DISCLOSURE DAY. Estados Unidos, 2026. Un film de Steven Spielberg. 145 minutos
DISCLOSURE DAY. Estados Unidos, 2026. Un film de Steven Spielberg. 145 minutos

Emily Blunt en DISCLOSURE DAY
DISCLOSURE DAY. Estados Unidos, 2026. Un film de Steven Spielberg. 145 minutos
Por Jorge Gutman
Hablar de Steven Spielberg es referirse a una figura icónica del cine internacional. A lo largo de seis décadas, el admirable cineasta ha sido capaz de satisfacer al público considerando diversos géneros. En tal sentido uno de los tópicos abordados ha sido el de los alienígenas que ofreció en dos magníficas películas como lo fueron Close Encounters of the Third Kind (1977) y E.T. (1982). Es así que ahora nuevamente se tentó por el tema en Disclosure Day, su trigésimo séptimo trabajo. Basado en un bosquejo concebido por Spieberg, el guión pertenece a David Koepp quien ha sido su colaborador en cuatro anteriores ocasiones.
Con el gran respeto que el genial cineasta me merece, este thriller de ciencia ficción no alcanza a satisfacer mis expectativas. Eso se debe a que si bien hay una premisa inicial que suscita considerable interés, la misma se diluye debido a que el libreto desestima las posibilidades que el film podría ofrecer.
La acción se desarrolla en Estados Unidos en la época actual en donde Daniel Kellner (Josh O’Connor), un prestigioso matemático, después de 8 años de trabajo en una gran corporación privada y afiliada con agencias estatales denominada “Wardex” ha dejado su empleo de ciber seguridad; al hacerlo ha llevado consigo documentos clasificados que prueban la existencia de extraterrestres habitando en nuestro planeta. Asimismo Hugo Wakefield (Colman Domingo) quien ha sido su jefe, también ha quitado la corporación y colaborando con Daniel lo insta para que esa valiosa información sea conocida públicamente mediante su difusión en la televisión local.
Esa maniobra hace que Noah Scanton (Colin Firth), el alto dirigente de Wardex, empeñado en que la operación quede encubierta, persigue tenazmente a Daniel para evitar que esos documentos se conozcan.
Hasta esta instancia del relato hay un cierto suspenso en donde incidentalmente adquiere presencia la novia de Daniel (Eve Hewson), una ferviente ex novicia que teme que la divulgación de la existencia de habitantes de otros planetas conviviendo con los humanos pueda afectar la creencia en Dios.
Simultáneamente se sale al encuentro de Margaret Fairchild (Emily Blunt), quien en Kansas City se desempeña como meteoróloga de la televisión. Encontrándose en su apartamento con su pareja (Wyatt Russell), inesperadamente se aposenta un cardenal; cuando el pájaro la mira fijamente, tras quedar un tanto perpleja Margaret llega a dominar varios idiomas además de haber adquirido amplios poderes psíquicos que la convierten en una intermediaria de seres humanos con extraterrestres.
Queda para el espectador descubrir la manera en que la suerte del genial matemático está estrechamente ligada a la de la dinámica Margaret. Lo que sí puede anticiparse es que de aquí en más el relato no encuentra un foco preciso en tanto que adquiere las características propias de un film de acción nutrido de ciertas secuencias espectaculares reflejadas en una agitada persecución automovilística que se entronca con un tren en movimiento.
No obstante el entreverado guión de esta historia, Spielberg deja en claro su planteo de lo que puede acontecer cuando la verdad de los acontecimientos no llega a ser revelada por los gobiernos. Dejando de lado teorías de conspiración, lo cierto es que dada la situación actual de convivir en un convulsionado caos por los conflictos que enturbian la paz mundial, la propuesta del mítico realizador, sobre todo en lo que se refleja en las últimas trascendentes secuencias del film, es considerablemente humanística, abogando por la empatía y conexión humana con seres ultraterrestres.
Sin que sorprenda a nadie la maestría evidenciada por Spielberg a lo largo de su sobresaliente carrera, aquí se ratifica una vez más su notable dominio en la esmerada puesta escénica del film, así como haber convocado un homogéneo elenco en donde netamente se distingue el histrionismo que Emily Blunt logra en la caracterización de su personaje. En los factores técnicos de producción es destacable la magnífica fotografía de Janusz Kaminski así como la sobria banda sonora del notable nonagenario compositor y director musical John Williams.
PROMIS LE CIEL Túnez-Francia-Qatar, 2025. Un film de Erige Sehiri. 92 minutos.

