Un año después de Daniel Noboa: Ecuador, el país más inseguro de América Latina
Un año después de Daniel Noboa: Ecuador, el país más inseguro de América Latina

Daniel Noboa en Quito, Ecuador. Foto Franklin Jacome (Getty Images)
- El presidente cierra el primer año de su segundo mandato con cierta estabilidad económica, pero también con un Gobierno más militarizado, con récord de homicidios, hospitales colapsados y denuncias de autoritarismo
Una patrulla militar atraviesa calles vacías en el sur de Guayaquil, una de las ciudades más peligrosas del continente.
Los vecinos observan detrás de rejas, encarcelados en sus propias casas. Tienen prohibido salir por la noche. En otro punto de la ciudad costera ecuatoriana una madre espera noticias de su hijo desaparecido por una patrulla militar. En la Penitenciaría del Litoral, la cárcel más grande del país, hay presos tosiendo sangre en pabellones hacinados debido a la tuberculosis. En los hospitales públicos, a los médicos les toca improvisar porque faltan medicinas y utensilios. Guantes incluidos. El país ha dejado de ver como una excepción los apagones de luz, las extorsiones y el miedo. Hace un año, Daniel Noboa inició su mandato -el primero completo- con la promesa de recuperar el control de Ecuador. Doce meses después, gobierna un país exhausto: el más inseguro de América Latina.
Para Noboa, es el primer año de un segundo periodo de cuatro. Se hizo con el poder por primera vez en 2023 después de que Guillermo Lasso acortara su propio mandato y convocara elecciones para evitar un juicio político. Noboa era entonces un candidato improbable: joven, heredero del imperio bananero de su padre, de frases cortas y silencios largos, que aparecía rezagado en las encuestas. Terminó ganando en las urnas, completó lo que faltaba del periodo de Lasso y volvió a ser reelegido por abrumadora mayoría en abril de 2025 con la promesa de declararle la guerra al crimen organizado.
Aquel presidente que hablaba de acuerdos endureció rápidamente el tono. Declaró que el país estaba en un “conflicto armado interno”, militarizó las cárceles y ciudades y convirtió la seguridad en el eje absoluto del Gobierno. Su gestión adoptó una narrativa de guerra y Noboa adquirió una imagen cada vez más confrontadora, inspirado en los modelos de Nayib Bukele y Donald Trump, mandatarios de El Salvador y Estados Unidos. Ha chocado con jueces constitucionales, organizaciones de derechos humanos y sectores de oposición. Sus críticos lo acusan de estirar los límites institucionales y utilizar el aparato estatal para perseguir a adversarios políticos. Pero no ha cosechado hasta ahora resultados evidentes en la pacificación del país.
En el espejo de Bukele
Los muertos comenzaron a acumularse a una velocidad inédita. En 2025, Ecuador registró 9.216 homicidios. Ya llevaba tres años, con gobiernos anteriores, duplicando sus propias cifras. El año más violento de su historia. Ni los estados de excepción, ni los toques de queda, ni la presencia militar permanente han contenido una violencia que mutó, se expandió y terminó infiltrándose en casi todos los espacios del país.
“El uso del estado de guerra es básicamente una estrategia de dominación política más que una estrategia de seguridad”, cuestiona Luis Carlos Córdova, experto en temas de seguridad. El poder militar comenzó a ganar influencia sobre decisiones estratégicas, presupuestos e instituciones civiles. El problema, plantea, es que los resultados no acompañan la narrativa oficial. “Como estrategia de seguridad no funciona. Es limitada e incluso contraproducente porque genera más violencia”.

Daniel Noboa y Nayib Bukele en San Salvador, en 2024. Foto Presidencia de Ecuador (EFE)
Con asesoría de El Salvador, el Gobierno de Noboa levantó una cárcel de máxima seguridad que llamó Encuentro, inspirada en el Centro de Confinamiento del Terrorismo de Bukele. En noviembre del año pasado, aún sin terminar las obras, los primeros 300 presos fueron trasladados allí: hombres rapados, esposados y vestidos de naranja. El Gobierno hablaba de “terroristas”, pero entre ellos había más que líderes criminales. Por ejemplo, figuras políticas como el exvicepresidente Jorge Glas, condenado por corrupción. Meses después, encarcelaron en esa misma prisión al alcalde de Guayaquil, Aquiles Álvarez, una de las principales voces opositoras en Ecuador, investigado por presunto lavado de activos y aún sin sentencia.
Pese a su discurso de mano dura, el presidente chocó con su primera derrota política precisamente en un tema de seguridad. Convocó una consulta popular para permitir la instalación de bases militares extranjeras en el país y abrir la puerta a una nueva Constitución, pero los ecuatorianos votaron con un rechazo contundente. El Gobierno siguió aplicando estados de excepción. Solo en el último año decretó cuatro toques de queda. El Ejecutivo asegura que se redujeron los homicidios en un 39%.
Washington en el horizonte
La guerra interna declarada por Noboa no se puede leer únicamente a nivel interno. Para Córdova, el presidente está haciendo visibles esfuerzos para ganarse la complicidad de Washington y de Trump, a quien considera un referente. “No le convierte en un par con quien se puede negociar, sino en un vasallo. A diferencia del trato que le han dado a Bukele, por ejemplo, a Noboa le tratan bastante mal”, considera el docente en Ciencias Políticas y director del programa de Investigación de Orden Conflicto Violencia.
Como muestra, Ecuador no fue considerado por Estados Unidos en su Estrategia Nacional de Control de Drogas para 2026, encendió alarmas de lo segura de esa relación. “Ya no quieren que Ecuador aparezca como un objetivo antinarcóticos, sino como un escenario de lucha antiterrorista”, explica Córdova. Eso supone más cooperación militar, asesoría de inteligencia y una presencia creciente de Washington en territorio ecuatoriano. Pero también implica otro riesgo: que Ecuador termine atrapado en una guerra permanente.
Trump nunca ha tenido un encuentro oficial a nivel presidencial con Noboa. Lo que sí ha habido son gestos y acercamientos con el Comando Sur y figuras como el secretario de Estado, Marco Rubio, y la ahora exsecretaria de Seguridad Nacional Kristi Noem. Noboa llegó a condecorar a Noem, cara visible de las redadas migratorias en las que miles de ecuatorianos fueron detenidos y deportados.

