De la Espriella se presenta como abanderado contra la corrupción
De la Espriella se presenta como abanderado contra la corrupción

Abelardo de la Espriella en conferencia de prensa el 26 de agosto de 2026. Foto Juan Diego Cano (Presidencia de Colombia)
- Expulsiones inmediatas de funcionarios por señalamientos, choques con mandatarios locales o anuncios de nuevos proyectos suman para un presidente que tiene una mayor apuesta en otros asuntos
Abelardo de la Espriella lleva dos meses y medio como un presidente de Colombia que protagoniza a diario videos que difunden sus redes sociales, centraliza las comunicaciones del Ejecutivo y realiza sus viajes permanentes por Colombia.
Todo ello refuerza la idea de que es un hombre de acción. Una acción que ha estado especialmente enfocada en asuntos de seguridad, pero que en los últimos días se ha ido volcando también a un asunto que ha afectado a todos los gobiernos recientes, que es la mayor preocupación del país y en la que su propuesta no fue tan fuerte. Se trata de la corrupción. “A quienes todavía creen que el Estado es para enriquecerse: se les acabó la fiesta”, escribió el 4 de octubre en una carta abierta a los funcionarios públicos.
En un país que sufre por falta de encuestas, la medición revelada la semana pasada por AtlasIntel muestra que la principal preocupación de los colombianos es esa, la corrupción. Así lo dijo un 57,8%, por encima del 45,4% que citó la inseguridad, y el 33,1% de la pobreza, desempleo y falta de oportunidades. El dato, además, es un aumento del 50,5% de preocupación por la corrupción en la medición previa, en agosto.
Esa preocupación social, que afectó al anterior gobierno, el de Gustavo Petro, por escándalos como el de la UNGRD, no tuvo un papel preponderante en los primeros días del gobierno de De la Espriella, más allá de la publicación del “libro de la verdad”, un compendio de señalamientos a la administración anterior. Pero el terremoto, la apuesta por dar un giro en la política de seguridad o la difícil situación fiscal ocuparon los principales espacios. Eso ha venido cambiando a medida que el Gobierno avanza en su curso. “Sin duda, Abelardo de la Espriella se ha apersonado del tema”, resume Andrés Hernández, director de la organización Transparencia por Colombia y experto en el área.
El punto más claro y más tajante al respecto ha sido la destitución fulminante del director de Bomberos designado por el ministro del Interior, Rodrigo Lara. El 3 de octubre, De la Espriella anunció la destitución inmediata del capitán Germán Miranda Montenegro, después de que se conocieran unos audios en los que presuntamente buscaba intermediar en un proceso de la Fiscalía. Llevaba tan solo 26 días en el cargo. “La simple sospecha de una actuación irregular será suficiente para exigir la salida de cualquier funcionario del Gobierno”, escribió entonces el presidente.
Esa señal, el retiro repentino, es uno de los actos con los que De la Espriella muestra que es un hombre de acción. Lo ha hecho en otros asuntos que van desde la salida del presidente de Colpensiones, Carlos René Montoya, tres días después de posesionarse y tras una floja intervención en el Senado hasta la del director del DANE, Ricardo Valencia, por la forma en que presentó las cifras de desempleo. En este caso, la señal era clara: era un problema de corrupción.
Por eso mismo, por señalamientos de corrupción, cuestionó de forma pública, un día antes del caso de Bomberos, al alcalde de Sincelejo, Yahir Acuña. En un encuentro público, el presidente le dijo que no confiaría dineros de la nación en él: “Esta plata, señor alcalde, la voy a cuidar y para cuidarla tengo que tenerla alejada de su control”, le espetó en un consejo de seguridad en Sucre, en un video que luego difundió la Presidencia.
