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  • November 04, 2026 , 08:35am

Demócratas logran el control total del Congreso en un duro y merecido castigo a Trump

Demócratas logran el control total del Congreso en un duro y merecido castigo a Trump

 

  • El Partido Demócrata se hace con el Senado y la Cámara de Representantes tras vencer en bastiones republicanos como Texas, Kansas, Iowa y Carolina del Sur | El demócrata Abdul El-Sayed gana las elecciones al Senado en Míchigan y se convierte en el primer musulmán en la Cámara alta | Trump admite la derrota y dice que aceptará los resultados

 

Vuelco político en Estados Unidos. Los demócratas han arrasado en las elecciones de medio mandato en una noche fatídica para Donald Trump.

El partido azul ha recuperado el control del Senado y de la Cámara de Representantes después de imponerse en bastiones republicanos donde las encuestas ni siquiera les daban posibilidades. Uno de los triunfos de la noche es el de Texas, donde Gina Hinojosa se convierte en la primera gobernadora hispana tras derrotar al todopoderoso Greg Abbott.

Los demócratas han logrado también su escaño en el Senado en ese Estado con el triunfo de James Talarico. En Míchigan, el demócrata Abdul El-Sayed ha ganado las elecciones al Senado y se ha convertido en el primer musulmán en la Cámara alta. Los republicanos han mantenido el escaño en el Senado por Florida, con el triunfo de Ashley Moody, y Byron Donalds será el primer gobernador negro de ese Estado, que se consolida como principal enclave conservador. “Estoy un poco sorprendido. Pensé que lo haríamos mejor”, ha comentado Trump. Tras admitir la derrota, ha dicho que aceptará los resultados.

 

Algunas reacciones internacionales al varapalo a Trump en las urnas: entre la cautela y la celebración

Pocas veces unas elecciones de mitad de mandato han despertado tanto interés fuera de Estados Unidos como las celebradas este martes. La política exterior de la segunda legislatura de Donald Trump como presidente ha roto consensos —como el del aislamiento de Rusia por su invasión de Ucrania—, desatado guerras como la de Irán y resquebrajado alianzas tradicionales de Washington, especialmente la que lo unía a la Unión Europea o a Estados vecinos como Canadá.

Las reacciones que han empezado a conocerse este miércoles tras el varapalo electoral sufrido por el mandatario y su partido republicano van de la celebración abierta del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y los socialistas europeos a la cautela de China.

“Ayer, la sociedad estadounidense votó contra las políticas que solo empobrecen. Contra el odio. Contra el machismo. Contra el negacionismo climático y contra los privilegios de las élites”, ha escrito Pedro Sánchez en la red social X. “Ocurrió en Brasil [con el triunfo de Lula]. Acaba de ocurrir en EE UU. Y ocurrirá pronto en España”, ha augurado el presidente español, antes de concluir: “La ola ultra a la que pretenden subirse Feijóo y Abascal ya no crece: se desmorona”.

También el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ha destacado el resultado “claro, contundente, sin paliativos” de los demócratas en las elecciones estadounidenses de medio mandato. “Estamos ante una victoria de dimensiones históricas, casi le diría espectacular, que ni siquiera los propios sondeos podían detectar”, ha afirmado Albares en una comparecencia previa a la reunión de cancilleres de la XXX Cumbre Iberoamericana en Madrid. También ha subrayado —vinculándolo con la Cumbre Iberoamericana que arranca este miércoles— la gran presencia de candidatos hispanos en los comicios de EE UU.

La CDU del canciller alemán Merz: un “castigo” a Trump

El Gobierno alemán no se ha pronunciado aún oficialmente sobre las elecciones en Estados Unidos. Sí lo ha hecho Norbert Röttgen, jefe de política exterior del grupo parlamentario del partido del canciller Merz, la CDU, que ha celebrado el resultado de las midterm como un castigo a Donald Trump.

“Los votantes han decidido claramente hacia una dirección. No se han dejado comprar por las inversiones masivas en la campaña como las de Elon Musk. Ha habido una sentencia clara de la ciudadanía americana por la democracia y eso es muy positivo”, ha señalado el dirigente democristiano en una entrevista en la radio Deutschlandfunk.

El nuevo dominio demócrata en el Senado y en el Congreso es “un cambio de dirección positivo y una oportunidad” para Alemania y para la Unión Europea, ha dicho también Röttgen.

Al igual que Alemania, Francia tampoco ha difundido aún ningún comentario oficial sobre las elecciones en Estados Unidos, aunque uno de los miembros de su Gobierno, el ministro de Hacienda francés, Roland Lescure, ha moderado el optimismo suscitado por la victoria demócrata. Lescure ha asegurado a la televisión francesa BFM que el presidente Trump sigue al mando de la política exterior, por lo que esta continúa siendo “impredecible”.