Daniel Noboa en Washington, el 14 de mayo. Foto Jacquelyn Martin (AP Photo/Jacquelyn Martin)
El colapso de la salud pública
No es la inseguridad el único mal que azota la vida cotidiana de los ecuatorianos. Cuando Noboa asumió el poder, el Ministerio de Salud tenía asignado uno de los presupuestos más altos de su historia. Meses después, los recursos se redujeron drásticamente y estos ni siquiera se llegaron a utilizar: la ejecución del gasto apenas alcanzó el 45% a finales de 2025.
El deterioro de la atención sanitaria ha dejado escenas que han indignado a la población, como la muerte de doce neonatos en el Hospital Universitario de Guayaquil. Un enfermo renal se desplomó mientras protestaba para ser atendido. Una mujer indígena achuar recibió el cuerpo de su hija recién nacida en una caja de cartón. La bebé había ingresado con fiebre y tos. Los propios médicos protestan cada semana por la falta de insumos y medicamentos.
El Ministerio de Salud declaró la emergencia sanitaria en septiembre de 2025 ante la realidad de que la mayoría de hospitales operaba con menos del 30% de abastecimiento. Ocho meses después, la situación sigue lejos de resolverse y ya han desfilado seis ministros de Salud debido a los cuestionamientos.
Una economía ordenada que no se siente
En el frente económico, Noboa defiende sus cifras. “Hemos reducido la pobreza al 21,4%, el nivel más bajo de la historia”, aseguró en CNN, como el principal logro que conlleva en una serie de beneficios que, según él, disfrutan los ecuatorianos. “Eso significa consumo local, más ventas, aumento de ahorros”, siguió.
El economista Alberto Acosta Burneo reconoce que el mandatario ha hecho un trabajo importante de orden fiscal, reducción gradual del déficit y recuperación de cierta confianza internacional.
Pero también impulsó medidas impopulares como el alza de tres puntos al IVA y la eliminación de subsidios a los combustibles, algo que ningún gobierno había logrado en la última década. “No es que todo esté resuelto, pero el país mejoró la senda fiscal”, menciona Acosta Burneo. También subraya que se haya dado continuidad a acuerdos comerciales y el crecimiento de sectores exportadores como el camarón, el banano y la minería. En contraste, reprocha que no se hayan impulsado reformas profundas para atraer inversión privada en petróleo y electricidad, considerando que la producción de crudo sigue cayendo y que Ecuador, recalca Acosta Burneo, “mantiene un riesgo permanente de apagones por falta de inversión en el sistema eléctrico”.

Una familia come en su hogar, en Quito. Foto Ana Maria Buitron
Esas cifras macroeconómicas chocan, además, con la percepción de la calle. El empleo precario aumentó: 440.000 ecuatorianos viven con ingresos inferiores al salario básico, según el último informe del INEC. Aun así, Noboa conserva niveles de respaldo superiores al 40% – principalmente por la percepción de que combate la inseguridad- y las proyecciones apuntan a que la economía ecuatoriana crecerá un 2,5% en 2026, pese a la guerra comercial desatada con Colombia.
La prensa bajo presión
La tensión entre el poder y la prensa volvió a crecer bajo Noboa. Ecuador cayó 31 posiciones en la clasificación mundial de libertad de prensa de Reporteros Sin Fronteras y ocupa ahora el puesto 125 de 180 países. El deterioro más grave aparece en el indicador de seguridad: periodistas amenazados, medios autocensurados y regiones enteras en las que informar es una actividad de riesgo.
También ha crecido la percepción de que el Gobierno mira a la prensa crítica como un enemigo. Organizaciones y periodistas denuncian restricciones de acceso a información pública, exclusión de coberturas a ciertas cabeceras y periodistas e instigación judicial contra voces críticas. A lo que se añade que el Gobierno y el presidente mismo promocionan sus movimientos y decisiones con un estilo de marketing digital y apoyan la difusión de los logros en la cercanía de algunos medios con el Gobierno.

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