CRÓNICAS: Trump y sus travesuras
CRÓNICAS: Trump y sus travesuras
Por: Lucía P. de García
Toronto.- Si bien el mundo conoce al presidente estadounidense Donald Trump por su narcisismo, fanfarronería, hipérboles, excentricidades, trato despectivo, injerencia en los asuntos de otros países, belicismo, etc., hay hechos que sobrepasan lo tolerable.
Empecemos por la Casa Blanca. Demolió el Ala Oeste, donde se ubicaban salas de reuniones, un teatro, oficinas gubernamentales, la entrada para los gobernantes del mundo que llegan de visita. Todo, para construir un salón de baile de 8.000 m2 de superficie, capacidad para 900 personas y costo de más de 250 millones de dólares.
En enero de 2025 burló la memoria del expresidente John F. Kennedy al añadir su nombre al centro cultural que desde 1971 se le conocía con las siglas KC, hoy se llama Trump Kennedy Center y está a las órdenes de sus fanáticos MAGA.
En marzo de 2026 su administración inventó un mapa en el que Estados Unidos se rodea de un “Escudo de las Américas” para cuidar la seguridad de la “Gran América del Norte”. Ese norte va desde Alaska hasta Ecuador. No incluye el territorio ecuatoriano completo, sólo el norte del país, hasta donde la imaginaria línea Equinoccial divide al continente entre el Norte y el Sur. Los 12 países elegidos para integrar tal Escudo ponen soldados, drones, bases, puertos, aeropuertos, espectro radioeléctrico y el “honor” de combatir el narcotráfico y la influencia de potencias como China o Irán, bajo el amparo de “inmunidad militar” y la doctrina política llamada “Corolario Trump”.
Pero la guerra no está en las Américas sino en Irán. El conflicto lo inició Estados Unidos en febrero, cuando en acción conjunta con Israel bombardearon dicho país con la intención de “eliminar las amenazas de la República Islámica”, conocida antes como Persia. Murieron el líder supremo, militares y miembros del gobierno.
Irán respondió con oleadas de misiles balísticos y drones contra Israel y algunos países del Oriente Medio, donde Estados Unidos tiene instalaciones petroleras. Y bloqueó el estrecho de Ormuz, por donde circula el 20 % del petróleo y del gas que se comercia en el mundo, lo que disparó el precio de los combustibles.
Mientras el conflicto crecía, llegó el 1 de abril. Durante el almuerzo de Pascua en la Casa Blanca, la directora de la Oficina de Fe, Paula White, consejera espiritual de Trump, le comparó con Jesús. “Nadie ha pagado un precio como el que tú has pagado, casi te cuesta la vida. Fuiste traicionado, arrestado y acusado falsamente. Es un patrón que nuestro Señor y Salvador nos mostró. Gracias a su resurrección, resucitaste. Tus sacrificios se comparan con la resurrección de Cristo”. Por un momento Trump olvidó el caso Epstein, en el que se dice estaría involucrado, y se sintió en el Cielo. Dijo que sus seguidores le llaman “Rey” y se comparó con Jesús entrando en Jerusalén. “Ahora me llaman rey a mí ¿Os lo podéis creer?”
El cristianismo se indignó. El mundo quedó estupefacto. Más aún, cuando después generó por inteligencia artificial lo que publicó en su red Truth Social: en un fondo donde volaban aviones de guerra, él, como figura mesiánica, sanaba con una luz que salía de sus manos. “Se supone que soy yo como médico, haciendo que la gente mejore. Yo sí hago que la gente mejore” dijo. La controversia que desató este asunto le obligó a borrar el trabajo de la IA. Trump había sobrepasado todo límite.
En tanto seguían las negociaciones de alto al fuego con Irán, advirtió que, de no abrir el estrecho de Ormuz, la noche del 8 de abril aniquilaría a toda la civilización iraní. El planeta se horrorizó. La población civil iraní se unió para formar cadenas humanas en defensa de la infraestructura energética y los sitios estratégicos.
La gravísima situación hizo que el Papa León XIV, quien ya había clamado por paz, señalara que la amenaza del mandatario contradecía el derecho internacional. Éste le acusó de “débil en el crimen y terrible en su política exterior”, de no comportarse como estadounidense sino “más como dirigente político que como líder religioso”, incluso dio a entender que si no fuera por él, el Papa no hubiera sido electo como tal.
Durante su viaje a Argelia, en su discurso protocolar León XIV dijo que no discutirá con el presidente, su papel no es político sino espiritual. “Seguiré manifestándome enérgicamente contra la guerra, buscando promover la paz, el diálogo y las relaciones multilaterales entre los Estados para encontrar soluciones justas a los problemas”.
Al momento, Trump sigue presionando el apoyo de Europa a su guerra contra Irán. Advierte que obtendrá el “polvo nuclear” que tiene aquel país sin compensación económica o con acciones más duras. Irán afirma que “no se va a enviar ningún material enriquecido a Estados Unidos”, sus exigencias “maximalistas” son inaceptables y sólo negociará cuando se resuelvan los obstáculos pendientes.
La mediación de Turquía, Paquistán y Egipto continúa, al tiempo que el mundo espera que esta guerra termine, y que el marco de paz sea el que genere un exitoso Mundial de Fútbol 2026, donde reinen el juego limpio, la hermandad, la alegría y la magia hipnotizante de la pelota rodando por la cancha de césped verde.
Pero hasta en ello interviene Trump. Mediante su enviado especial, Paolo Zampolli, ha solicitado al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, que expulse a Ia selección de Irán y la reemplace por Italia, premiando así la trayectoria de la selección italiana, que tiene cuatro títulos mundiales. Pero esta vez el equipo italiano no clasificó. Semejante pedido sólo se debería al interés de Trump de recuperar de la Primera Ministra italiana Giorgia Meloni el apoyo a su causa belicista; no obstante, ella se ratifica “no estamos en guerra y no queremos la guerra”.
Como era de esperar, Irán se alista para ver a su equipo lucirse ante el mundo, que gustoso aplaudirá al mejor equipo, con la esperanza de que este noble deporte sea la herramienta oportuna para lograr la ansiada paz…

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