Bolivia quiere superar el “impasse” con España y mandará un representante a Madrid
Bolivia quiere superar el “impasse” con España y mandará un representante a Madrid

Agentes de policía vigilan la entrada al lugar del incidente diplomático.
La decisión se da tras las críticas de la Unión Europea a la expulsión de dos diplomáticos españoles
La Delegación de la Unión Europea en Bolivia sugirió, en un comunicado del 31 de diciembre, que el Gobierno boliviano había sobreactuado al expulsar a dos diplomáticos españoles del país por el incidente en la residencia de la embajadora mexicana en La Paz, sucedido cuatro días antes. En respuesta, la Cancillería boliviana afirmó que “Bolivia desea superar este impasse a la brevedad posible y mantener estrechas relaciones con el Reino de España, en el marco del tradicional respeto y la amistad que siempre las han caracterizado” y anunció que acreditará en Madrid a un “alto representante diplomático”. El ministro boliviano de Gobierno, Arturo Murillo, aprovechó las últimas horas de trabajo del año pasado para reunirse con embajadores de Alemania, Francia, Dinamarca y la Unión Europea (UE), a quienes les explicó, tal como ellos habían pedido, la versión boliviana sobre lo sucedido el viernes 27 de diciembre.
El comunicado de la Delegación de la UE señalaba que “la expulsión de funcionarios diplomáticos es una medida extrema e inamistosa que debe reservarse a situaciones de extrema gravedad” y expresaba el “firme deseo de que esta situación se supere con celeridad y que las excelentes relaciones de Bolivia con todos los Estados Miembros se reestablezca”.
La respuesta boliviana fue conciliadora tras una seguidilla de duras declaracionesde la Cancillería y de miembros del oficialismo en contra de los dos diplomáticos españoles expulsados: la encargada de Negocios, Cristina Borreguero, y el cónsul en La Paz, Álvaro Fernández, así como de sus escoltas, que fueron sospechados, en algunos casos, y directamente acusados, en otros, de haber organizado un “operativo” para sacar al ex ministro de la Presidencia y hombre fuerte del anterior Gobierno Juan Ramón Quintana de la residencia de la embajadora mexicana en La Paz, María Teresa Mercado, quien también fue expulsada del país.
El Ministerio de Exteriores español “negó rotundamente” que sus funcionarios hubieran hecho otra cosa que una “visita de cortesía” a Mercado y, posteriormente, advirtió que insistir en cualquier “teoría conspiratoria” sería “calumnioso”. Además, devolvió la medida boliviana expulsando a tres diplomáticos de esta nacionalidad de España.
El viernes 27 de diciembre, Borreguero y Fernández visitaron a la embajadora Mercado en la casa donde se hallan refugiados nueve ex altos cargos del Movimiento al Socialismo (MAS), entre ellos Quintana. Este y otros tres asilados son acusados de graves cargos por el actual Gobierno boliviano, que no les dará salvoconductos para que salgan del país. Mientras la visita de los diplomáticos españoles a la embajadora mexicana transcurría, los vecinos de la urbanización en la que se halla la residencia mexicana encararon a los escoltas que esperaban junto a los automóviles.
Como la mayor parte de los habitantes de esta zona de La Paz, el grupo de vecinos era fuertemente contrario al expresidente Evo Morales y temieron que los coches diplomáticos sirvieran para evacuar a los excolaboradores de este. Los guardaespaldas, que eran miembros del Grupo Especial de Operaciones, una sección de élite de la policía española, evitaron ser fotografiados cubriéndose los rostros y abandonaron el lugar. Los vecinos subieron a la red unos vídeos sobre lo sucedido, afirmando que los españoles estaban “encapuchados”, iban armados y que, por tanto, se había abortado un intento de rescate. De inmediato, el Gobierno boliviano dio pábulo a esta versión y anunció que emitiría una protesta internacional; de allí en adelante, una serie de políticos locales exigió sanciones contra el “intervencionismo español”, en una escalada que remató en la expulsión de los diplomáticos.
Desde su exilio en Buenos Aires, Evo Morales condenó la decisión de la presidenta interina, Jeanine Áñez, que consideró orientada a “romper las relaciones de Bolivia con Gobiernos progresistas e izquierdistas del mundo”. Dentro de Bolivia, el MAS es el único grupo político que se ha manifestado en contra de la forma de enfrentar el incidente por parte del nuevo Gobierno, llegado al poder tras la salida de Morales forzado por el Ejército.

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