Una Francia pasada por agua brilla con un doblete de Mbappé
Una Francia pasada por agua brilla con un doblete de Mbappé

Kylian Mbappé festeja el segundo gol contra Irak, en el Estadio Philadelphia, este lunes. Foto Hannah Peters (FIFA vía Getty Images)
- El partido fue suspendido durante dos horas por amenazas de tormenta. Dembelé cierra la cuenta
Una fenomenal tormenta obligó a suspender durante dos horas el partido disputado entre Francia e Irak este lunes en Filadelfia. La lluvia no quiso perderse la fiesta francesa, que derrotó por un contundente 3-0 a la selección dirigida por el australiano Graham Arnold, con un doblete de la estrella francesa Kylian Mbappé, que mantiene así viva la carrera goleadora con Leo Messi. El argentino ha convertido cinco tantos y el francés lleva cuatro en los dos primeros partidos: ambos compiten para ser el mayor goleador histórico de los Mundiales, un récord que ahora ostenta el argentino.
La intensa lluvia y la amenaza de rayos disputaron el protagonismo a las estrellas francesas. La meteorología es un factor que influye en estas latitudes. La FIFA lo sabe, pero asumió el coste a riesgo de deslucir un espectáculo al que le cuesta echar raíces en Estados Unidos. Ya ocurrió el verano pasado durante la disputa del Mundial de Clubes y no iba a ser menos en el mayor campeonato de selecciones de fútbol de la historia.
Ocurre con Francia que tiene tanto talento arriba que los aficionados esperan que resuelva sus partidos con brillantez en lo que dura un parpadeo. Pero en este Mundial ningún equipo va a poner las cosas fáciles; que se lo digan si no a los chicos de Luis de la Fuente con Cabo Verde. Francia jugó con más profundidad que en su estreno mundialista contra Senegal, hace seis días. El equipo tuvo más movilidad y demostró su poderío gracias a los cambios introducidos de inicio por Deschamps, que ha dirigido a la selección francesa en cuatro mundiales. Enfrente tuvo a Irak, un equipo sin un gran historial mundialista, que se deshizo cuando regresó del parón por la tormenta.
A veces, los Bleus solo necesitan un destello de genialidad para liquidar un encuentro anodino como el que estaban disputando este lunes contra Irak en Filadelfia. Un enfrentamiento marcado por la amenaza de tormenta eléctrica que obligó a suspenderlo durante poco más de dos horas. Precisamente, un chispazo de Mbappé sirvió para abrir el marcador en el minuto 14 del partido antes de que se abrieran las aguas sobre la ciudad en la que se firmó la declaración de independencia de Estados Unidos. Desde la esquina derecha del área, el delantero del Real Madrid conectó un potente zurdazo al palo largo que permitió adelantarse a los chicos de Deschamps. Se le pueden reprochar algunas cosas al chico criado en Bondy, pero su sobresaliente capacidad goleadora está fuera de toda duda. Este lunes, empató con el alemán Miroslav Klose como el segundo jugador más goleador de los Mundiales, solo por detrás de un tal Messi. Pero es que el jugador del Madrid ha hecho 16 goles en 16 partidos.

Hussein Ali en acción contra Kylian Mbappé, este lunes. Foto OMAR AZIZ (REUTERS)
Los cambios realizados por Deschamps aportaron más ritmo al equipo y despejaron las dudas del primer partido. En ese estreno, el equipo no empezó a carburar hasta que apareció la sociedad Mbappé-Olise. Un tándem que este lunes conectó desde el principio. El joven del Bayern partía algo más retrasado, pero se descolgaba con facilidad filtrando pases peligrosos al delantero del Madrid.
El entrenador nacido en Bayona dejó en el banquillo al joven Desiré Doué para dar más profundidad a la banda izquierda con Bradley Barcola. En el centro del campo dejó en el banquillo a Aurélien Tchouaméni, quien arrastraba ligeras molestias, para dar entrada al centrocampista rocoso de la Roma, Manu Kone, una especie de Camavinga con más orden. Lucas Digne, con más rigor táctico, salió de inicio en lugar del lateral Theo Hernández.
Golazo de Mbappé
Tras el primer gol de Mbappé en la primera parte, cuando parecía que el combinado dirigido por Didier Deschamps iba a desatar una tormenta sobre la selección iraquí, el agua cayó del cielo. A la media hora de juego se apagó todo el juego de Les Bleus durante las más de dos horas que el juego estuvo suspendido por la FIFA. Las gradas se vaciaron hasta que pasó la amenaza eléctrica. Los aficionados esperaron pacientemente durante un buen rato a resguardo, pero al fin la fiesta volvió a las gradas al ritmo de una versión animada de la canción Hey Baby! de Bruce Channel y Living on a Prayer de Bon Jovi.
Francia demostró que es un equipo cuajado de estrellas. Probablemente es el equipo más talentoso de entre las 48 selecciones que compiten en el torneo. Ha disputado cuatro de las últimas siete finales del Mundial y ha engendrado a algunos de los futbolistas más poderosos del último cuarto de siglo. La nueva generación busca recuperar la corona ocho años después. Arriba tiene una velocidad de vértigo, pólvora y colmillos afilados. Los que saben solo recuerdan un equipo con más quilates en este siglo: la Brasil ganadora del Mundial de 2002, con Ronaldo, Ronaldinho y Rivaldo. Ahora los tres mosqueteros son tres chicos franceses que derrochan genialidad: Ousmane Dembelé, Kylian Mbappé y Michael Olise. Al fabuloso trío de espadachines se puede añadir un joven D’Artagnan en la figura del genial Desiré Doué, que no fue de la partida inicial, aunque entró por Dembelé mediada la segunda parte.

Ousmane Dembelé (7) celebra con Kylian Mbappé (10), después del segundo gol ante Irak.Petr David Josek (AP Photo/Petr David Josek)
Irak no es Senegal. Es un equipo más ordenado, más compacto y, aunque tiene una propuesta de juego básica: balones largos a ver qué pesca, tuvo más orden hasta el descanso. No se puede pedir más a un equipo cuyo mejor jugador es Aymen Hussei, un tipo espigado que juega en el Al Karma de la liga de su país, y a Merchas Doski, un menudo alemán de origen, con ciertos galones en el Viktoria Plzen checo.
La segunda parte fue un monólogo francés. El equipo iraquí se vino abajo tras el descanso y encajó dos goles: uno de Mbappé tras fallo de la defensa, y otro de Dembelé tras una arrancada desde la derecha. El jugador del PSG parece entender el fútbol mejor que cuando estaba en el Barça. Ve los espacios, comprende los ritmos y exhibe más jerarquía después de haber pasado por la pizarra de Luis Enrique.
Francia es una clara aspirante al título. Se le reprochaba un problema de equilibrio. Con una delantera estelar y un mediocampo de hormigón poco creativo. Pero Deschamps ha encontrado en Olise a ese jugador capaz de traspasar líneas con su velocidad y sus pases. Mbappé y Dembelé presionaron más que en el primer partido. Esta Francia pasada por agua luce reluciente.

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