranceles a automóviles y camiones a partir del 1 de enero de 2027.
También es concebible que Trump intente forzar la situación con una nueva amenaza de aranceles, tal como lo hizo este verano.
Quizás con menos optimismo, cabe señalar lo que ha dicho el premier de Manitoba, Wab Kinew: se ha instruido a las provincias para que se preparen ante un periodo de turbulencia de “más de dos años”.
¿Hay algún ganador en esta disputa?
Es posible que los funcionarios estadounidenses crean que el poder económico de su país les otorga, en última instancia, la ventaja; el secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, ha comparado a Canadá con un perro salchicha ladrador que intenta provocar a un pastor alemán.
Sin embargo, tanto el economista estadounidense Paul Krugman como el experto canadiense en política exterior Roland Paris sostuvieron esta semana que Canadá podría contar con la ventaja motivacional o política, dado que los canadienses están mayoritariamente unidos frente a una amenaza clara y potencialmente existencial.
“Las guerras comerciales ponen a prueba no solo la fortaleza económica, sino también la determinación política”, escribió Paris.
Las encuestas recientes muestran un fuerte respaldo entre los canadienses a adoptar una postura firme frente a Estados Unidos. Asimismo, el Instituto Angus Reid detectó un aumento significativo en el apoyo a los liberales de Carney tras el colapso de las negociaciones comerciales.
Esto podría fortalecer la posición de Carney en la mesa de negociación, pero ¿podría la reacción de la opinión pública canadiense dificultar, a su vez, la consecución de un acuerdo con Estados Unidos?
Antes de que se suspendieran formalmente las negociaciones, según se informa, Charette advirtió a sus homólogos estadounidenses que una ruptura de las conversaciones y la imposición de nuevos aranceles por parte de EE. UU. podrían llevar las discusiones a un punto de no retorno; la reacción pública y política, señaló, no haría más que reducir el margen de maniobra de la parte canadiense.
David Coletto, de Abacus Data, ha planteado un argumento similar, sugiriendo que el sentimiento público podría convertirse en un obstáculo importante para alcanzar un nuevo acuerdo.
“Espero sinceramente que bajen las tensiones en ambos países”, afirmó Lilly. “En particular, el presidente realmente necesita frenar esa campaña tan agresiva que está llevando a cabo en las redes sociales. Eso hace que, para la parte canadiense, participar en el proceso sea políticamente muy difícil, si no imposible”. Lilly comentó que se pregunta si ahora sería más difícil siquiera retomar el acuerdo en el que ambas partes coincidían a grandes rasgos cuando Trump anunció por primera vez, en agosto, que era probable llegar a uno.
Una batalla que pondrá a prueba a Carney y a Canadá
Es posible que los canadienses confíen lo suficiente en Carney como para aceptar su criterio sobre lo que constituye un buen acuerdo —o el mejor acuerdo posible dadas las circunstancias—. Además, los sondeos de opinión sugieren que, en este momento, él cuenta con un amplio capital político al que recurrir.
Sin embargo, ningún nivel de apoyo equivale a un cheque en blanco. Es probable que el gobierno de Carney haya reconocido esto al decidir, esta semana, no seguir adelante con al menos algunas de sus propuestas más polémicas para modificar las leyes de evaluación ambiental.
Para mantener una posición de fuerza, Carney podría hacer algo más en los días y semanas venideros.
Es evidente que el gobierno liberal no atendió los llamados de la oposición conservadora para convocar de nuevo al Parlamento; por otro lado, publicar el texto de cualquier borrador de acuerdo —tal como también exigían los conservadores— podría haber resultado poco práctico o imprudente.
No obstante, también cabe destacar el énfasis que los conservadores han puesto en la transparencia, no solo como una cuestión de rendición de cuentas, sino también para generar confianza. Esto podría ser especialmente importante para Carney si la disputa se prolonga y se endurece, sobre todo tras las críticas recibidas por su gestión del acuerdo para la apertura del puente Gordie Howe.
A mayor escala, el fracaso de las negociaciones comerciales y los acontecimientos de las últimas dos semanas podrían reforzar la tesis de Carney de que se ha producido una «ruptura» y que la «vieja relación» de Canadá con Estados Unidos ha llegado a su fin.
Gran parte de la responsabilidad de responder a esta situación recae en el primer ministro, y aún es demasiado pronto para saber qué rumbo tomará Canadá.
Pero quizá no sea demasiado pronto para preguntarse si este momento ya está dejando huella en la mentalidad de los canadienses.
Según encuestas del Environics Institute, los canadienses mantuvieron una opinión decididamente favorable sobre Estados Unidos durante unos 20 años, desde principios de la década de 1980 hasta principios de la de 2000 —desde la presidencia de Ronald Reagan hasta la elección de George W. Bush—.
La actitud de los canadienses cayó en picada coincidiendo con la invasión estadounidense de Irak, pero se recuperó prácticamente por completo con la elección de Barack Obama como presidente.
Se produjo otra caída notable cuando Trump asumió la presidencia. Sin embargo, a diferencia de la recuperación que se produjo cuando Obama asumió el cargo, la imagen de Estados Unidos en Canadá no se restableció por completo cuando Joe Biden sucedió a Trump, lo que sugiere, tal vez, que se produjo un daño duradero.
De hecho, los segundos cuatro años de mandato de Trump han resultado más polémicos para los canadienses que los primeros cuatro. Por ello, aunque se alcance un acuerdo en los próximos meses, es probable que pase mucho tiempo antes de que se perdone u olvide esta guerra comercial, los insultos y abusos —pues así es como seguramente la recordará la gente a este lado de la frontera—.

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