CRÓNICAS: Nostalgias que dejó el Euro
CRÓNICAS: Nostalgias que dejó el Euro
Por: Lucía P. de García
Toronto.- Cuando el euro llegó el 1 de enero de 1999 no sólo trajo incertidumbre, también nostalgia para 291 millones de personas que habitaban en los 11 países que por entonces conformaban la Unión Europea, todos comprometidos en que resulte exitoso un gran experimento: la conjunción monetaria continental.
Fue el Imperio Romano el que tuvo la idea de unificar las monedas de los pueblos que había conquistado, pero todo se desvaneció con su caída. Quien recuperó tal anhelo fue Winston Churchill, militar, estadista, escritor y por dos ocasiones Primer Ministro del Reino Unido. El destacado británico lo analizó durante la Segunda Guerra Mundial; lo planteó en tiempos de paz, 1946, al convocar la creación de los Estados Unidos de Europa; lo concretó en 1957 dándole como nombre Comunidad Económica Europea.
El proceso se dio por etapas. Inició el mismo año con la firma del Tratado de Roma por parte de Italia, Francia, Luxemburgo, Países Bajos, Bélgica y la República Federal de Alemania. Más tarde se adhirieron Irlanda, Austria, España, Finlandia, Portugal.
En 1979 se creó el Sistema Monetario Europeo. Los requerimientos de integración fueron muy exigentes: la inflación nacional no debía exceder del 1,7%. El tope del déficit no podía pasar del 3%. El interés a largo plazo no podía superar el 5%. El Producto Interno Bruto (PIV) debía fluctuar alrededor del 75%. Debía existir estabilidad monetaria y una deuda externa bajo control. Sólo Francia, Finlandia y Luxemburgo cumplían los requisitos desde el inicio, los demás tuvieron que arreglar sus economías antes de alcanzar la meta.
En 1992, el Tratado de Maastrich estableció la constitución de normas para todos los Estados miembros, los 11 firmantes al momento y los futuros. Determinó el nacimiento del Banco Central Europeo (BCE) con sede en Alemania, y dictó los parámetros económicos y políticos a los que debían sujetarse las naciones participantes. Franceses y alemanes escogieron a los primeros funcionarios del Banco. Tras los acuerdos de Amsterdam se oficializó la vigencia del euro en la llamada Zona Euro 11.
La unidad monetaria no fue acogida por Noruega, Suecia, Reino Unido y Grecia. Los tres primeros por razones de soberanía; Grecia se autoexcluyó al no mostrar interés.
El nombre de euro lo propuso el Consejo Europeo de Madrid en 1995. Su símbolo está inspirado en la letra griega épsilon, primera de la palabra Europa, y le atraviesan dos líneas paralelas que significan estabilidad.
El euro vino al mundo en forma oficial el 1 de enero de 1999, en pleno festejo por el año Nuevo, rodeado de alegría, disfraces, música. También desatando incógnitas e incertidumbres en la propia Europa. Incluso provocando reacciones como la de un individuo en Ámsterdam, quien en plena reunión por el lanzamiento del euro se acercó al Ministro de Finanzas de Holanda y le estampó un “pastelazo” en pleno rostro.
Si bien el euro pasó a ser la moneda de 300 millones de europeos, no circuló los primeros tres años, sólo se lo utilizaba para contabilidad y pagos electrónicos. El entusiasmo por su uso fue creciendo cuando la unión monetaria empezó a mostrar sus méritos: mayores oportunidades de empleo, mejor calidad de vida, convergencia real en los precios de la renta, seguridad efectiva frente a los vaivenes económicos internacionales.
Ante esas ventajas Grecia cambió de parecer y tras cumplir los condicionamientos de Maastrich plegó a la unión monetaria, aunque tuvo que hacer varios sacrificios, tan duros como los efectuados años antes por Italia y España; más, valió la pena.
En tanto los pueblos despedían con nostalgia la lira italiana, el franco francés, el franco de Luxemburgo, el florín holandés, el franco belga, el marco alemán, la libra irlandesa, el chelín austríaco, la peseta española, el marco finlandés, el escudo portugués, la circulación real del euro se produjo el 1 de enero 2002, cuando los tradicionales billetes y monedas fueron reemplazados por los nuevos euros. Cada denominación de los siete nuevos billetes tenía el mismo diseño. Las monedas poseían un mismo dibujo en una cara y en la otra el diseño propio de cada país.
Aquel primer día el euro ostentó un valor equivalente a USD 1,10. En Estados Unidos se comentó: “lo que beneficia a Europa es también positivo para nosotros”. Tres días después, en Canadá el euro se cotizó en USD 1,80, lo que desató temor sobre el alza de precio de los productos importados de Europa, encareciendo la vida.
Hoy el euro circula en la Unión Europea (UE), sus territorios, islas, departamentos asociados. También en los microestados de Mónaco, Andorra, San Marino y Ciudad del Vaticano. Igual en Montenegro y Kosovo, que tienen un acuerdo formal con la UE.
En este milenio han adoptado el euro Eslovenia, Malta, Eslovaquia, Letonia, Lituania, Chipre, Estonia, Croacia y Bulgaria. Éste lo hizo recién, al abandonar el lev el 1 de enero 2026, en tanto sus 6,3 millones de habitantes experimentaban la misma nostalgia que sintieron sus predecesores. Así se completó la membresía de los 21 Estados de la eurozona, 358 millones de ciudadanos aglutinados en un mismo marco de progreso y paz.
Acorde a los nuevos tiempos y tecnologías, en 2020 el BCE puso en marcha el proyecto de un euro digital. En 2025 avanzó la preparación técnica, con la confianza de que la legislación se emita en el actual 2026. Si todo va bien, el proyecto podrá iniciar el próximo año, y la primera emisión del euro digital podría emitirse en 2029.
Al momento, el euro circula en todo el planeta según el precio de cambio local. Es una moneda fuerte, la segunda de reserva y la segunda más utilizada en transacciones internacionales, después del dólar estadounidense.

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