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  • June 21, 2026 , 10:23pm

El ultra De la Espriella será el próximo presidente de Colombia, según el preconteo de votos

El ultra De la Espriella será el próximo presidente de Colombia, según el preconteo de votos

De la Espriella, durante un evento de campaña, en Buga, el 14 de junio.Jair F. Coll (Bloomberg)

  • El polémico abogado penalista vence al candidato de izquierda Iván Cepeda por menos de un punto (49,66% frente a 48,70%), alrededor de 250.000 votos. El aspirante oficialista reconoce el preconteo pero llama a esperar al escrutinio. Petro: “No se puede proclamar ninguno presidente

 

Colombia ha cerrado este domingo las elecciones más reñidas de su historia y ha elegido al ultraderechista Abelardo de la Espriella como su próximo presidente frente al candidato de izquierda Iván Cepeda, según el preconteo electoral. Este resultado preliminar ha arrojado una victoria del polémico abogado penalista por menos de un punto: con el 99,97% de las mesas contadas, De la Espriella sumó el 49,66% de los votos frente al 48,7% de Cepeda, una diferencia de unas 250.000 papeletas. El aspirante de la izquierda ha reconocido el preconteo, pero ha asegurado que no reconocerá el resultado hasta que se tenga el escrutinio definitivo y ha impugnado 33.000 de las 120.000 mesas electorales, el 27%. En la misma línea, el presidente, Gustavo Petro, aseguró que “ninguno se puede proclamar presidente”.

En la primera vuelta, la variación del resultado entre el preconteo y el escrutinio definitivo fue del 0,06%; en la segunda vuelta de hace cuatro años, fue del 0,11%; para dar la vuelta al resultado de este domingo, debería haber un cambio del 0,9%, lo que augura una victoria más que probable de De la Espriella, que fue felicitado por casi todo el espectro político de Colombia, a excepción del progresismo, y por los líderes americanos de ultraderecha, con Donald Trump a la cabeza.

De consolidarse esta proyección, De la Espriella se colocaría al frente de la cuarta economía de la región, uno de los pocos bastiones de la izquierda que se mantenían en América Latina. La reñida victoria deja a De la Espriella en un aprieto. Esperaba ganar con una diferencia amplia que reflejase un verdadero giro ideológico, y en cambio gobernará con el país partido casi por la mitad y sin un mandato claro. El lado perdedor tiene más margen del esperado para cuestionar el proyecto de De la Espriella y el ganador, mucho menos respaldo para imponer el giro radical que prometió. Tras finalizar el preconteo, la mitad de Colombia celebra en las calles la victoria, mientras la otra aguanta la respiración.

 

Seguidores de Abelardo de la Espriella celebran los resultados electorales del preconteo, en Barranquilla.                                       Foto Charlie Cordero (REUTERS)

 

Con un 63%, Colombia ha tenido una participación récord, la mayor de su historia. Los datos nulos y en blanco —cerca de 676.000— más que duplican la diferencia entre ambos candidatos. Las cifras tan ajustadas han mostrado de forma descarnada un país totalmente dividido y polarizado.

De la Espriella se dirigió primero a los colombianos en un video en el que habló de un “mensaje de unión”, pero también del “respeto absoluto” al voto de sus más de 13 millones de electores. Ya en Barranquilla, subido a una especie de papamóvil y metido en una pecera blindada, aseguró a los simpatizantes de Cepeda que respetará sus derechos y libertades: “Jamás tendrán que temer por pensar distinto. Mi propósito será ganarme su confianza con resultados, no con discursos”. Y advirtió: “Celebremos, pero encaremos aquellos que pretenden desconocer la decisión mayoritaria del pueblo colombiano”.

Ante sus militantes, Cepeda llamó al diálogo y habló de un país dividido. “Somos una fuerza indiscutible en Colombia”, proclamó en su primera aparición tras conocerse los resultados. “No hemos recurrido al disfraz”, señaló. “No hemos caído en la política espectáculo”, defendió en referencia a su campaña austera frente a la de De la Espriella. El candidato pidió serenidad ante el escrutinio, pero hizo también un llamado a las calles pensando en una futura presidencia que no será la suya: “No vamos a permitir, haciendo uso de la fuerza de la democracia, que retrocedan las conquistas sociales que hemos construido”.

Entre las reacciones internacionales destacó la del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, que terminó de apuntalar su apoyo a un candidato al que Trump había asegurado su “respaldo total” hasta en tres ocasiones en las últimas semanas. “La Administración Trump espera con interés colaborar estrechamente con su futuro Gobierno para impulsar la cooperación en materia de seguridad regional, poner fin a la inmigración ilegal hacia Estados Unidos y reforzar nuestros lazos económicos. A Colombia le esperan días mejores”, escribió en X.

La reñida victoria de De la Espriella, que esperaba ganar con una diferencia mucho mayor, augura un escenario convulso en el que el lado perdedor tiene más margen para poner en duda los resultados.

