Los canadienses acogen con agrado y cautela el acercamiento a la UE: “Algo trascendental está en marcha”
Los canadienses acogen con agrado y cautela el acercamiento a la UE: “Algo trascendental está en marcha”

El centro de la ciudad de Montreal, en agosto
- El 41% de los canadienses considera a EE UU un país enemigo y el 48% afirma tener una opinión muy desfavorable de los estadounidenses, según encuestas recientes
Tras casi dos años de acostarse sobresaltados con noticias de última hora sobre la coacción económica de Donald Trump, insultos y sus amenazas de anexión, los canadienses se desayunaron esta semana con una invitación esperanzadora de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, para que Canadá se convierta en miembro asociado de la Unión Europea. Un estatus aún por definir, pero que abre la puerta a una menor dependencia de Estados Unidos, y que los canadienses han acogido con relativo agrado, cautela y cierto escepticismo.
En Montreal, Bill Ryan, trabajador social de 70 años, comentaba el viernes por la mañana que, en muchos aspectos, y haciéndose eco de las palabras del primer ministro canadiense, Mark Carney, Canadá es el más europeo de los países no europeos. “Nuestros valores suelen coincidir más con los de la UE que con los de EE UU, especialmente ahora que este país se desplaza cada vez más hacia la derecha y estrecha lazos con regímenes autoritarios”, añadió.
Ryan sostiene que “los canadienses están hartos del comportamiento de Trump, y muchos sienten que ni siquiera un cambio de gobierno en EE UU hará que recuperemos el país que conocimos. Algo fundamental ha cambiado al otro lado de nuestra frontera, quizá de forma permanente”. Y no se equivoca: según encuestas recientes, el 41% de los canadienses considera a EE UU un país enemigo y casi la mitad, el 48%, afirma tener una opinión desfavorable de los estadounidenses.
Para Nicolas Nadeau, consultor de empresas de 42 años, que se ríe a carcajadas cuando se le pregunta si los canadienses se sienten europeos, el acercamiento a la UE es más bien una respuesta a Trump, “una forma muy diplomática de posicionarse sobre lo que está pasando con EE UU”, afirma. Nadeau considera que, en términos generales, es una buena noticia, pero advierte de que todavía no se sabe en qué consistirá esta nueva relación, y que todavía es muy pronto para hacer análisis certeros.
Esta falta de claridad es algo que analistas y comentaristas políticos canadienses advierten desde el jueves, algunos haciendo hincapié en los posibles riesgos. Otros, como el columnista Andrew Coyne, hablan de una semana histórica para el país: “Ya veremos. Aún es pronto. Pero algo trascendental está en marcha. Mientras el viejo orden mundial se resquebraja, uno nuevo se está formando. Y Canadá está en el centro de todo”, escribía en su columna del viernes en The Globe and Mail.
Aunque solo mencionó a grandes rasgos áreas de cooperación, Carney fue muy claro en su aplaudido discurso del jueves ante el Parlamento Europeo sobre otros asuntos: la movilidad juvenil, el intercambio académico y hasta un programa concreto al que Canadá quiere sumarse, Erasmus+. La posibilidad de que sus hijos estudien en Europa es lo que más ilusiona a Stephanie Orford, de 44 años, redactora de contenidos de marketing y madre de dos niños de 6 y 8 años, y lo primero que menciona cuando se le pregunta por la nueva alianza. Insiste en la urgencia de que salga adelante y se dice “aliviada” de que Canadá se acerque a Europa.
Desde la oposición, tanto el Partido Conservador como el Nuevo Partido Democrático (NDP), formación federal de izquierdas, destacaron en sus primeras reacciones a la propuesta de Von der Leyen del miércoles la necesidad de que cualquier nueva relación con la UE se debata primero en el Parlamento canadiense.
“Es inaceptable que los canadienses se estén enterando del interés de Mark Carney por una nueva relación con Europa a través de la cobertura mediática de su visita al Parlamento Europeo, en vez de mediante un discurso ante la Cámara de los Comunes”, afirmó el miércoles el secretario de prensa del NDP Sam Hersh.
A los conservadores les preocupa especialmente que la nueva relación conlleve la adopción de la normativa europea y una pérdida de control sobre las fronteras y la inmigración. “Los conservadores lo tenemos claro: sí al libre comercio y a la cooperación en defensa con Europa dentro de la OTAN. No a que se impongan a los canadienses los impuestos, las leyes ni la radical política migratoria de fronteras abiertas de la UE”, declaró en X el líder conservador, Pierre Poilievre, tras el discurso de Carney.
La inmigración también genera dudas a Verónica Pérez, de 45 años, diseñadora gráfica nacida en Montreal, hija de inmigrantes español y peruana: “Habrá una mayor libertad de movimiento entre trabajadores, pero ¿será para todos o solo para algunos sectores, como defensa o inteligencia artificial? ¿Las normas migratorias serán distintas para los europeos y para el resto del mundo? ¿Los canadienses estarán de acuerdo? Porque, con los debates de inmigración… podría significar aún más inmigración”, plantea Pérez, que se muestra cauta ante los anuncios de la semana.
Desde Toronto, el defensor de derechos humanos Matthew Redding, de 36 años, votante del NDP y muy crítico con las políticas de Carney, dice que aunque apoya la idea de que se diversifiquen los vínculos de Canadá para depender menos de EE UU, no debe ser a cualquier coste. “El discurso de Carney ante el Parlamento Europeo indicaba que esta maniobra podría servir para reforzar algunas de las orientaciones más preocupantes de su Gobierno, centradas en desarrollar más proyectos de combustibles fósiles, armamento e IA, en lugar de trazar un camino hacia un futuro más sostenible, democrático y respetuoso con los derechos humanos”.
Pese a las críticas y a las dudas razonables, según una encuesta de septiembre, el 81% de los canadienses apoya una mayor integración con la UE en ámbitos como el comercio, el trabajo, los viajes, el intercambio académico y la cooperación en materia de seguridad, siempre y cuando Canadá permanezca fuera del bloque. Y ante la pregunta de si Canadá tiene más en común con las naciones europeas o con Estados Unidos, un 56% se inclina por las primeras, mientras que un 16% se siente más cercano a los estadounidenses.
Quedan muchos cabos por atar, pero el apoyo al acercamiento a la UE y a que Carney lidere el proceso es amplio. En la rueda de prensa que ofreció el jueves tras su discurso ante el pleno de la Eurocámara en Estrasburgo, el primer ministro anticipó una serie de debates en el Parlamento canadiense y, al final, una votación. Más detalles sobre esta alianza, y sobre su posible condición de miembro asociado, se esperan de la cumbre UE-Canadá que se celebrará en Montreal los días 29 y 30 de octubre.

Comments (0)