EE UU y China se enseñan los dientes por la IA: del miedo al apocalipsis a la guerra fría tecnológica
EE UU y China se enseñan los dientes por la IA: del miedo al apocalipsis a la guerra fría tecnológica

El presidente Donald Trump hace un gesto hacia el presidente chino Xi Jinping en la cumbre de Pekín de mayo. Foto Evan Vucci (REUTERS)
- Las dos grandes potencias exhiben su enfrentamiento por el futuro de la inteligencia artificial al estallar el debate sobre cómo regularla para evitar escenarios catastróficos
Toda una generación de estadounidenses quedó marcada por el pavor que sintieron cuando un artefacto soviético sobrevoló por encima de sus cabezas: la sonda Sputnik, el primer satélite artificial del planeta Tierra.
Ese momento Sputnik no solo espoleó a Estados Unidos en la carrera espacial, que acabó con la URSS descarrilando y Neil Armstrong saltando en la Luna. También se convirtió en la gran metáfora de la carrera más vistosa de la Guerra Fría. Ahora, la gigantesca competencia de las dos superpotencias de nuestra era ha cambiado un actor, China por la URSS, pero se sigue disputando en todos los frentes: el comercio, el espacio, el armamento… Y la inteligencia artificial.
La llegada de los modelos más potentes ha revolucionado la economía y ha provocado un gran choque geopolítico por conseguir controlar una tecnología que ya moldea el presente y que va a redefinir el futuro. Y ahora que han empezado a materializarse los mayores temores sobre el peligro de la inteligencia artificial (IA) en el debate público global, las dos potencias han vuelto a chocar. “El que gane la inteligencia artificial será el ganador”, resumió Donald Trump el domingo y el lunes señaló directamente al enemigo: “La única contenta [con la idea de ralentizar la IA] es China”. Desde Pekín se ha respondido con indignación, acusando a EE UU de volver a la retórica de la Guerra Fría. Pocas veces ambas potencias habían exhibido de forma tan descarnada que la regulación de la IA va a definir su rivalidad global. El 24 de septiembre estas tensiones se concentrarán en un único punto del planeta, en los pocos metros cuadrados del Despacho Oval, donde Trump recibirá a su homólogo Xi Jinping.
En este gigantesco conflicto por el poder de la IA hay numerosas batallas decisivas, desde el control de la cadena de suministro de los chips más potentes (que EE UU le niega a China) hasta la masa laboral de ingenieros capaces de desarrollar las mejores herramientas. Pero estos días, la carrera de la IA se ha concentrado en una nueva trinchera: cómo evitar el apocalipsis. Exageradas o no, las palabras de Jacob Coxon, el investigador de Anthropic que dejó su trabajo, han acelerado las cosas. “Quienes están construyendo la IA creen sinceramente que podría matarnos a todos antes de que acabe la década”, publicó Coxon el miércoles y este lunes ya estábamos recogiendo el enfado de China por cómo el discurso catastrofista había desembocado en Pekín. De pronto, el principal argumento contra frenar una tecnología potencialmente peligrosa ya no es el negocio, sino el miedo a que la gane China.

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