El Niño provoca un muerto y más 2.000 afectados en Galápagos
El Niño provoca un muerto y más 2.000 afectados en Galápagos

Afectaciones en la isla Santa Cruz, Galápagos, tras la declaración de emergencia por las lluvias de El Niño. Foto EFE
- La emergencia deja imágenes devastadoras en Santa Cruz, una de las islas ecuatorianas, y moviliza a cientos de vecinos en la ayuda tras la catástrofe
Los rayos comenzaron a iluminar el cielo en el puerto el viernes en la noche. Eran destellos intensos que se encendían y apagaban, pero los truenos no se escuchaban. La lluvia, que había comenzado por la tarde en las tierras altas de la isla Santa Cruz, se intensificaba.
En Santa Cruz, una isla de 15.000 habitantes a 1.000 km de Ecuador continental, conviven dos ecosistemas muy distintos. El puerto corresponde a la zona costera: un ambiente árido y salino, dominado por manglares. Y la parte alta, cubierta por un exuberante bosque nublado de vegetación densa. Ambos territorios se encuentran en una encañada por donde desemboca el agua.
La madrugada del 1 de noviembre, tras 10 horas de lluvias fuertes, este punto se convirtió en una enorme cascada. El agua descendió con fuerza hacia las zonas habitadas y desencadenó un aluvión que provocó, un fallecido y más de 2.000 personas afectadas, según la Alcaldesa de Santa Cruz, Fanny Uribe. Esta es una de las consecuencias del fenómeno de El Niño, que ha afectado de manera desigual todo el continente.
Freddy López, comandante del Cuerpo de Bomberos de Santa Cruz, calcula que el agua alcanzó hasta los tres metros de altura en el barrio de La Cascada y la Unión. “Los rescates se hicieron a través de kayaks, zodiacs y se logró poner a la mayoría de personas a buen recaudo”, explica el coronel.
A medianoche, muchos habitantes todavía dormían. No hubo alarmas que les advirtieran de lo que estaba ocurriendo. En medio de la oscuridad, los bomberos, la Cruz Roja y jóvenes de la comunidad comenzaron a golpear las puertas de las viviendas para despertar a sus moradores y ayudarlos a salir. Virna Rosas, moradora del barrio La Unión, fue una de las personas a las que lograron avisar. “Como a la una de la mañana me tocó salir de mi casa, después de escuchar unos golpes en mi puerta. Un chico cargó a mi nieta, otro a mi perro, y yo pude salir. Todas mis cosas se quedaron bajo el agua”, cuenta.
La emergencia obligó a muchas personas a abandonar sus casas nadando. Algunas familias amarraban a los niños, adultos mayores y mascotas con sogas para evitar que el agua se los llevara. La mayoría de los damnificados se dirigió al Coliseo de Puerto Ayora, que abrió sus puertas para ofrecer un techo donde resguardarse del agua.

