Flávio Bolsonaro aterriza en Miami tras huir de Brasil vía Argentina
Flávio Bolsonaro aterriza en Miami tras huir de Brasil vía Argentina

Bolsonaro desciende de un avión tras llegar al Aeropuerto Ejecutivo de Opa-locka, cerca de Miami, Florida, EE. UU., el 28 de octubre de 2026. Vídeo: Reuters
- El Departamento de Estado de EE UU anunció el martes que proporcionaría visados al senador y a su familia
El avión en el que viajaba Flávio Bolsonaro junto a su familia ha aterrizado en Miami, Florida, este miércoles por la mañana. El senador brasileño ha llegado a las 9.20 al aeropuerto ejecutivo de Opa-locka, al norte de Miami, tras huir de Brasil menos de dos días después de perder las elecciones frente a Luiz Inácio Lula da Silva.
Bolsonaro llegó a Florida después de prometer que se quedaría en Brasil para liderar la oposición a Lula. Por el camino incumplió una orden del Supremo brasileño que le obligaba a entregar sus pasaportes. La Administración de Donald Trump confirmó el martes que emitiría visados para él, su mujer y sus dos hijas.
El martes fue una jornada de versiones confusas e interesadas en la que nadie sabía dónde estaba. Por la mañana, Migraciones de Argentina negó que hubiera entrado en el país, y era cierto: todavía no lo había hecho. Bolsonaro cruzó la frontera a las 22.50 de ese día, con su mujer y sus dos hijas, por el Puente Internacional Tancredo Neves, que une Foz do Iguaçu con Puerto Iguazú. Lo confirmó el propio organismo argentino en un comunicado difundido a las dos de la madrugada.
Apenas 40 minutos después del cruce, la familia ya estaba a bordo de un Gulfstream G400 de la empresa Baires Fly, que esperaba en el aeropuerto de Puerto Iguazú desde el lunes. El juez Alexandre de Moraes, considerado el archienemigo del clan Bolsonaro, había ordenado cancelar sus pasaportes brasileños y entregar también el italiano, que obtuvo en 2023. Según el manifiesto del vuelo, Bolsonaro cruzó con el documento europeo, mientras su mujer y sus hijas usaron pasaportes brasileños. El avión despegó pasada la medianoche rumbo a Guayaquil. Allí aterrizó de madrugada, repostó y volvió a despegar media hora después, según el diario El Universo.
Flávio Bolsonaro está investigado en el Supremo por presunto lavado de dinero y evasión de divisas junto a su amigo Willer Tomaz, un abogado con negocios en las casas de apuestas. La Policía Federal sospecha que el senador es su socio oculto. Según Folha de S.Paulo, Bolsonaro llegó a tener acceso como administrador a una cuenta bancaria de una empresa de Tomaz registrada en Madeira, y ambos comparten direcciones, viajes y socios. Los dos niegan cualquier irregularidad.
Las escalas de Bolsonaro no son casualidad. La Argentina de Javier Milei es el gran aliado de la familia Bolsonaro en la región y todavía no ha reconocido la victoria de Lula. “No va a haber comunicado”, zanjó su Gobierno. En julio, en el acto de lanzamiento de la candidatura de Flávio Bolsonaro en São Paulo, Milei llamó a Lula “presidiario” y “ladrón”, y Brasil llamó a consultas a su embajador en Buenos Aires. El Ecuador de Daniel Noboa es, a su vez, uno de los socios más estrechos de Trump —y, en consecuencia, de los Bolsonaro— en la región. Ni la presidencia argentina ni Baires Fly respondieron de inmediato a las solicitudes de comentarios.
Bolsonaro huye de su país después de una derrota que, tanto él como sus seguidores, consideraban improbable. Tras imponerse a Lula en la primera vuelta del 4 de octubre, el presidente se reeligió el domingo con el 51,79% de los votos, frente al 48,21% de Flávio. Fue una remontada inédita en la historia democrática de Brasil.
Flávio no reconoció la derrota, pero unas horas después aseguró que nunca había pensado salir del país y que dirigiría la oposición contra la izquierda. Su mandato en el Senado termina a final de año y, después de 24 años en la política, no ocupará un cargo público. Sin escaño, además, pierde el aforamiento.
La ayuda de Estados Unidos
Está por ver qué hará Flávio Bolsonaro en Estados Unidos, pero el camino ya está abierto. El país se ha convertido en la retaguardia de la familia. Su padre, Jair, voló a Orlando dos días antes de entregar el poder, en diciembre de 2022, y allí pasó tres meses mientras sus seguidores asaltaban las sedes de los tres poderes en Brasilia. Su hermano Eduardo vive en Texas desde comienzos de 2025 y desde allí maniobró para que Trump castigara a Brasil con aranceles y sanciones contra Moraes. El Supremo brasileño acabó condenándolo por ello a cuatro años y dos meses de cárcel. Con Trump, el respaldo es explícito: su Gobierno nombró un asesor para Brasil afín a la familia y ahora abre las puertas al hijo que debía heredar el bolsonarismo.
El pasado lunes, menos de 24 horas después de las elecciones brasileñas, Trump cuestionó los resultados de las mismas en comentarios a la prensa. “Parecía otra elección amañada, francamente. No tomé partido, pero fue una imagen terrible para el mundo. Las elecciones tienen que ser indiscutibles, y a mí me pareció muy mala”, dijo el mandatario republicano, que a su vez enfrenta en menos de una semana elecciones que definirán el futuro de su mandato y sobre las cuales ya también ha plantado dudas.
“Las elecciones deben ser indiscutibles y, a mi parecer, el panorama fue muy negativo”, agregó Trump. “Pareció algo sumamente corrupto. Algo terrible”.
La ayuda que el Gobierno estadounidense ha prestado a la familia Bolsonaro previsiblemente agravará las tensiones entre la Administración Trump y el presidente Lula, quien ha acusado a Trump de interferir en los asuntos internos de su país.
En Miami, algunos partidarios de Bolsonaro han empezado a reaccionar a su llegada. Paulo Ferreira, un brasileño de 65 años que vive en EE UU hace 41, dice que le preocupa “la situación de Flávio Bolsonaro, Jair Bolsonaro y otros políticos brasileños que denuncian persecución política”. “Toda investigación debe respetar el debido proceso y nadie debe ser castigado por sus ideas políticas”, opina. Que “Bolsonaro solicite asilo político en Estados Unidos si considera que su libertad o sus derechos están amenazados es una decisión que respeto y respaldo”, agrega.
Ferreira dice que votó en las dos vueltas de las elecciones presidenciales y se siente “profundamente frustrado”. “Tengo la sensación de que mi voto fue robado descaradamente, aunque sé que esa percepción no demuestra que haya existido fraude”, señala.
Otro que apoya a Flávio Bolsonaro es Carlos Manna, de 64, que nació en EE UU pero se crió en Brasil. Dice que es de derecha y le gustó mucho el mandato de Jair Bolsonaro: “La política de libertad, la defensa de la familia, la fe en Dios, sin importar la religión, y el combate a la violencia, que disminuyó mucho durante su gobierno”. “Son varios factores que considero más positivos que los de este que está ahí acabando con el país”, afirma sobre Lula.

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