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  • June 27, 2026 , 09:05am

El éxodo de 80 años de los siekopai para recuperar su lugar en la Amazonía

El éxodo de 80 años de los siekopai para recuperar su lugar en la Amazonía

Plantón de la nacionalidad Siekopaai frente a la Corte Constitucional de Ecuador, el 23 de junio. Foto KAREN TORO

 

  • La comunidad indígena batalla contra el olvido del Estado ecuatoriano, que mantiene en el limbo una sentencia histórica que les otorga la titularidad de su territorio ancestral

 

Uno de los hombres grita frente a la Corte Constitucional en Quito: “¡Viva Siekopai!” El resto responde: “¡Viva, Pë’këya!”.

Algunos tienen su rostro pintado con achiote; otros usan sus coronas con plumas rojas y amarillas. Un grupo de mujeres teje coronas de palma y otros extienden los carteles con la frase: “Pë’këya es memoria y vida” sobre el asfalto. Abuelos, jóvenes y niños han viajado casi un día entero desde el norte de la Amazonía para exigir la titulación de su territorio y regresar a la tierra donde nacieron.

“Esta nación viene luchando 80 años para regresar al territorio”, dice Justino Piaguaje, dirigente de territorio de la nacionalidad Siekopai, delante de todos sus compañeros antes de ingresar al edificio de la Corte. En 1941, los siekopai —una de las 14 nacionalidades indígenas en Ecuador— fueron expulsados de Pë’këya tras la guerra entre Ecuador y Perú. Pero, en 2023, una sentencia de segunda instancia reconoció su derecho sobre su territorio —localizado dentro de la Reserva Faunística de Cuyabeno—, una de las áreas protegidas más importantes de la Amazonía ecuatoriana.

El fallo marcó un precedente histórico: fue la primera vez que el país andino reconoció la posesión de una nacionalidad indígena de un territorio declarado área protegida. Lo que parecía una buena noticia dejó de serlo. “Desde 2023 hemos estado exigiendo que se cumpla la sentencia”, dice Justino Piaguaje. Para los siekopai, Pë’këya, su territorio, representa la memoria de sus ancestros, la preservación de su cultura.

 

Justino habla durante un mitin en Quito, Ecuador.                         Foto KAREN TORO

 

Justino Piaguaje, cuyo nombre en realidad es Piankuri —que significa pájaro brillante en paikoka, el idioma de los Siekopai—, recuerda el momento en que se enteró de la sentencia. Estaba en su comunidad: “Las lágrimas se me fueron porque me acordé de la lucha de mi abuelo Cesario”, recuerda. Piaguaje es la tercera generación que intenta volver a Pë’këya. En el camino, varios ancianos han muerto sin cumplir el regreso a sus tierras.

El desplazamiento por la guerra entre Ecuador y Perú dividió a los siekopai, separó familias y fragmentó su territorio. Algunos quedaron en el lado peruano y otros en el ecuatoriano. Hoy, viven apenas 800 siekopai en Ecuador y cerca de 2.000 en Perú. Después de la guerra, unas pocas familias lograron quedarse a vivir en la zona. Pero, en 1979, con la declaración de área protegida a la Reserva Faunística de Cuyabeno, todos fueron obligados a abandonar Pë’këya.

Una de las pocas personas que creció en Pë’këya es Rosa Piaguaje, de 55 años. Sus primeros recuerdos son junto a sus padres: “Podíamos caminar libres, remar por el río y alimentarnos de las frutas”, relata, con ayuda de una intérprete, antes de ingresar a la Corte para reunirse con los asesores de los jueces. Cerca de Rosa está Elías Payahuaje, de 70 años. Sus padres fueron de las últimas familias que nacieron y habitaron el territorio. Solo uno de sus hermanos nació en Pë’këya; el resto nació fuera de la zona.

 

Rosa Piaguaje en Quito, Ecuador, el 23 de junio.                           Foto KAREN TORO

 

Para las memorias más jóvenes, los recuerdos son difusos. Solo se sostienen en relatos transmitidos por sus abuelos o en visitas esporádicas a la zona. Milena Piaguaje, de 22 años, conoció, por primera vez, Pë’këya a los nueve años. “Pensaba que al territorio ancestral solo se podía entrar espiritualmente y no físicamente, por las historias que le narraban de niña”, dice. Una de las historias que más le impactó fue la de los seres acuáticos y cómo sus antepasados del territorio se conectaban con estas criaturas.

