España recupera la magia ante Austria
España recupera la magia ante Austria

Oyarzabal abraza a Álex Baena tras marcar el primer gol. Alejandro Ruesga
- La Roja se clasifica para los octavos después de imponerse con autoridad a una pobre selección austriaca con un partido brillante, otra vez a altas revoluciones, en el que Oyarzabal anotó un doblete
España no se había olvidado de España. Quizá ha tardado algo más de lo esperado en recuperar las instrucciones de montaje de ese equipo que ha deslumbrado en cualquier escenario en los últimos dos años. Pero los automatismos, el talento y la ambición seguían ahí. Tal vez a la espera de los cruces para activarse, que es lo que se vio en Los Ángeles: un ejercicio de autoridad con el que superaron la primera eliminatoria mundialista en 16 años y pusieron rumbo a los octavos de final el próximo lunes en Dallas (21.00, La1 y Dazn). La Roja dejó en nada a Austria. Voló otra vez la pelota, se reactivaron las conexiones entre el centro y las bandas, y Oyarzabal marcó otros dos goles y ya lleva cuatro y una asistencia. España no se había olvidado de España.
La criatura, tan temida en el torneo, ha despertado. Tras pasar al equipo por el breve laboratorio de la fase de grupos, Luis de la Fuente se lanzó a los cruces con el once que más ajustado ha lucido. Volvió a los que arrasaron a Arabia Saudí en un primer cuarto fulgurante, con Porro por Llorente en el lateral derecho y Olmo en el centro en lugar de Merino. La maquinaria ya se desenvuelve sin chirridos, más engrasada, reajustada después de lo trabajoso que resultaron los primeros encuentros. Poco a poco ha regresado la armonía. El entusiasmo, incluso.
Austria puso lo que tiene, orden y energía, convencidos siguiendo la libreta de Rangnick. Les sirvió durante un breve tramo inicial en el que España tanteó el escenario, revisando lo que proponía el rival. Y lo que había era una estructura muy compacta instalada en el medio, donde la Roja suele juntarse a cocinar. Allí congregó también el técnico alemán a sus efectivos, alerta para lanzarse hacia Unai Simón si recuperaban la pelota.

Pedro Porro anota el segundo gol de España. Alejandro Ruesga
Mientras la red austriaca mantuvo la tersura, al pelotón de De la Fuente le resultaba complicado maniobrar. Apenas aparecían Pedri y Olmo, especialistas en estancias comprimidas. De momento, aquello era demasiado incómodo. De momento, España tenía abierto a la derecha a Lamine Yamal, que probaba a mezclar con Porro, cada vez mejor socio del azulgrana, para desactivar la vigilancia de Laimer y Sabitzer. Lamine va siempre hacia delante, siempre un reto para su pareja del día, un acertijo con millones de salidas, académicas o ingeniosas.
La insistencia en el desafío por allí y la persistencia en el dominio del medio, con Rodri alternando rumbos, iban desgastando a los austriacos. Se les abrían las costuras bajo el peso del monólogo de España. Miraban el correr del balón, más fluido que los últimos partidos, y empezaban a llegar un poco más tarde a lugares donde ya tocaba un tipo con camiseta roja. Pedri y Olmo se hacían con el centro, cada vez menos tupido.
Y entonces se produjo el clic: esa unidad central conectó con la de Lamine por la derecha y la de Baena por la izquierda y Austria supo que ya no tenía remedio. Apenas alguna contra. Poca cosa, porque Cubarsí y Laporte despacharon una función con mucho cuerpo, tal vez los dos jugadores más consistentes de la selección en lo que va de torneo.
El actor Javier Bardem, junto a su esposa, la actriz Penélope Cruz, y la cantante Rosalía, celebran en las gradas el pase de España a octavos de final del Mundial tras el partido.JESSIE ALCHEH (IMAGN IMAGES via Reuters)
El primer aviso de que se habían activado las conexiones de la España inalcanzable fue un tiro de Olmo bloqueado por un defensa dentro del área. Luego, un recorte imposible del azulgrana en la misma zona caliente. Cuando destella en esas zonas su cabeza tintada de rubio es señal de que llega lo bueno.
Cucurella marcó después de un córner, pero el árbitro anuló el gol alegando ver al portero acuciado por Cubarsí, Rodri y Laporte. Dio igual. No había vuelta atrás. Estaba a punto de asomar también Oyarzabal. Cruzó un primer disparo que alcanzó Schlager con una estirada al límite. Tejían miniaturas a la misma velocidad a la que se destejía el armazón austriaco.
En la siguiente escena, Pedri miró a Baena, que dejó seguir el pase hasta Cucurella. El lateral avistó a Oyarzabal en el área y, esta vez sí, el delantero de la Real acertó en la red. Era el comienzo de la cuesta abajo. Baena, muy acertado por la izquierda, alternativa solvente ante la ausencia de Nico Williams, tiró una falta al larguero y Lamine reventó el rebote contra la barriga del portero.
El futbolista del Atlético funciona mejor con De la Fuente que con Simeone. El seleccionador siempre ha entendido cómo exprimir su talento. Y él ha comprendido con claridad cómo acoplarse a las maquinarias que ha construido el técnico desde las categorías inferiores. Baena parece más liviano, más atinado y más feliz con la selección. El juego no discurría solo por el pasillo evidente que domina Lamine. El rojiblanco abrió a La Roja la vía izquierda en sociedad con el madridista Cucurella.
Esa fue la senda del segundo gol. Olmo, un fijo en todos los momentos con picante, probó un tiro lejano que bloqueó un defensa. Cucurella rescató la pelota y abrió a Baena, que se generó un espacio en el área, cerca de la línea de fondo, desde donde sacó un centro que terminó cabeceando Porro. Otra vez la ruta virtuosa: algo que nace en el centro y se remata por las bandas, esta vez con los laterales. Hasta el final, servido con otro pase de Cucurella y el segundo gol de Oyarzabal. El lazo al equipaje de España hacia los octavos de final en Dallas el lunes.

Mikel Oyarzabal marca el tercer gol de España ante Austria.Mark J. Terrill (AP Photo/Mark J. Terrill)

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