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  • March 28, 2026 , 12:35pm

Los vaivenes y mentiras de Trump alejan el final de la guerra contra Irán

Los vaivenes y mentiras de Trump alejan el final de la guerra contra Irán

Donald Trump, este viernes en la Casa Blanca, en un acto con granjeros.

 

  • El republicano en su ya habituales mentiras manda mensajes contradictorios sobre sus planes bélicos, entre amenazas y marchas atrás por la presión de los mercados y la crisis energética global en marcha

 

En junio de 2014, Barack Obama dijo: “Es más difícil acabar las guerras que empezarlas”. La suya, heredada, era entonces la de Afganistán. Y aún faltaban más de siete años para el día de finales de agosto de 2021 en el que Estados Unidos, con Joe Biden de comandante en jefe, se retiró del país centroasiático en mitad del caos.

Donald Trump, ha insistido estos días a sus colaboradores en la Casa Blanca que está listo para poner fin a su guerra, lanzada hace un mes junto a Israel contra Irán. Sigue diciendo que ese final llegará “pronto”, porque las cosas “van más rápido de lo previsto”, mientras el secretario de Estado, Marco Rubio, declaró este viernes que sería “cuestión de semanas, no meses”. Pero Trump no parece tener claro cómo hacerlo.

Los vaivenes en sus mensajes contradictorios sobre la planificación de un conflicto que se ha convertido en la mayor crisis de su segundo mandato, así lo indican. El mejor ejemplo de la volubilidad que gobierna sus decisiones llegó este jueves, un día antes del final del plazo dado al régimen de los ayatolás para que aceptara las condiciones de Estados Unidos y acabara así con las hostilidades.

La jornada empezó con Washington dando por hecho, en vista de la movilización de miles de nuevos soldados que viajan rumbo a Oriente Próximo, que la guerra estaba a punto de entrar en una nueva fase con el lanzamiento de una ofensiva terrestre de consecuencias impredecibles.

 Tuvo su clímax al final de la tarde, con el anuncio de Trump de que extendía la fecha límite de su ultimátum hasta el 6 de abril, “a petición”, escribió en Truth, su red social, “del Gobierno iraní”, y dado que las negociaciones “van muy bien”. Lo cual Irán niega categóricamente.Y terminó con una exclusiva de The Wall Street Journal que asegura que el Pentágono sopesa enviar otros 10.000 soldados de infantería y vehículos blindados. Se sumarían a los 50.000 que están en Oriente Próximo y los 7.000 en camino, pero quedarían muy lejos del personal desplegado en Afganistán (más de 100.000 soldados) e Irak (160.000).

Horas antes, Trump presidió una larguísima reunión de su gabinete, televisada, como ya es costumbre. Entre digresiones sobre asuntos completqmente ajenos al fragor de la batalla, una inexplicable loa de cinco minutos a su rotulador favorito, de la marca Sharpie, y ataques más a los periodistas que traían preguntas incómodas, el presidente anunció su disposición a suspender el impuesto federal a la gasolina (mientras el galón roza los cuatro dólares en el país) e insistió en que la guerra va bien y en los éxitos de su Ejército en el frente iraní.

Esto último, y la estampa de verlo rodeado de miembros de su Gobierno, que se deshicieron de nuevo en elogios y han demostrado ampliamente tanto su tendencia a darle la razón como su alergia a llevarle la contraria, abonó las dudas sobre el proceso de decisiones de la Casa Blanca en lo que se refiere a Irán. Esta semana, la NBC publicó, a partir de fuentes anónimas, que, cada día desde el inicio de la guerra, a Trump le muestran un vídeo de uno o dos minutos con los ataques más exitosos de las 48 horas previas. Una de esas fuentes describió esa información de inteligencia como “una serie de clips con cosas volando por los aires”.

Obviamente, el presidente también recibe información de sus principales asesores y recibe resúmenes de prensa y habla con líderes extranjeros, ante los que, informó Bloomberg, descartó este viernes la inminencia de una ofensiva terrestre. Pero la revelación de NBC abona la preocupación entre sus colaboradores, según la cadena televisiva, sobre si el comandante en jefe cuenta con “una imagen completa de la guerra”.

