Pionero en un kibutz, espía británico, veterano de guerra y diseñador: las vidas del centenario chileno-alemán Rudi Haymann
Pionero en un kibutz, espía británico, veterano de guerra y diseñador: las vidas del centenario chileno-alemán Rudi Haymann

Rudi Haymann, en su casa en Santiago, Chile, el 6 de febrero. Foto SOFIA YANJARI
- Con 104 años ha sido testigo de la historia. Siendo un adolescente judío, huyó de los nazis y luego los combatió en África del Norte y en Italia. En Chile se afincó y formó su familia. En enero, el canal History 2 estrenó un documental sobre su vida
Es un sobreviviente, por sobre todo. Pero también un protagonista y testigo de su tiempo.
Rudolf Rudi Haymann tiene 104 años y en su hoja de ruta aparece que era un joven judío alemán de 17 años cuando huyó del nazismo y vivió en un kibutz en el territorio que luego sería Israel. También figura que luchó como soldado británico contra las tropas alemanas de Rommel en el norte de Africa y que participó en la liberación de Roma en 1944. Y que luego se instaló en Chile, donde se desarrolló como diseñador de interiores.
En enero, el canal History 2 estrenó un documental, realizado por la Universidad Finis Terrae, donde cuenta parte de su recorrido. Por todo eso sorprende que, luego de tocar el timbre de la casa donde vive hace 70 años, sea él quien abra la puerta, invite a pasar y muestre la sala donde casi la totalidad de los muebles fueron diseñados por él mismo. Estrecha la mano fuerte, escucha perfecto y habla un castellano con un notorio acento alemán.

Un boceto de uno de los diseños de Rudi Haymann. Foto SOFIA YANJARI
Se jubiló a los 90 —con humor dice que “para dejarle la cancha a los más jóvenes de 60 o 65 años”—, y desde entonces se ha dedicado a dar charlas y conversar con niños, jóvenes y adultos sobre su experiencia de vida, la guerra, el sufrimiento y el amor. Historias y anécdotas le sobran, algunas de las cuales reunió en su libro Más allá de las fronteras. Mi década extraordinaria 1938-1948, donde narra su salida de Alemania (Planeta, 2019). Tampoco le falta el humor, el interés y la chispa cuando habla de su larga e interesante vida.
Rudolf Salo Haymann Herper nació el 21 de agosto de 1921, en Berlín, en el seno de una familia judía que vivía más como alemana que otra cosa. Su padre era un químico farmacéutico y combatiente veterano de la Primera Guerra Mundial. Pero la llegada de Adolf Hitler al poder les golpeó con fuerza por ser judíos. Con solo 17 años, Rudi escapó de Alemania y partió con otros jóvenes a la Palestina británica, a formar parte del kibutz Beit Zera, una granja socialista judía, al sur del mar de Galilea (lago de Tiberíades o Kineret).

Rudi Haymann, en Santiago, Chile, el 6 de febrero. Foto SOFIA YANJARI
Allí trabajó la tierra, se endureció y, en las tareas de defensa del kibutz, aprendió el uso de las armas. La vida en los kibbutzim “era uno de los pilares que sostenían nuestra vida joven: la creación futura de un Estado y de una sociedad mejor, el socialismo. Aquel socialismo daba esperanzas. Hoy ha fracasado completamente. Pero en aquel tiempo era la autorrealización, no el socialismo proclamado, sino vivido”, reflexiona.
Entonces adoptó el nombre hebreo de Gad (que hoy solo usa con la gente del kibutz y que lleva uno de sus nietos) y se integró a la Haganá, la organización de autodefensa judía. Cuando ya había estallado la Segunda Guerra Mundial, le tocó participar en una operación de sabotaje en Líbano en 1941, para impedir el abastecimiento de los aviones alemanes en la zona. La acción, que fue comandada por Moshe Dayan, fue un éxito. Pero fueron bombardeados por la aviación francesa de Vichy, aliada de los nazis, y Dayan resultó herido por una esquirla, perdió un ojo y lo obligó a usar el parche que se hizo una característica del militar israelí.
Al llegar la guerra a Egipto en 1942, los miembros de la Haganá se unieron al Ejército británico, para combatir contra los alemanes del Afrika Korps liderados por el general Erwin Rommel, a los que derrotaron en 1943. Por su manejo del alemán, Haymann fue destinado al servicio de inteligencia y entre sus funciones le correspondió participar en interrogatorios de prisioneros alemanes y de oficiales egipcios sospechosos de traición. Uno de los oficiales que tuvo que interrogar se llamaba Anuar el Sadat, quien años después sucedió a Gamal Abdel Nasser como presidente de Egipto y que fue asesinado en 1981 tras firmar la paz con Israel.