Estelle Kenza Dpgbo y Aissa Maiga en PROMIS LE CIEL
Después de su ópera prima Sous les figues (2022) que fue presentada en la Quincena de Cineastas de Cannes, la directora Erige Sehiri imprime nuevamente su fina sensibilidad femenina en Promis le ciel abordando a tres emigrantes tunecinas, provenientes de diferentes lugares de África.
En un guión de la cineasta compartido con Anna Clennik y Malika Cécile Louati, se observa en un comienzo a Marie (Aissa Maiga) protegiendo a Kenza (Estelle Kenza Dpgbo), una niña huérfana cuyos padres probablemente perecieron en el naufragio del bote en que se hallaban. Además de actuar como madre adoptiva y de ese modo superar la pena causada por la pérdida de su propia hija, esta mujer negra inmigrante que reside desde hace una década en Túnez sin haber logrado aún la documentación pertinente, es una pastora evangelista de una iglesia local cuyos feligreses migrantes viviendo en condiciones difíciles confían en su prédica.
En su casa igualmente conviven otras dos mujeres también de raza negra. Una de ellas es Naney (Déborah Christelle Naney) quien para mantenerse se dedica a traficar bebidas alcohólicas y su aspiración mayor es la de poder reunir el dinero suficiente para traer a Túnez a su hija adolescente que reside en Côte d’Ivoire. La más joven de las tres es Jolie (Laetitia Ky), una brillante estudiante de ingeniería cuya familia aguarda que una vez diplomada pueda vislumbrar un futuro auspicioso.
A dichos personajes centrales se agrega Foued (Foued Zaazaa), un hombre blanco de mediana edad que a través de un pasado no muy agradable mantiene una relación amigable con Naney. Asimismo se halla Ismael (Mohamed Grayaá), el dueño de departamento en que habita Marie, quien expresa su inquietud por temer que la policía pueda descubrir que aloja a gente sin documentación legal.
El relato describe las trayectorias en común y en forma separada de las tres protagonistas tratando de ajustarse a una cultura diferente, sobre todo en lo que respecta al credo religioso. Igualmente ellas deben afrontar el marcado racismo prevaleciente como asimismo la política gubernamental que opuesta a ofrecer residencia legal a la indocumentada migración, utiliza la fuerza policial para efectuar arrestos en las calles. Es así que el cielo prometido al que alude el título del film está lejos de convertirse en una vida color de rosa, sin que la iglesia pueda resolver los problemas que afligen a los migrantes, no obstante el sentimiento de hermandad que los une.
Sin subrayado melodramático, la directora ofrece una escena emotiva cuando Marie se ve forzada a entregar a su querida Kenza a un hogar que alberga a la infancia huérfana.
Sehiri aporta notable autenticidad a esta historia en la medida que en varias instancias se asemeja a un documental. A ello cabe agregar que dirigió un sólido elenco encabezado por Maiga, Naney y Ky quienes plenamente se involucran en sus respectivos personajes. No menos importante son los veraces diálogos contenidos en el bien articulado guión y en especial por ofrecer una visión no muy difundida acerca de la política migratoria vigente en Túnez.
En esencia, sin llegar a un nivel de excepción, la cineasta brinda un meritorio film que destilando un notable contenido humano permite empatizar con las peripecias incurridas por sus personajes.
UN ÉTÉ EN HIVER / TWO SEASONS, TWO STRANGERS. Japón, 2025. Un film de Sho Miyake. 89 minutos

Shim Eun-kyung en UN ÉTÉ EN HIVER
Lo bueno si breve dos veces bueno. Ese refrán permite aplicarse a Un Éte en Hiver, un film contemplativo y minimalista del realizador japonés Sho Miyake que ha ganado reconocimiento internacional dado que esta película ha sido merecidamente distinguida con el Leopardo de Oro en el festival de Locarno de 2025.
En la narración de la historia Miyake se basó en la adaptación realizada por el escritor Yoshiharu Tauge de sus novelas ilustradas, Mr. Ben and His Igloo y A view of the Seaside. En la primera parte del relato se observa a Li (Shim Eun-kyung), una guionista surcoreana residente en Japón que trata de emerger de su bloqueo autoral escribiendo el guión de una película que transcurre en verano.
Dentro del esquema de un film dentro de otro se observa a Nagisa (Yumi Kawai), una joven japonesa que visitando una región costera conoce a Natsuo (Mansaku Takada), un lugareño quien como ella son seres solitarios; en ese encuentro de dos extraños, mediante silencios y conversaciones caminando por la playa cada uno de ellos va compartiendo sus conflictos y dudas, emergiendo un vínculo entre amistoso y romántico capaz de superar la soledad que los anima. Prontamente se aprecia que el guión de Li se plasmó en un film que se proyecta en un amplio salón universitario, donde al final de la proyección ella y el director (interpretado por Miyake) están sujetos a un debate por parte de los estudiantes, donde en respuesta a las preguntas formuladas se aprecia que la guionista no se siente segura de sí misma.
Posteriormente, a fin de salir de su encierro mental, en el invierno Lí emprende un viaje a una zona turística montañosa cubierta de nieve, logrando encontrar una posada venida a menos que está a cargo de su dueño Benzo (Shinichi Tsutsumi). Con este enigmático hombre de mediana edad, ella establece una singular relación en donde cada uno tiene algo que ofrecer al otro; así Benzo atenúa su vida solitaria gracias a la presencia de Li a quien le pide que escriba una historia sobre él y su hostería, en tanto que ella comprueba que el efectivo nexo logrado con Benzo, le permitirá superar su crisis de escritora para proseguir con más firmeza en su profesión.
Adoptando un ritmo calmo y sereno y alejándose de una convencional narración, Miyake construye un bello poético y melancólico film demostrando la importancia de la conexión humana como medio de emerger de una incomunicación que en última instancia genera una frustrante soledad. Reforzando los valores de su trabajo, en los factores técnicos de producción el cineasta contó con la soberbia fotografía de Yuta Tsukinaga y el diseño sonoro de Takamitsu Kawai que asociándose armoniosamente al contenido del relato consiguen impactar al espectador.

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