Epstein, arma de desinformación y la hipocresía
Epstein, arma de desinformación y la hipocresía

Documento desclasificado del ‘caso Epstein’ donde se ve una ficha de la detención en 2019. Foto Jon Elswick (AP)
- La publicación de nuevos documentos del depredador sexual constata la influencia de su red y la descarada hipocresía de Trump
La publicación por el Gobierno de Estados Unidos de más de tres millones de nuevos documentos, incluyendo 2.000 vídeos y 180.000 imágenes, del archivo de Jeffrey Epstein pone de manifiesto la hipocresía de la Administración de Donald Trump por la forma y el tiempo en que está sacando esta documentación a la luz pública.
También levanta la sospecha fundada de que la amplitud e influencia del círculo de cómplices del depredador sexual contribuyeron a que su primera condena en 2008 fuera muy leve y, de esta manera, sus aberrantes delitos se prolongasen con absoluta impunidad hasta julio de 2019.
Por último, y no menos importante, hace necesario un ejercicio colectivo de clara diferenciación entre lo que son meras relaciones casuales, relaciones peligrosas, comportamientos reprochables y posibles delitos entre el amplio listado de personas de toda condición que figuran en la documentación hecha pública.
En primer lugar, conviene prestar atención a cómo está manejando Trump, a su conveniencia, los tiempos de la publicación de los documentos porque va mucho más allá de una mala gestión. El mandatario y su círculo han mantenido una actitud totalmente errática y generadora de desinformación respecto al escándalo.
Primero, alentaron la teoría conspirativa de que el depredador sexual no se suicidó en agosto de 2019 en una cárcel de Manhattan, sino que fue eliminado por poderosas personalidades (pertenecientes principalmente a sectores progresistas estadounidenses) que temían caer con él si se conocía la verdad.
Sin embargo, cuando el nombre de Trump apareció vinculado al de Epstein —incluyendo mensajes cuando menos ambiguos sobre la naturaleza de su cercana amistad—, el trumpismo aseguró que no había nada que ver y se decidió no publicar los documentos. Ante lo que suponía un claro ejercicio de ocultamiento de información, el Congreso forzó a la Administración a hacer públicos todos los documentos para diciembre pasado. Aun así, Trump y su gentuza, están cumpliendo tarde y por goteo, lo que, esperan, genere una pérdida de interés de la opinión pública al tiempo que opaca la discusión ciudadana sobre graves acontecimientos, como la situación en Minneapolis generada por las medidas antinmigración de la Casa Blanca.
Más allá de las dinámicas presidenciales y del escándalo que pueda generar la estrecha relación de este traficante sexual y violador de menores con personalidades de todo el mundo, lo que viene a confirmar la última desclasificación es cómo funcionan determinados círculos de poder cuando escapan al escrutinio público.
Es decir, cómo un execrable personaje sobre el que ya pesaba una condena firme por obligar a prostituirse a una menor seguía atrayendo la atención de todo tipo de personalidades influyentes y seguía siendo calurosamente agasajado en círculos totalmente restringidos para la inmensa mayoría de la población. Solo tras su detención en 2019 y que se fueran conociendo las atrocidades que cometía —y que ayudaba a otros a cometer—, se multiplicaron las declaraciones de quienes aseguraban haberse alejado de Epstein tras esa primera condena. Las pruebas demuestran la falsedad de muchas de estas afirmaciones.
El Departamento de Justicia da por cerrado el caso, pero no está claro cuál puede ser el siguiente paso en las revelaciones de los crímenes de quien un magistrado definió como “el depredador sexual más peligroso de la historia de Estados Unidos”.
En cualquier caso, resultará fundamental un ejercicio de transparencia de quienes tienen la obligación de entregar la información y de objetividad y correcta interpretación por parte de quienes la reciben y difunden.

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