“Los europeos no entienden a los votantes de Trump: sí ven su corrupción, pero creen más graves otros problemas”
“Los europeos no entienden a los votantes de Trump: sí ven su corrupción, pero creen más graves otros problemas”

Christopher Caldwell, el 2 de junio, en las Jornadas del Cercle d’Economia en Barcelona. GIANLUCA BATTISTA
- El analista conservador, una de las firmas de referencia de la extinta ‘Weekly Standard’, afirma que la Guerra de Irán es el gran punto de inflexión del mandato del ególatra republicano
Christopher Caldwell (Lynn Massachusetts, 64 años) es un veterano analista político conservador estadounidense.
Firma de referencia de la extinta revista The Weekly Standard, una suerte de Biblia de los republicanos que cerró en 2018, ha escrito libros como Reflections on the Revolution in Europe: Immigration, Islam and the West o The Age of Entitlement: America Since the Sixties. Hoy es colaborador habitual en la sección de Opinión de The New York Times y ha sido columnista de Financial Times. Caldwell, a su paso por España con ocasión de la reunión anual del Cercle d’Economia en Barcelona, analiza las complicadas relaciones entre la Administración de Donald Trump y los aliados europeos. También, el impacto que causará en la política doméstica la guerra de Irán, que considera un parteaguas de toda su era. La conversación tiene lugar antes del anuncio de tregua.
Pregunta. Usted dice que la guerra de Irán es el gran punto de inflexión para el declive de Trump. ¿Por qué?
Respuesta. Lo es por dos razones. La primera, es que su promesa de no seguir entrando en guerras lejanas fue crucial para su primera campaña presidencial, de 2016, es la forma en la que él se presentó al pueblo americano y esto fue muy importante para mucha gente que le votó. Llegó a describir a George W. Bush como un criminal de guerra. Y el otro problema es que la gente recuerda el Gobierno de George W. Bush y que, después de ir a la guerra con Irak, toda la agenda doméstica quedó parada. Y la gente piensa que hay problemas mayores [que Irán] en Estados Unidos.
P. ¿Cómo valora el impacto que le puede causar en las elecciones a la Cámara de Representantes y el Senado de noviembre? Siempre hay desgaste para el partido del presidente en esos comicios, pero, ¿espera un rechazo mayor del habitual para los candidatos republicanos como consecuencia de Irán?
R. Todas las encuestas sitúan a los republicanos cerca de perder la Cámara de Representantes y cada vez más cerca de hacerlo también con el Senado, pero dada la baja popularidad de Trump, es raro que los sondeos no sean peores. Habrá factura. Trump ya pasó unas elecciones de medio mandato muy malas en 2018, al igual que Obama en 2010.
P. En Europa, mucha gente se pregunta qué ha pasado con el Partido Republicano, el Partido de Abraham Lincoln.
R. Hemos vivido cambios estructurales profundos en Estados Unidos, hemos pasado de una economía industrial manufacturera, de producción en masa, a una economía de información, la economía se ha movido de las factorías a los laboratorios y las universidades.
En esa economía, los demócratas se han convertido en el partido de la élite y mucha gente que se queda fuera de ella está votando a Trump. Algo que no entienden los europeos es que los estadounidenses ven a Trump exactamente igual a cómo lo ven ellos, no son ciegos a sus defectos. Los votantes de Trump saben que es un hombre con poca capacidad de atención y entienden la corrupción que tiene, sobre todo en este segundo mandato. Pero hacen un diagnóstico diferente de cuán serio es cada problema, en lo serios que son los problemas de desigualdad e inmigración masiva. También están muy alarmados con los cambios culturales, no les gusta el movimiento trans, no les gustan las operaciones de adolescentes para extirpar sus pechos o que haya hombres en competiciones deportivas femeninas. Se toman esto muy en serio y hacen un balance [de sus prioridades].
P. Los mensajes del vicepresidente, JD Vance, sobre Europa hace un año en la Conferencia de Múnich resultaron muy hostiles. Este año, el secretario de Estado, Marco Rubio, resultó más suave en formas, pero no en fondo. ¿Cree que Washington tiene algo de razón en sus quejas sobre los aliados europeos?
R. Creo que se malinterpretó a Vance y que su objetivo era tender nuevos puentes en Europa, creo que la Administración de Trump es más empática con Europa de lo que los europeos tienden a creer. Hay que recordar el contexto de aquellas palabras, Vance estaba alertando sobre las elecciones de Rumanía, donde un candidato populista [Călin Georgescu, que no venció finalmente] parecía están ganando y su argumento era que La Unión Europea estaba privando a EE UU de aliados en Europa. Los europeos no entienden que Estados Unidos quiere mantener su alianza con Europa en los mismos términos, aunque eso no sea siempre lo que parece por las palabras del presidente.
P. ¿Cree que tiene razón en su trifulca sobre el comercio?
R. En cuanto al comercio, creo que el argumento de que Estados Unidos se ha desindustrializado en exceso ha triunfado, la gente cree que debe hacerse algo para impulsar la capacidad industrial y una forma tradicional de proteger esa capacidad son los aranceles, así que la gente estaba dispuesta a aceptarlos. El problema es que lo hizo de forma arbitraria y esos gravámenes no están funcionando a la hora de promover la reindustrialización.
P. Pero no parece que las fábricas alemanas tengan la culpa de la desindustrialización de Estados Unidos.
R. No, pero la idea es que un arancel va a hacer más favorable el clima para invertir en EE UU, lo que pasa es que también necesitas un sistema estable y no lo tenemos. Aun así, en general el argumento del proteccionismo se ha aceptado, por ejemplo, Biden mantuvo los aranceles de China.
P. ¿Comparte las críticas sobre la contribución de la OTAN?
R. Se pueden decir cosas similares a las del comercio. El argumento de que los miembros de la OTAN deben invertir más en armamento vencido, salvo en España, claro. Y creo que ese argumento se encontró con un deseo europeo para ese rearme. Aunque no lo digan, los europeos ven esta como una gran oportunidad de emanciparse de la tutela americana, de ser un poco más independientes. Así que ese argumento ha ganado. No obstante, la petición a los países de la OTAN de entrar en una guerra que se había mantenido en secreto para ellos ha sido basura, por supuesto.
P. Usted ha llamado a Trump errático. Se le ha llamado también populista, demagogo, autoritario. ¿Cómo le describiría usted?
R. Creo que populista es una buena manera. En Estados Unidos, en la política moderna hay dos polos, populistas y elitistas y ninguno de ellos suele usar ese término para describirse a sí mismo.
P. ¿Es usted pesimista sobre el legado de Trump, no solo en Estados Unidos, sino en los países occidentales?
R. Tengo preocupaciones, pero creo que el interludio de Trump es probable que termine porque, sencillamente, no tenemos a mucha gente como Trump. Las partes populistas de su programa, la idea de que la gente del mundo rural y del mundo industrial debería estar más incluido en el país se van a quedar. Las dificultades con Trump vienen de su impredecibilidad, sus cambios, su vanidad, su corrupción… Eso no puede durar. No tenemos otros políticos así, de modo que, bien será reemplazado [en el Gobierno] por un demócrata, o bien por un republicano de personalidad totalmente diferente.

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