Zona afectada por la inundación este sábado, en la Isla Santa Cruz en Galápagos, Ecuador. Foto EFE
A pesar de que las cifras oficiales de afectados rondan los 2.000, la Fundación Un Cambio por la Vida ha identificado en territorio, al menos a 500 personas que no están incluidas en ese registro y que se alojan en casas de familiares.
A la mañana del 31 de octubre, un día después de la catástrofe, el puerto amaneció bajo el agua. El sol salió por unas horas y el área turística comenzó a recuperar su ritmo. A primera vista, algunos restaurantes parecían haber retomado sus actividades, pero sus cocinas se habían convertido en espacios comunitarios desde donde se preparaban alimentos para las personas damnificadas.
Una de las cocinas que ha brindado ayuda es la Fundación Pesquera La Torreja, que ha entregado tres comidas al día a unas 1.200 personas afectadas. Cristina Zambrano, presidenta de la fundación, vive en La Cascada, llamado así por su cercanía con el punto de desembocadura y uno de los sectores más afectados. “Aunque no nos pasó nada porque estamos en el segundo piso, nos activamos porque nuestros vecinos y vecinas necesitan ayuda”, explica.
La cocina funciona gracias a una red de colaboración entre los habitantes de la isla, quienes se han organizado en un grupo de WhatsApp. Estos se han convertido en espacios de coordinación claves: para limpiar viviendas y convocar reuniones o mingas para trasladar objetos grandes fuera de las casas afectadas.
A través de las redes sociales, líderes juveniles han puesto sus cuentas bancarias al servicio de la emergencia y, desde el Ecuador continental, decenas de personas se han sumado con sus donaciones. El apoyo comunitario también se extiende a la fauna urbana, con iniciativas para atender a los perros y gatos que se han extraviado o lastimado durante estos días de emergencia. Pese a la emergencia, desde el ministerio de Ambiente y Energía aseguraron que hasta ahora no se ha reportado la muerte de tortugas gigantes ni de aves silvestres por las lluvias.
La distancia geográfica y las restricciones de bioseguridad para proteger el ecosistema único de Galápagos también dificultan el envío de donaciones. Frente a estas limitaciones, las transferencias de dinero a familiares o líderes juveniles se han convertido en una alternativa ágil para adquirir, en pocas horas y sin demoras burocráticas, proteínas, víveres, productos de higiene y medicinas de uso diario.
Las autoridades locales y nacionales han realizado recorridos por las zonas afectadas para identificar necesidades y coordinar acciones. Entre las medidas anunciadas están la reparación de la carretera que conecta el aeropuerto con la isla y el retiro de escombros con maquinaria. Sin embargo, hasta el cierre de esta nota, el presidente no se había pronunciado públicamente sobre la emergencia.
La alcaldesa de Santa Cruz, Fanny Uribe, anunció que está en conversaciones con el Gobierno para activar bonos de vivienda para las familias que perdieron sus casas y que buscan concretar otras acciones a medio plazo. Uribe también aseguró que se coordina la próxima entrega de 1.000 kits con alimentos básicos y que se estudiará la posibilidad de reubicar el barrio La Cascada. Aunque aún no han definido a dónde.
La mayoría de las personas afectadas regresó a sus casas para limpiar y recuperar sus pertenencias. Al recorrer La Cascada, se observan calles estrechas, de apenas tres metros de ancho, con muy poco espacio de desagüe.
Grimelda Fuente, moradora del barrio, cuenta que, pese al susto y a la pérdida de algunas de sus pertenencias, ha regresado a su casa y permanece atenta para evacuar si se declara una nueva alerta.
Las lluvias torrenciales pone en jaque la agricultura
Las consecuencias de las intensas lluvias también podrían extenderse más allá de las viviendas. En la parte alta, la comunidad de agricultores enfrenta los efectos de las precipitaciones. La cantidad de agua acumulada podría afectar los cultivos a mediano plazo. La producción agrícola de Santa Cruz es fundamental para la seguridad alimentaria de la isla, pues 90% de lo que se cultiva se usa para el autoconsumo, según la Asociación de Agricultores de Santa Rosa.
El 29 de septiembre, la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos (SNGR) declaró la alerta roja en todo Ecuador por el fenómeno de El Niño. Esta decisión corresponde al nivel máximo dentro del sistema de alertas y responde a evidencia técnica que confirma que el fenómeno está en curso, con condiciones oceánicas y atmosféricas que podrían intensificarse durante los próximos meses. Se espera que el peor coletazo llegue en diciembre.
Carmen Ramón, agricultora orgánica de Santa Rosa, uno de los sectores afectados en la parte alta de la isla, señala que la emergencia era previsible. “Hace algunos meses sabíamos que esto iba a ocurrir y no se limpiaron las quebradas. Mi finca está afectada, los cultivos se los llevó el agua y pedimos asistencia, tanto con maquinaria para la limpieza de las encañadas, como para la construcción de invernaderos que nos permitan asegurar la producción de alimentos para los habitantes de la isla”.

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