CRÓNICAS: Inteligencia Artificial Superinteligente
CRÓNICAS: Inteligencia Artificial Superinteligente
Por: Lucía P. de García
Toronto.- Imposible ignorar la alerta que el 8 de septiembre lanzó al mundo el británico de 27 años de edad Jacob Coxon: “hay un 10% de probabilidad que la Inteligencia Artificial aniquile a la humanidad en esta década”. Tras renunciar a Anthropic y cuestionar a OpenAI, empresas donde había trabajado los últimos tres años, dijo: “juegan con nuestras vidas al competir por desarrollar una superinteligencia sin aplicar suficientes medidas de seguridad”.
Días antes de su anuncio Coxon había sido invitado a conversar con el senador demócrata Bernie Sanders, quien pretendía exigir al gobierno estadounidense que controle las empresas de IA, pero Coxon se negó, generando suspicacias.
Tras su alerta pidió a los líderes internacionales de la tecnología, Elon Musk, Sam Altman y Darío Amodei, frenar el desarrollo de IA, más aún luego de “varios incidentes preocupantes”. Se refería a 1.000 “agentes de IA” que se comunicaron entre sí para escapar de su “celda”, llegando a infiltrar a Hugging Face. En otro caso, “agentes de IA” atacaron objetivos sin que se les ordenara. Se dice que es posible que Donald Trump utilizara IA para su primer ataque a Irán, cuando en vez de lanzar un misil sobre un recinto militar iraní éste cayó sobre una escuela, matando e hiriendo a decenas de alumnos. Se investiga si IA se equivocó o actuó en forma intencional.
El mismo día, la directora de la revista The Economist entrevistó a Elon Musk. Éste explicó que en pocos años IA alcanzará una potencia mayor a 8.000 seres humanos juntos; las personas viviremos bajo un Estado Universal, donde no habrá necesidad de dinero ni de trabajar, las máquinas controlarán todo. Aunque poco difundida, aquella posible realidad asusta ¿Será que los seres humanos no podremos construir nuestro propio destino? ¿Acaso moriremos de aburrimiento o nuestra mente vivirá en extravío?
El científico Geoffrey Hinton, ganador del Premio Nobel de Física 2024 y considerado “padrino de IA” por sus más de diez años de haber trabajado en su desarrollo, en una entrevista con la BBC de Londres expresó “horror” por lo que pudiera suceder con estos sistemas que se autoperfeccionan “Nunca hemos creado algo más inteligente que nosotros, no sabemos que podría hacer al actuar por su cuenta”.
Expertos en IA indican que su “sabiduría” proviene de lo que aprende de cada “clase” que le imparte una persona. Por ejemplo, si le muestra la imagen de un ave, IA investiga y pronto conoce que vuela por los aires o de qué se alimenta, con esa base entiende qué es el aire, qué es un alimento; es decir, por sí sola multiplica su saber. Si éste le permite conocer qué es una bomba atómica o cómo se activa, en segundos puede acabar con nuestro planeta, ya se habla de robots y drones autónomos.
Si bien IA facilita el acceso rápido a determinada información y con ella hace más expedito el trabajo humano, está provocando desempleo. No sólo sustituye a una persona por una máquina, en cierta empresa se vio que al encargarle analizar la hoja de vida del personal, el “chatbot”, software que al conversar con una persona automatiza preguntas y respuestas, prefirió a quienes se declaraban “blancos”.
Los cambios generados por IA, nanotecnología, biotecnología, pueden ayudar a encontrar la cura de enfermedades, pero también pueden modificar la inteligencia o la personalidad y hacer que las personas actúen bajo órdenes absurdas o riesgosas.
IA también ha sido preparada para difundir noticias falsas. Así se ha asesinado reputaciones, ubicado y perseguido a políticos, alterado resultados electorales.
Filósofos como Francis Fukuyuka señalan que las intervenciones de IA podrían erosionar las democracias al dar ventajas biológicas a determinados individuos o grupos, perpetuando desigualdades o alterando equilibrio y justicia social.
Estudiantes de secundaria y universidad utilizan IA en desmedro de lo que aprenden, su trabajo evidencia mediocridad, falta de comprensión. Lo demostró el último examen internacional PISA. Estados Unidos y América Latina retrocedieron en matemáticas y lectura comprensiva. Ya no se expresa ideas propias, ni hay análisis o reflexión; a este paso puede cumplirse la máxima “órgano que no trabaja, se muere”.
Se teme que se genere un “transhumanismo” o una “humanofobia” que altere los procesos corporales. Se habla de la muerte como un futuro donde no se necesite cuerpo, sino que la mente viva para siempre en una nube como la del internet.
Previa la reunión de la Asamblea General de la ONU, el Secretario General, Antonio Guterres, calificó a IA como descontrolada, cuando urge resolver la crisis climática, la desigualdad social. Propuso crear un mecanismo internacional para intercambiar información y fijar salvaguardas entre los países con altas capacidades tecnológicas. Expertos indican que China va adelante, enfocada en robots que hagan el trabajo pesado en hogares, fábricas, industria. Estados Unidos espera superarla, enfocado en crear un cerebro superinteligente que someta, este proyecto lo apoya Trump.
Mientras los máximos líderes de IA conversan sobre bajar su veloz avance, la fortuna de Musk alcanza las USD 13 cifras; y la tecnología de IA, que necesita metales especiales y agua para existir ¡se bebe el agua que precisa todo ser vivo del planeta!
¿Hay solución al “espectáculo de las miserias del mundo” como calificó Emmanuel Macron a lo que sucede hoy? Sí. La frase dicha ante el Papa León XIV durante su estadía en Francia la semana anterior, la dulcificó “a medida que avanza la tecnología su visita es una esperanza”, y tras urgir supervisión internacional a quienes la lideran señaló “IA debe ser servidor, no amo”. En su encíclica Magnifica Humanitas el Pontífice ya urgió “desarmar IA para impedir su dominio sobre una humanidad sometida a máquinas”, esta vez lo ratificó y pidió a Macron trabajar por la paz.
Ahora, a todos nos toca calmar esa angustia existencial llenándonos de espiritualidad, sentimientos nobles, trabajo que dignifica. Con armonía, hermandad, paz. Con defensa, cuidado y amor a Nuestra Madre Tierra, de su vida depende la nuestra…

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