Si se apuntala la victoria de De la Espriella, Colombia dejará de ser la excepción que era en el continente. El país que en 2022 había elegido al primer presidente de izquierda de su historia moderna se suma ahora a la estela de liderazgos de derecha radical que gobiernan América Latina, prometiendo mano dura, ruptura con el sistema, recortes y soluciones en tiempo récord. La misma fórmula de Milei, Bukele y Trump.

 

Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo recorren Barranquilla en un vehículo antibalas, este domingo.                    Foto Rodrigo Abd (AP Photo/Rodrigo Abd)

 

Los resultados de El Tigre, como se hace llamar De la Espriella, más allá de ser una tendencia regional, no se entienden sin el voto de rechazo a Petro. El presidente termina su mandato con altos índices de popularidad, pero también de desaprobación. Importantes sectores de la clase baja y media que lo votaron se han cambiado de bando en estas elecciones, desencantados con su gobierno, mientras la animadversión de las élites iba in crescendo. El presidente deja cuatro crisis pendientes de solución: la expansión de los grupos armados, el déficit económico, el colapso del sistema sanitario y los escándalos de corrupción.

De la Espriella se vendió como un outsider, pero su victoria pasaba irremediablemente por los de siempre. Pese a su discurso de ruptura con el establecimiento, recibió el respaldo de varios clanes del poder tradicional que llevan décadas mandando en las regiones. Y eligió como vicepresidente a José Manuel Restrepo, exministro de Hacienda y Comercio de Iván Duque, economista de perfil técnico y apellido de tres presidentes en el árbol genealógico. Su equipo de Gobierno promete traer a Bogotá una nueva élite, pero no está claro que sea precisamente antiestablecimiento.

Sus casi 13 millones de votantes son una mezcla del voto de derecha tradicional, el del desencanto con la política establecida y el de rechazo a Petro y a la izquierda. Los reparos que llegó a despertar —incluso entre las élites— se fueron disipando en las últimas semanas, hasta contar con la simpatía de los grandes empresarios y financieros del país. Los resultados preliminares muestran, sin embargo, una Colombia mucho más dividida de lo que el propio relato de su campaña daba por hecho. Más de la mitad del país —contando los votantes de Cepeda, los votos nulos y en blanco— no lo quiere.

 

De la Espriella, durante un evento de campaña, en Buga, el 14 de junio.Jair F. Coll (Bloomberg)

 

La gran promesa de De la Espriella es la “patria milagro”: un país de valores tradicionales donde se opone al aborto, al matrimonio igualitario y a la adopción por parejas del mismo sexo. Sus burlas a las personas LGBTQ+ a lo largo de la campaña han alimentado el temor de que su gobierno suponga un retroceso en derechos que tardaron décadas en conquistarse. Un país, también, donde advirtió que iba a “destripar a las personas de izquierda” si llegaba al poder.

De la Espriella hereda un país difícil de gobernar, y lo hace sin la fuerza a la que aspiraba. El primer pulso será por la seguridad. Ha prometido enterrar la Paz Total, el plan de Petro de negociar con todos los grupos armados a la vez y desplegar un “plan de choque” de 90 días, lo que hace prever, según los analistas de riesgos, que las guerrillas y las disidencias no se van a quedar quietas: cabe esperar paros armados y ataques contra cuarteles e infraestructura, sobre todo en el suroccidente, el Catatumbo y el Pacífico.

Su programa inquieta a juristas y activistas. Promete diez megacárceles de máxima seguridad, fórmulas mágicas para recuperar la seguridad y la economía y una ofensiva militar contra los grupos armados de una escala que no se veía desde los gobiernos de Álvaro Uribe. Una estrategia que recuerda a la que el expresidente desplegó entre 2002 y 2010, que redujo la violencia, pero dejó un rastro de falsos positivos [ejecuciones de civiles por militares, para presentarlos como guerrilleros] y violaciones de derechos humanos.

Una de las claves de su triunfo fue precisamente la campaña. Videos con inteligencia artificial, bots, una red de influenciadores y miles de millones de pesos en ruido digital construyeron una presencia virtual masiva. A eso se sumó una gira de eventos públicos en las principales ciudades en los que De la Espriella aparecía solo, rodeado de un fuerte esquema de seguridad, entre pólvora y música, como un showman ante miles de simpatizantes. La fórmula opuesta a la de su principal rival, que lideró una campaña sobria y sin sobresaltos hasta que ya era demasiado tarde para cambiarla.

Su popularidad pasó por encima de los múltiples escándalos acumulados durante sus años como abogado, que volvieron a aflorar durante la campaña. No le pasó factura haber sido defensor de jefes del paramilitarismo y el narcotráfico. Ni las denuncias de sus propios clientes que lo acusaron de engañarlos y llevarse su dinero. Ni haber representado en procesos penales al multimillonario Alex Saab, señalado como testaferro de Nicolás Maduro y entregado por el chavismo a Estados Unidos hace tan solo unas semanas.

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