La ultraderecha toma vuelo en Colombia
La ultraderecha toma vuelo en Colombia

Abelardo de la Espriella durante el discurso de cierre de su campaña en Bogotá. Foto Mauricio Dueñas Castañeda (EFE)
- Abelardo de la Espriella enarbola la bandera radical en una sociedad descontenta con la política tradicional y los partidos moderados
La ultraderecha global, que ha conseguido grandes hitos en los últimos años al conquistar el poder en países como Argentina o Chile, ahora mira de cerca las elecciones que Colombia celebra el 31 de mayo. Abelardo de la Espriella, el abogado que se estrena en la política como un outsider, se erige como la figura ultra de la política nacional y apela a la épica para ser el candidato que derrote a la izquierda. Su campaña se ha centrado en defender la “patria milagro”, una suerte de país de valores tradicionales, con la economía y seguridad en el centro y en el que la izquierda —“comunismo”, como él la llama— y los partidos moderados no tengan protagonismo. Su discurso ha calado en una sociedad golpeada por la violencia, en la que muchos ven en el autodenominado Tigre un cambio necesario.
Aunque novedoso en Colombia, es el mismo guion que ha seguido ese sector político en Europa u otros países de América Latina. “Este tipo de oferta política surge de una debilidad de los partidos más tradicionales, que no están dándole respuestas a los problemas de la sociedad”, explica Franco Delle Donne, autor de Epidemia ultra (Península, 2025). La izquierda mantiene su fuerza electoral, pero la criticada gestión del Gobierno de Gustavo Petro en temas como la seguridad, la salud o la economía ha provocado un rechazo más intenso que nunca. En paralelo, el espacio de centro cada vez es más estrecho sin candidaturas potentes.
“Cuando hay una herramienta que no funciona, hay que usar otra. Esa es la idea que nos vende la derecha radical”, precisa el experto argentino. Esta herramienta es el sistema liberal, que sufre una crisis de confianza en las principales democracias del mundo. “Por eso ahora se ofrecen alternativas al discurso democrático. Como Nayib Bukele en El Salvador: no le interesan los derechos humanos en cuanto se “solucione” el problema de la violencia. Y aparecen líderes como [José Antonio] Kast o [Javier] Milei que avalan este plan. Lo mismo hace Abelardo”.
De la Espriella no ha sido el primero en instalar estas ideas en Colombia, pero sí ha sido el mejor en apropiarse de ellas para catapultar su candidatura, que con más del 25% de intención de voto en las encuestas ha roto el techo de sus predecesores. Lo ha conseguido con el apoyo de partidos ultraconservadores como Salvación Nacional o los cristianos de Colombia Justa Libres, y de figuras cuyos discursos han sido ampliamente criticados, como el del congresista Miguel Polo Polo por negar la violencia de los paramilitares durante el conflicto. A su vez, se alinean —de manera no oficial— otros líderes de opinión como la senadora María Fernanda Cabal (de las más radicales de su partido, el Centro Democrático) y la comunicadora Vicky Dávila, que fracasó recientemente en su intentona política.

Seguidores de Abelardo de la Espriella, en un acto de campaña, en Cali,el 12 de marzo. Foto MARIANO VIMOS
Además del descontento y la desconfianza por la democracia, impacta otro factor vital para la ultraderecha: el auge de las redes sociales. “Antes, si no aparecías en los medios, no eras nadie. Ahora, con las redes puedes llegar muy lejos. Ya no necesitas del filtro que antes imponían los grandes partidos y es más fácil difundir información falsa y hacer campaña”, precisa Delle Donne. Justamente, De la Espriella cuenta con una vasta presencia en redes, a la que se suma el respaldo de una red de influenciadores que se convierten en su altavoz. Su candidatura eclipsó a otro aspirante aún más radical: Santiago Botero, cuya campaña promete abiertamente “romper con el sistema”.
La encrucijada de la derecha tradicional
De la Espriella aterriza en un momento muy particular de la política colombiana. Está a punto de finalizar el primer Gobierno de izquierdas en décadas, cuatro años después de una dura derrota para la derecha tradicional. Petro venció en segunda vuelta a Rodolfo Hernández, un político local que también fue denominado como outsider pero que no se alineaba enteramente con la derecha, a la que superó en la primera vuelta.
Desde entonces, el conservadurismo ha intentado recomponerse. La derecha tradicional se ha aglutinado alrededor de Paloma Valencia, senadora desde 2014 y fiel escudera del expresidente Álvaro Uribe. El exmandatario ha sido, desde su salida del Gobierno en 2010, una especie de batuta para la derecha (y para toda la política): puso presidentes en 2010 y 2018, y ahora apuesta todo su capital político en su candidata. Pero Valencia no ha llegado a despegar del todo: las encuestas más recientes la sitúan en un tercer lugar por detrás del candidato de Petro, Iván Cepeda, y de De la Espriella.