La semana pasada hizo algo similar, de manera calculada, en su visita a San Andrés Islas. Con un micrófono preparado, y cuando su equipo grababa un video sobre su llegada al departamento, cuestionó a la gobernadora, Girley Ordóñez Bowie, y a la representante a la Cámara Elizabeth Jay-Pang Díaz. “Estoy enterado de los negocios de su marido, estoy enterado de lo que pasa en Coralina [la corporación ambiental del archipiélago] (…) y no lo voy a permitir”, dijo. “No confundan la cortesía institucional con la complicidad, porque no es mi caso”, reiteró, en medio de un choque por la reciente intervención del hospital departamental.
Atado a eso, De la Espriella suma la designación de la exmagistrada de la Corte Suprema Cristina Lombana en la Secretaría de Transparencia, una oficina de la Presidencia sin funciones judiciales, pero que puede ayudar a investigar y a poner en el debate público casos determinados de corrupción. Lombana, conocida por tomar decisiones favorables a la derecha y desfavorables a la izquierda en su calidad de magistrada de la Sala de Instrucción de la Sala Penal, de la que salió con grandes distancias frente al resto de sus colegas, ha empezado a aparecer en algunos videos de Presidencia. Puede parecer menor, pero son espacios privilegiados en la comunicación de un gobierno con una detallada y muy centralizada agenda de presencia en redes sociales y medios. En uno de ellos, publicado el 18 de octubre, pidió que la Procuraduría, la Contraloría y la Fiscalía asuman desde Bogotá las investigaciones por corrupción en San Andrés. Fue un llamado que no quedó en el aire: este miércoles el procurador Gregorio Eljach anunció el envío de una comisión de expertos.
Más allá de esa seguidilla de hechos notorios, no es claro aún el derrotero del Gobierno en materia de corrupción. De un lado, frente a gobernantes aliados o cercanos, o respecto de funcionarios de su gobierno con otras denuncias, no ha actuado como lo hizo en Sincelejo y San Andrés. Por ejemplo, su ministro de Vivienda, el exalcalde de Bucaramanga Jaime Andrés Beltrán enfrenta un proceso penal por la desaparición de por lo menos 60 toneladas de desechos de alumbrado público cuando dirigía la quinta ciudad del país. Edgardo Rodríguez Herrera, custodio de la chatarra, declaró antes de su fallecimiento en mayo de 2026 que la mano derecha del entonces alcalde dio la orden de sacar el material de la bodega en la que estaba custodiada, momento en el que se le perdió la pista. En otro caso, su aliado Alejandro Char, alcalde de Barranquilla, fue acusado de compra de votos por la excongresista Aída Merlano, su antigua aliada política. El hermano del mandatario, Arturo, está en juicio por ese mismo proceso. En los dos casos, el presidente mantiene sus relaciones sin señalamientos.
De otro lado, el Gobierno apenas ha mostrado los primeros elementos de una política anticorrupción, señala Hernández. “Por ahora no identificamos suficientes acciones de fondo más allá de los discursos y anuncios. Hay señales prometedoras; por ejemplo, en el diseño del Fondo Milagro incluyeron medidas interesantes que aún están pendientes de implementación”, explica. “Será necesario ver qué hoja de ruta aterriza la Secretaría de Transparencia bajo Cristina Lombana. El presidente le pidió avanzar en el Bloque de Búsqueda de corruptos, pero el Ejecutivo solo tiene competencias en prevención y detección, queda en la justicia la investigación y la sanción. Por último, luego del “Libro de la Verdad” está pendiente que muestren cómo este gobierno cambia las prácticas que criticó del pasado. De manera más ambiciosa, ojalá puedan renovar la estrategia nacional de lucha contra la corrupción que dejó el Gobierno Petro que se quedó muy corta en el diseño y opacada por los escándalos”, señala.
Mientras se responden esas dudas, los otros problemas sociales, económicos o de seguridad siguen presentes. La corrupción es un problema de hondas raíces y grandes dimensiones, y difícil de resolver. Sin embargo, para Hernández, el giro reciente es halagüeño. “Es bueno que el presidente se apersone del tema para mostrar liderazgo; además, le genera visibilidad en un tema que sigue apareciendo como el principal problema de preocupación del país. El desafío es materializar los cambios que ha anunciado”, concluye.

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