Además de esas sospechas, Trump, que lleva décadas tratando de abonar su mitología de genio de la negociación, tampoco ha podido evitar que la falta de planificación y las dudas que han plagado su aproximación al conflicto en Oriente Próximo durante estas semanas hayan resucitado la etiqueta de TACO (siglas en inglés para “Trump siempre se acobarda”). Se acuñó hace un año para describir sus marchas atrás, en plena crisis por los aranceles impuestos a decenas de socios comerciales.

Da la impresión de que sucedió en otra vida, pero entonces Trump cambió de idea una y otra vez en vista de las tormentas que sus amenazas desataron, sobre todo en los mercados. Este viernes, tras una nueva caída, el S&P 500 registró su quinta semana consecutiva de pérdidas, en la que ya es la peor semana de los últimos cuatro años y el peor mes desde marzo de 2025, en plena incertidumbre por los aranceles.

Una “pequeña distracción”

Las grietas en el mensaje comenzaron pronto, aunque los inversores las aceptaron con la esperanza de que la guerra solo sería una “pequeña distracción”, como les prometió el presidente de Estados Unidos. Eso fue antes de que Teherán extendiera el conflicto y de que cerrara el estrecho de Ormuz, provocando una crisis energética para la que a todas luces Washington no estaba preparada. Esta condujo al presidente a pedir a sus aliados que se sumaran a la tarea de desatascar ese cuello de botella por el que pasa el 20% del petróleo del mundo y un cuarto del gas natural licuado.

 

Estrecho de Ormuz

El carguero ‘Callisto’, atracado el pasado 12 de marzo en el puerto Sultan Qaboos por el parón en el tráfico en el estrecho de Ormuz. Foto Benoit Tessier (REUTERS)

 

En plena presión a la OTAN, Trump batió el 16 de marzo marcas de contradicción durante una reunión sobre el futuro del Kennedy Center, templo de la música de Washington que el presidente está a punto de cerrar durante dos años para remodelarlo. Aquel día, fue posible contar hasta seis bandazos argumentativos (entre el “queremos que vengan” y el “no necesitamos a nadie”) en algo más de 30 minutos.

Llovió sobre mojado. Solo en su primera semana, la Administración de Trump sumó una decena de justificaciones diferentes para lanzarse a una guerra de esas que prometió decenas de veces en la campaña que lo llevó de regreso a la Casa Blanca que no empezaría. Después vino la imposible convivencia de dos ideas expresadas por Trump, a veces en la misma frase. Por un lado, la guerra está ganada. Por otro lado, aún queda mucho por hacer en Irán para lograr desactivar la influencia de la República Islámica en la región.

Mientras tanto, las encuestas siguen batiendo récords negativos de aprobación presidencial; Trump registra los peores números de su segundo mandato. Además, la posibilidad de una nueva fase sobre el terreno ha empujado a algunos republicanos en el Congreso a trazar una línea roja en su apoyo al presidente, que ha mostrado pocas fisuras en los últimos 14 meses.

Los sondeos indican que sus simpatizantes más fieles, ese 30% del electorado que se define como republicanos MAGA (por el lema Make America Great Again), apoyan su gestión de la guerra, aunque algunos de sus líderes más carismáticos sigan echándole en cara al líder que haya roto las promesas de centrarse en la agenda interior y parezca consumido por sus aventuras en el extranjero.

Tal vez nada pruebe mejor ese divorcio que el hecho de que Trump haya decidido saltarse por primera vez en una década el Comité Político de Acción Conservadora (CPAC), que se celebra estos días en Texas, tras años de hacerlo a las afueras de Washington. Es la gran reunión anual del quién es quién del trumpismo, y en su jornada inaugural se escucharon el jueves las primeras críticas a la guerra en Irán.

Trump tenía previsto este viernes otro plan: participar en un foro de inversión en Miami impulsado por el fondo soberano de Arabia Saudí. A primera hora de la tarde de este viernes, mandó un mensaje a su red social, Truth, para recordar esa intervención. Lo hizo, una vez más, con una mezcla de argumentos: “Me dispongo a dar un gran discurso económico en Miami”, escribió. Y a continuación: “¡Nuestra operación militar va GENIAL!”.

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