Rudi Haymann, muestra el lugar donde se ubicaba su hogar en Israel. Foto SOFIA YANJARI
Terminada la campaña en el norte de África, los británicos prepararon el desembarco en Italia desde el sur, y Haymann también participó en ella. Avanzaron sobre Roma y, tras cuatro meses de combate, entraron triunfantes en junio de 1944. Rudi fue el primer soldado judío que llegó hasta la Gran Sinagoga de Roma.
También en la capital italiana, Haymann se enamoró, pero tuvo que seguir adelante, y fue enviado a Grecia a colaborar con los partisanos. Volvió a Roma donde, como miembro de la inteligencia británica, le correspondió ser testigo de la historia: le correspondió ajustar los términos de los documentos y de la ceremonia en la que la Italia fascista firmó su rendición.
Quien estampó la firma por el lado italiano fue el ministro de Defensa y mariscal Rodolfo Graziani. Terminado el acto, Graziani fue trasladado a un lugar de detención. El encargado de esa tarea fue Rudi Haymann y otro compañero. Durante el camino detuvieron el jeep, y sacaron unos sándwiches y una cantimplora que ofrecieron compartirla con su prisionero. “Sì, con piacere”, respondió Graziani.
Con el fin de la guerra, Haymann regresó a Berlín —donde pudo reencontrarse con su ciudad natal y con Fritz, el hermano de su padre que había sobrevivido al Holocausto, pero que murió poco después— y luego volvió a enrumbar sus pasos hacia la Palestina británica, esta vez hacia Tel Aviv. Estaba ahí cuando recibió en 1947 un mensaje desde Chile: sus padres y su hermana, que habían logrado huir e instalarse en ese país sudamericano, le habían conseguido una visa para que pudiese ingresar a territorio chileno. Rudi no lo pensó y viajó a reunirse con su familia.
Hacía mucho que había decidido, luego de sus experiencias en el kibutz, que lo suyo no era el campo ni la agricultura. Inspirado en la figura de su tío Fritz, un arquitecto de la Bauhaus, buscaba desarrollar en esa área un oficio. Tras huir de Alemania, nunca había terminado el colegio. Pero en sus meses en Roma estudió dibujo y en Tel Aviv trabajó en el estudio de la conocida arquitecta Lotte Cohn. Así, ya instalado en Chile, abrió un área casi desconocida en este país: el diseño de interiores.
“Cuando llegué en 1948, con 26 años, ya no era edad para estudiar. Habría tenido que aprender el castellano para terminar el colegio. Además, mis padres y mi hermana no estaban en una situación económica esplendorosa, así que uno de mis primeros trabajos aquí fue apoyar el presupuesto familiar. Empecé a trabajar como ayudante de un arquitecto y unos tres o cuatro años más tarde logré afirmarme”, recuerda Haymann.

Rudi Haymann, en su casa, el 6 de febrero. Foto SOFIA YANJARI
En Chile no solo se reencontró con sus padres, sino que formó su propia familia y echó raíces. Tuvo tres hijos y hoy tiene tres nietos. Enviudó cuando tenía 97 años, un año antes de que publicara su libro de memorias. También editó Separados por la guerra (Pehoé Ediciones, 2019), un volumen con las cartas que se escribió con sus padres, y tiene otro a la espera: Exactamente lo mismo, pero completamente diferente. Memorias de un diseñador de interiores 1953-2011.
—En 1954 usted obtuvo la nacionalidad chilena. Con su larga historia, ¿qué se siente hoy? ¿Alemán, chileno, judío, palestino?
—Me siento un chileno importado.
Por todo lo vivido en los años de juventud, Hayman habla alemán, hebreo, inglés, italiano y castellano. Pero ¿en qué idioma sueña? Ante la pregunta, duda y ríe. “Mmm, no sé. Tendrá que ser o alemán o castellano. Yo creo que en castellano. Todo el resto, pasó al fondo”.

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