Sin cheque en blanco: el reto de Abelardo de la Espriella de gobernar con medio país en contra
Sin cheque en blanco: el reto de Abelardo de la Espriella de gobernar con medio país en contra

Manifestantes de izquierda protestan a favor de Iván Cepeda, en Bogotá, el 22 de junio. Foto Sergio Acero (REUTERS)
- El margen de la victoria del ultraderechista sobre el izquierdista Iván Cepeda limita el impulso para el inicio de su mandato
Abelardo de la Espriella, ganador de las elecciones presidenciales de Colombia según el preconteo, apareció este domingo vestido con la camiseta de la selección en una pecera blindada. Miles de seguidores con banderas y uniformes de Colombia lo homenajeaban en una plaza de Barranquilla, un animador agitaba a la masa, las canciones de campaña atronaban por los altavoces, la gente gritaba, pero aun así la euforia estaba contenida. La victoria arrolladora que esperaban no lo fue.
De la Espriella ganó al candidato de izquierdas, Iván Cepeda, por poco más de 250.000 votos, menos de un punto porcentual. “Voy a gobernar para todos los colombianos, para quienes votaron por mí y para quienes votaron a otro candidato”, proclamó De la Espriella. Ganó, pero el estrecho margen dibuja un país partido en dos que no respalda de forma mayoritaria su proyecto: la suma de los votos de Cepeda y de los votos en blanco revela que más de la mitad del país no lo quiere como presidente.
El ultraderechista parte con un apoyo abundante en votos; casi 13 millones, la mayor votación en la historia de Colombia y algo así como uno de cada cuatro habitantes del país. Pero es un estrecho margen, cuando la oposición de izquierda incluso creció en los cuatro años de mandato de Gustavo Petro, pues Cepeda obtuvo 1,5 millones de votos más que el saliente presidente. Para un presidente que postula convertir a Colombia en una “patria milagro” tras cambiar las políticas en casi todos los frentes, es un margen pequeño.
La polarización y la emoción han sido la gran marca de esta campaña. Los colombianos fueron a votar este domingo entre la rabia y el miedo a uno y otro candidato. El país venía partido en dos desde la primera vuelta del 31 de mayo, pero nadie esperaba un resultado tan ajustado. Por la noche se produjeron algunas protestas en Cali y Bogotá contra De la Espriella, pero no la convulsión social que se temía.
Muchos aún aguantan la respiración porque los resultados no serán vinculantes hasta que las comisiones escrutadoras publiquen las cifras oficiales. La campaña de la izquierda ha impugnado 33.000 mesas, el 27% del total, pero hasta ellos dan por descartado que haya cambios lo suficientemente relevantes como para alterar el resultado. Gustavo Petro, sin embargo, volvió a sembrar dudas sobre las cifras. Dijo que esperaría el escrutinio para reconocerlas y mantuvo el tono desafiante de toda la campaña. Está por ver todavía quién será el líder opositor a De la Espriella a partir del 7 de agosto, si Cepeda o un Petro que no quiere soltar el protagonismo.
La división se ve en el mapa. De la Espriella ganó en el corazón andino: Antioquia, donde sacó más de un millón de votos de ventaja y que fue la región que impulsó su triunfo, además de Santander y Norte de Santander, donde rozó el 65% y el 77%. Cepeda se quedó con las periferias y varias de las grandes ciudades. Arrasó también en el Pacífico —81% en Chocó, 77% en Nariño, 75% en Cauca— y en buena parte del Caribe y la Amazonía. Bogotá le dio una ventaja ajustada, el 52%, pero el departamento que la rodea, Cundinamarca, votó por De la Espriella. Dos departamentos que comparten cordillera y apenas se tocan.
De la Espriella llegó a las clases medias y bajas y arrasó en el voto del exterior, pero sobre todo se impuso entre los empresarios y la élite del país. Cepeda se quedó con los movimientos sociales, con los jóvenes, que desconocen el pasado, que llenaron las calles en las últimas semanas y con el voto indígena —su fórmula vicepresidencial, Aída Quilcué, es una analfabeta líder indígena—.