Abelardo de la Espriella, en un acto de campaña, en Cali. Foto MARIANO VIMOS
Camilo Rojas, estratega de múltiples campañas de derecha, describe las razones para que esto ocurra: “Abelardo es quien mejor está ondeando la bandera de la oposición: derrotar a la izquierda y nada más”. La estrategia de la candidata uribista fue apelar a los indecisos y a los votantes moderados con un gesto que marcó su campaña: eligió a Juan Daniel Oviedo, un político de centroderecha y abiertamente gay, como su fórmula vicepresidencial. “Con esa elección, Valencia perdió contundencia. De la Espriella ha recogido el voto más radical, que en la primera vuelta es fundamental”, dice Rojas.
No es un escenario que se presente solo en Colombia. A la derecha tradicional le ha costado encontrar una fórmula para frenar a los ultras que, en muchas ocasiones, agitan de manera más ávida el discurso contra el progresismo. En Argentina, el macrismo se tuvo que unir a Milei antes de que devorase todo su espacio; en Chile, la candidata de la derecha moderada fue eclipsada por Kast. Ocurre en gran parte de Occidente: en EE UU, el trumpismo MAGA ha absorbido a los republicanos moderados, mientras que el bolsonarismo se ha convertido en la opción más fiable de la derecha brasileña para competir con Lula. En varios países de Europa, las fuerzas políticas trataron de instalar un cordón sanitario, pero este está cada vez más erosionado.
El historiador Germán Mejía Pavony indica que, pese a la fuerza que ha tomado la ultraderecha en Colombia, no tiene “una ideología de mucha profundidad”. “No veo que les importen mucho las propuestas mientras sea claro que se van contra la izquierda de Petro y agitan ese viejo temor del comunismo”. De la Espriella ha centrado sus discursos en retomar el patriotismo y ha copiado ideas de otros líderes ultra: construir megacárceles, tener mano dura contra los criminales, recortar el Estado.
“Pronto se tendrá que hablar del tema ideológico y entonces saldrá a la luz el discurso más radical: la oposición a la revolución cultural, a la igualdad de género, a la familia diversa, al matrimonio igualitario, al pluralismo… Los temas han goteado, pero no enteramente. Es durante un hipotético Gobierno de De la Espriella cuando esos derechos conseguidos se pueden empezar a suprimir”, añade Mejía Pavony, autor de Entre la libertad y el orden. Una historia de la derecha en Colombia (Debate, 2025).
Los expertos consultados auguran que, aun si De la Espriella no consigue el pase a la casi asegurada segunda vuelta, el germen de la ultraderecha quedará implantado en la sociedad colombiana. El abogado convertido en candidato ha dicho que, si no gana, no incursionará más en la política. De cumplir con su palabra, igual abre el espacio a otras nuevas caras, como aquellas que a lo largo de la campaña han enarbolado la antipolítica como respuesta a las múltiples crisis que vive el país. Como ya consta en tantas otras democracias, la ultraderecha recoge este descontento que en Colombia ha tomado fuerza. Su apuesta para llegar al poder por primera vez es total.

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