Castigo a Trump, victoria de la democracia

Los estadounidenses se revuelven contra el caos de la Casa Blanca con una marea demócrata en las elecciones legislativas

La principal lección de la derrota rotunda de los republicanos y Donald Trump en las elecciones legislativas de este martes, para Estados Unidos y el resto del mundo, es que la democracia vive en el país que acaba de celebrar los 250 años de su fundación.

No es una lección menor, y ni siquiera era seguro que sucediese dada la aversión de Trump hacia la separación de poderes y su sistemática impugnación del legítimo proceso electoral. De norte a sur en este país continental, y de este a oeste, los votantes han expresado el hartazgo por una economía golpeada por la inflación y las aventuras bélicas. Y al emitir este voto han rechazado también la agenda autoritaria que puso en marcha hace dos años, cuando conquistó la Presidencia por segunda vez, y que ha tensionado hasta extremos insólitos las costuras democráticas. A Trump le quedan dos años en la Casa Blanca. Pero ahora con el enorme poder del Congreso en contra.

El daño tardará en repararse y es muy posible que el trumpismo como ideología y estilo destructivo de hacer política sobreviva a su artífice. Trump conserva el poder suficiente para continuar sembrando el caos y la división. Pero a partir de ahora tendrá las manos atadas por un Congreso adverso, y eso será un impedimento serio para alguien que no conoce ni acepta límites a sus instintos.

Los republicanos han perdido tanto la Cámara de Representantes como el Senado, algo que parecía difícil hace solo unos meses. Los demócratas han conquistado incluso bastiones inexpugnables desde hacía décadas del partido del presidente como es Texas, símbolo máximo de una ola azul —el color de esta formación— que dejará una marca en este país y que recuerda al castigo en las urnas que los republicanos recibieron tras el escándalo Watergate.

Los constituyentes de la democracia norteamericana tenían razón cuando previeron un sistema que impidiese que el presidente se convirtiera en un rey que hacía y deshacía a su antojo, como los del Antiguo Régimen europeo. Pese a los temores más que razonables, hoy este sistema, al producir un resultado que limitará el poder del líder de la superpotencia, ha vuelto a funcionar.

El resultado, por las dimensiones de la victoria demócrata y la claridad con la que los estadounidenses se han pronunciado, complica a Trump cualquier tentación que pueda albergar para impugnar la legalidad del voto o revivir la intentona de 2021, cuando sus fieles asaltaron el Capitolio tras perder en las presidenciales frente a Joe Biden. No hay espacio alguno de discusión en este resultado en el que, de Texas a Ohio, de Maine a Carolina del Sur, los ciudadanos no han dejado el más mínimo resquicio de duda sobre su voluntad de castigar al Partido Republicano del presidente. Ya ha asumido la derrota públicamente y se ha desvinculado de sus causas. La nueva correlación de fuerzas en Washington no admite ambigüedades de ningún tipo.

Hay algo natural en la victoria del partido de la oposición en unas midterms, que históricamente han servido para corregir las mayorías después de unas elecciones presidenciales y repartir el poder entre ambos partidos. El sistema está pensado para que esto pase. Pero estas no eran unas elecciones como las otras. Desde enero de 2025, cuando regresó al poder tras el interregno de cuatro años de Biden, Trump había sumido EE UU en la excepcionalidad. No eran solo sus excesos retóricos y sus extravagancias y arbitrariedades en la forma de gobernar, aunque estas se han exacerbado con los años y con la edad.

Lo grave y alarmante era el constante empeño en erosionar la división de poderes y las libertades y la cruel obstinación a la hora de perseguir a las minorías con políticas racistas y xenófobas. Estos años se han visto imágenes, como las de los agentes ICE acosando a cualquier persona con aspecto latinoamericano, indignas de una gran democracia. Se ha exhibido sin disimulo, y a veces incluso con jactancia, la corrupción del clan presidencial. Los estadounidenses han visto además cómo Trump les metía en aventuras bélicas absurdas e insensatas que, como ha ocurrido en el caso de Irán, ha tenido efectos instantáneos en el bolsillo de los ciudadanos y explica en buena parte la amplitud del resultado electoral.

Nada de esto terminará de la noche a la mañana. Lo que empieza ahora es una laboriosa tarea de reconstrucción. Trump puede atrincherarse o aprender a negociar. Tendrá que asumir en todo caso que estará fiscalizado como nunca lo ha estado en la Casa Blanca y que puede enfrentarse, como en su primer mandato, a un impeachment o proceso de destitución. El presidente es desde este momento mismo un pato cojo, con un margen de acción muy reducido en casa, pero todavía más o menos intacto en la política exterior. Y esto no reduce su capacidad para ofender a sus aliados y dañar sus intereses, prolongar guerras sin sentido o adular a dirigentes autócratas. Al contrario. Para los europeos y el resto de democracias es un alivio el resultado de las midterms, pero harían bien en no confiarse. Es el principio del fin de Trump, pero no es el fin del trumpismo.

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