La división también la marcan los de fuera. Donald Trump celebró el resultado: ¡Felicitaciones a “El Tigre”, Abelardo de la Espriella, el nuevo presidente de Colombia! Fue un gran honor para mí brindarle mi apoyo, y espero trabajar juntos para construir una relación sólida entre Colombia y los Estados Unidos de América, que traerá nuevos niveles de grandeza para ambos países”. Y el argentino Javier Milei lo saludó con un “El león y el tigre rugen en Latinoamérica”. Enfrente quedó una izquierda regional que seguía la noche colombiana con inquietud. El balotaje se leyó en clave continental: una pieza más del giro a la derecha que recorre el hemisferio.
Colombia deja de ser la excepción que era en el continente junto a México y Brasil. El país que en 2022 había elegido al primer presidente de izquierda de su historia moderna se suma ahora a la estela de liderazgos de derecha radical que gobiernan América Latina prometiendo mano dura, ruptura con el sistema, recortes y soluciones en tiempo récord. La misma fórmula de Milei, Bukele y Trump. De la Espriella es ahora un tigre más en la manada, pero con menos apoyo popular que cualquiera de ellos.
Tras meses de amenazas y descalificaciones, De la Espriella bajó ligeramente el volumen de la agresividad que había desplegado durante toda la campaña. Sus casi 13 millones de votos le permiten gobernar, pero no aplicar la ruptura radical que prometía frente al proyecto de izquierdas de su antecesor, Gustavo Petro. Al menos sin que se cuestione su legitimidad o que le responda la furia de las calles. “La democracia funciona cuando el pueblo decide libremente; sus libertades serán protegidas, sus derechos respetados y sus opiniones escuchadas”, concilió. Pero El Tigre, como se hace llamar, no soltó del todo la presa. A Cepeda le reconoció el derecho a la oposición, aunque con condiciones —tendrá garantías “siempre y cuando sea dentro del marco legal”— y lo amenazó si alentaba la movilización en su contra: “Ya usted sabe lo duro que muerde el tigre”. A quienes, según él, llevan años sembrando el terror, les advirtió que su tiempo se acabó.
“No nos asustan los rugidos”, le respondió Cepeda este lunes. El candidato del Pacto Histórico —hijo de Manuel Cepeda Vargas, el líder de la Unión Patriótica asesinado en 1994— reconoció el preconteo como un dato aún no oficial ni vinculante y llamó a la serenidad mientras se confirman los resultados. Cepeda reivindicó la diferencia más estrecha de cualquier segunda vuelta en la historia del país y los casi tres millones de votos más que logró respecto a la primera ronda. A El Tigre le ofreció lo contrario de una pelea: un acuerdo nacional.
A pesar de la mano tendida y de que el Pacto Histórico de Cepeda es la mayor bancada del país, no parece que vaya a haber acuerdo. De la Espriella y Cepeda comparten visiones antagónicas de país. El primero defiende el puño de hierro como Nayib Bukele en El Salvador y el segundo, se escuda con los derechos humanos. De la Espriella promete recortar el Estado, mientras Cepeda apuesta por fortalecerlo sin explicar cómo.
De la Espriella proclama reducción de impuestos, ofensiva bélica contra los grupos armados, legalización del porte de armas y el éxito del que él presume como abogado y empresario. A lo largo de la campaña, condensó su proyecto en dos apuestas: seguridad total y crecimiento económico acelerado, en contraste con las fallidas negociaciones de paz de Petro y el abultado déficit fiscal que deja su gobierno.
El presidente electo ha prometido que firmará 90 decretos —que no deben pasar por el Congreso— el mismo 7 de agosto, cuando tome posesión. Serán medidas en educación, salud y seguridad, aunque ya ha explicitado una de ellas: la fumigación de las 330.000 hectáreas de coca que hay en el país. También ha prometido la construcción de 10 megacárceles en zonas alejadas de las grandes ciudades y capturar a 10 de los máximos cabecillas de los grupos armados al margen de la ley que actúan, matando y secuestrando ciudadanos en Colombia.

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