Aferrados a la memoria

Hasta ahora quedan solo una veintena de abuelos siekopai. Solo tres lograron nacer en el territorio. Con ellos, la memoria de toda una nacionalidad se aferra a perdurar al paso del tiempo. Davixon Lusitande, de 27 años, es otro de los más jóvenes. Viste una tradicional túnica azul, corona de colores y una pluma atravesada en la nariz. Admite que quiere ir al territorio a vivir para preservar las costumbres y evitar su desaparición. “Quiero que los abuelos descansen en paz. Ojalá estén felices cuando regresemos”, dice.

La sentencia que reclaman es histórica. Debía cumplirse en un plazo de 45 días, pero han pasado tres años y sigue sin ejecutarse. El fallo obliga al Ministerio de Ambiente a adjudicar 42.360 hectáreas dentro de la Reserva Cuyabeno, entre las que se encuentra el territorio de Pë’këya. Además de dejar sin efecto los convenios de uso de suelo con otras comunidades y ofrecer disculpas públicas a la nacionalidad Siekopai. Ninguna de ellas se ha cumplido hasta la fecha. Las excusas han sido varias.

 

César Piaguaje pinta el rostro de un hombre durante un plantón Siekopaai, en Ecuador. Foto KAREN TORO

 

Jorge Acero, parte del equipo legal de Amazon Frontlines —organización que defiende los derechos de los pueblos indígenas—, explica que el principal pretexto del Ministerio de Ambiente es la falta de una norma específica que fije cómo debe ser el proceso de titulación de territorios indígenas dentro de áreas protegidas. Pero aclara que para cumplir con la sentencia no es necesaria una ley, sino un acuerdo ministerial, que puede ser emitido por el mismo ministerio.

Justino Piaguaje cuenta que, durante el proceso, les ofrecieron la titulación de otra zona. “El Ministerio del Ambiente decía: ‘Justino, en las cabeceras del Cuyabeno existen más de 50.000 hectáreas, ¿por qué no vienen para acá? Son tierras más cultivables”, cuenta Piaguaje. Pero la respuesta de los siekopai fue la misma: “Toda nuestra existencia está en Pë’këya”, señala. No es el único. Los abuelos de Milena Piaguaje siempre hablaban de regresar al territorio. Su abuela creció allí, pero, al igual que otros, fue obligada a abandonarlo. Milena espera que puedan regresar pronto. “Muchos abuelos nos están dejando y con ellos ese conocimiento de Pë’këya”, cuenta.

Los intentos por cumplir la sentencia se han prolongado año tras año. En 2025, hubo dos audiencias de seguimiento. En la primera, casi un año después del fallo, el Ministerio de Ambiente reconoció el incumplimiento de las medidas de reparación y estableció un cronograma. También entregó un borrador de resolución de adjudicación del territorio. Los Siekopai hicieron observaciones para que fueran consideradas y se enviara un nuevo documento. El ministerio no volvió a responder.

 

Plantón en exigencia de la titularidad del territorio ancestral Pëkëya, en Quito. Foto KAREN TORO

 

Y, en la segunda audiencia, el Ministerio no se presentó. “Este tipo de sentencia es un mero papel si las medidas de reparación no se cumplen”, zanja Acero. En noviembre de 2025, los Siekopai presentaron una acción de incumplimiento ante la Corte Constitucional —máximo tribunal de Ecuador—. “Lo que se le dice a la Corte es que no se ha cumplido la sentencia, por lo que continúa la vulneración de derechos”, subraya.

Tras la reunión con la Corte Constitucional, unos 70 siekopai salen del edificio. Las noticias son alentadoras: los asesores de los jueces se comprometieron a priorizar el caso. Pero la jornada no terminó ahí. Ocho representantes acudieron al Ministerio de Ambiente, la institución que debe entregar la titulación de Pë’këya. El ministerio aseguró que cumplirá la sentencia y fijó una nueva fecha de reunión para definir los próximos plazos.

Al final de la jornada, un grupo regresa a la Amazonía, pero no a su territorio. No vuelven con la titulación de Pë’këya, pero sí con la promesa de exigir sus derechos. Después de 80 años de despojo, esperan que el Estado les devuelva sus tierras y que la sentencia deje de ser letra muerta. “El siekopai lucha por su espiritualidad, por su cosmovisión, por su historia”, finaliza Justino Piaguaje.

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