Juicio latino al trumpismo
Juicio latino al trumpismo

- Las elecciones de medio mandato en EE UU son la ocasión para condenar en las urnas el racismo institucional de la Casa Blanca
Estados Unidos ya lleva una semana votando y los primeros datos del sufragio anticipado para las legislativas del 3 de noviembre transmiten que los estadounidenses tienen ganas de decir algo en las urnas sobre la situación de su país.
Aún no sabemos exactamente qué es. Hasta el viernes, ya habían participado más de 23 millones de personas, un aumento generalizado respecto a 2022. En Texas, donde está en juego un escaño del Senado que supondría un vuelco político sensacional si cayera en manos demócratas, las dos principales áreas metropolitanas, Dallas y Houston, registraron un récord de votos en el primer día hábil, el pasado lunes. El 30% de los electores de Texas son hispanos. Las encuestas generales indican más movilización entre los demócratas.
El llamado “voto latino” es una especie de Santo Grial de la política norteamericana. Nadie sabe definirlo bien, pero todo el mundo está de acuerdo en tener en cuenta su poder e influencia electoral. Esa convicción, que se sostiene sobre la base empírica de su peso demográfico, actúa como un campo magnético que moldea las campañas en busca de su movilización.
La necesidad de apelar a los latinos viene de antiguo en California, Texas o Florida, donde se habla español desde antes de que existiera Estados Unidos. Pero ha escalado al ámbito nacional en este siglo, cuando los hijos y nietos de las oleadas masivas de inmigración latinoamericana, nacidos y educados en EE UU, empezaron a tener edad para votar. Hoy, un millón y medio de latinos (o hispanos, en terminología del Censo) cumple la mayoría de edad cada año. Más de 39 millones de potenciales votantes se identifican como miembros de este grupo.
La irrupción de Donald Trump hace diez años rompió muchas de las convenciones alrededor de las preferencias políticas de los latinos, cuyo apoyo los demócratas habían dado por sentado durante años. Votaron masivamente contra él en 2016, cuando empezó su carrera política insultando a los mexicanos. Y aun así ganó la presidencia. Pero en esta última década el discurso antiinmigración, antiabortista, furiosamente anticomunista y antidemocrático ha captado a nuevos votantes hispanos, al tiempo que los demócratas han desencantado a una parte de su electorado. En las elecciones presidenciales de 2024, Trump ganó más del 40% de este bloque electoral, un récord para un republicano en tiempos modernos. La clave: hablarles de inflación. Porque el presidente entendió algo fundamental, y es que hablar de votante latino es hablar de votante estadounidense en su conjunto.
Pero dos años después, esa inflación sigue ahí. El aumento del coste de la vida va a peor, como la crisis inmobiliaria de las grandes ciudades. Trump no es solución a nada, sino caos y corrupción. Y en el caso de los latinos, la mayor movilización a favor de los demócratas que detectan las encuestas tampoco puede separarse de algo que singulariza a esta Casa Blanca: el racismo desacomplejado que va más allá del color de la piel y desprecia el mero hecho cultural de hablar español o tener un apellido hispano.
Todos pueden ver cómo convierten en un espectáculo de crueldad las detenciones arbitrarias y deportaciones de vecinos, familiares, trabajadores, perseguidos por la calle solo por el color de su piel. No se señala al indocumentado: se señala específicamente al latino, desde el venezolano de Florida hasta el salvadoreño de Los Ángeles, desde el michoacano de Chicago hasta el tamaulipeco de Houston. Y, más allá de la economía, ese desprecio racista a un 20% de la población de EE UU, que ronda el 40% en algunos de los Estados y distritos más disputados, es también lo que juzgarán los latinos en estas elecciones de medio mandato.

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