América Latina, ¿aliado estratégico o riesgo político para Estados Unidos?
América Latina, ¿aliado estratégico o riesgo político para Estados Unidos?

Simpatizantes cubanos de Donald Trump en Miami, en noviembre de 2020. MARCO BELLO (Reuters)
- De cara a las elecciones de medio término, cómo maneje Trump la transición en Venezuela o cómo conduzca su estrategia hacia Cuba no solo definirá su política exterior en la región, sino también el futuro político de su partido
Los hispanos en Estados Unidos parecen estarse alejando de Donald Trump cad vez más. Así lo indican múltiples encuestas y análisis. De hecho, muchos parecen estar volviendo a las toldas demócratas, con grandes consecuencias políticas en dos frentes claves para la Casa Blanca: las elecciones parlamentarias de noviembre de este año y la presidencial en noviembre de 2028.
Los dos temas que parecen afectar más a los hispanos en casi todo el país (Florida sigue muy “trumpista”, especialmente por los cubanos) son las acciones del ICE y las deportaciones, de un lado, y el manejo económico y el costo de vida, por el otro.
En las elecciones de 2024, Trump obtuvo un apoyo histórico de los hispanos para un candidato republicano, con el 46%, según muestra un estudio del Latino Public Opinion Forum de la Universidad Internacional de Florida (FIU), mientras que para las elecciones de este noviembre alrededor del 60% están inclinados a votar por los demócratas.
Sin embargo, una encuesta de la semana pasada publicada por AP-NORC muestra cómo hoy el apoyo al desempeño económico y general de Trump entre grupos clave como los adultos, adultos jóvenes y hombres está cayendo. En el año hasta marzo pasado, el soporte entre adultos hispanos ha caído un 16% y entre los hombres en general un 9%. Al 15 de abril pasado, solo el 24% de los hispanos apoya (36% en marzo de 2025) y lo desaprueba el 75% (63% en marzo de 2025). Y si bien el 40% de la población general aprueba su desempeño en migración, solo el 18% de los adultos hispanos comparte esa postura. Y no es que muchos no estén de acuerdo en ponerle ciertas restricciones a la misma; el problema es más con la forma en que se está ejecutando.
Más allá de los hispanos, el costo de la guerra con Irán y la economía e inflación son los factores de más preocupación entre los votantes y que afectan la popularidad del gobierno. Una reciente encuesta de NBC News muestra que el 63% desaprueba la gestión de Trump, mientras que solo el 37% la aprueba.
¿Cuáles son las implicaciones políticas de todo esto? Suele suceder que el partido de oposición al presidente —demócrata en este caso— gana o preserva las mayorías parlamentarias en las elecciones intermedias (midterms), especialmente en la Cámara de Representantes. Si es así este año, noviembre marcará una recuperación de los pesos y contrapesos de la democracia estadounidense. Un análisis reciente de The Economist le otorga a este escenario un 98% de probabilidades en la Cámara y un 48% en el Senado.
La segunda mitad del Gobierno de Trump sería entonces turbulenta en materia legislativa y presupuestal, e incluso podría abrirse paso un juicio político o impeachment al presidente, que involucra a las dos cámaras: la Cámara de Representantes lo acusa por mayoría simple y el Senado lo juzga y destituye con una mayoría de dos tercios. Y aunque no termine en destitución, como seguramente sería el caso, habrá una gran tormenta política de imprevisibles consecuencias. Si los demócratas recuperan también el Senado, hasta la confirmación de nombramientos del gobierno se vería seriamente afectada.
No puede olvidarse que solo en este año han sido defenestradas por el presidente tres secretarias del Gabinete —curiosamente, las tres mujeres—: la de Justicia, la de Seguridad Nacional —entre otras razones por presunta corrupción— y la de Trabajo, también por presunta corrupción. A ello se suma, entre otros, la salida del director en funciones de ICE, quien renunció en medio de una gestión altamente controvertida, alegando “razones personales”.
¿Qué quiere decir todo esto y cómo afecta a América Latina? Primero, si el apoyo latino a los republicanos se sigue erosionando, afectará las aspiraciones presidenciales de figuras como Marco Rubio, Ted Cruz o incluso Ron DeSantis, cuya base es en buena parte hispana, y por ende al partido. Tener el voto latino a favor es estratégico.
Pero además, la Casa Blanca necesita buenas noticias, que podrían venir de América Latina, en un contexto en el que varios gobiernos de la región hoy se inclinan hacia la centroderecha y la derecha, abriendo espacios para cooperar en comercio, seguridad y lucha contra el terrorismo. Cómo maneje Trump la transición en Venezuela, cómo conduzca su estrategia hacia Cuba —y su eventual “toma”— y cómo articule relaciones con un aliado clave como Colombia, no solo definirá su política exterior en la región, sino también posiblemente el futuro político de su partido.
América Latina debe aproximar este escenario con pragmatismo y prudencia. Involucrarse en la política interna de Estados Unidos sería un gran error. La regla de oro de la diplomacia —no intervenir en los asuntos internos del país receptor— no es opcional. Ignorarla, como algunos políticos y gobiernos de la región han hecho ingenuamente al alinearse con una sola corriente política, solo debilita las relaciones bilaterales.
La oportunidad está en construir alianzas de Estado a Estado que perduren, de las que el mejor ejemplo en la región sigue siendo el Plan Colombia, implementado por Andrés Pastrana con el presidente demócrata Bill Clinton —con mayorías republicanas en la Cámara y en el Senado— y consolidado posteriormente por los gobiernos de Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos en Bogotá y George W. Bush y Barack Obama en Washington. El bipartidismo fue un factor decisivo para su éxito.
Al final, la diferencia no la marcarán los discursos, sino la ejecución. En un momento de desgaste y con el reloj electoral corriendo, América Latina puede ser un activo estratégico… o un riesgo político. Todo dependerá de la inteligencia con que jueguen los dos lados.

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