El empalme de Petro y De la Espriella, un poco de nunca y otro poco de siempre
El empalme de Petro y De la Espriella, un poco de nunca y otro poco de siempre

Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo recibieron su credencial como presidente y vicepresidente, en Bogotá, Colombia. Foto MARIANO VIMOS
- La transición en el Gobierno colombiano inicia entre tensiones menores
Con un gabinete que hasta ahora despunta y un presidente electo que le ha dado mucho juego a su forma de gobernar desde antes de posesionarse, el entrante Abelardo de la Espriella marca, a través del empalme con el saliente Gustavo Petro, lo que parece ser un estilo de gobierno.
José Manuel Restrepo, el vicepresidente electo, se ha encargado del inicio del empalme, que ha llamado “anticorrupción”. Ha tenido como contraparte al ministro de Hacienda, Germán Ávila, encargado de las funciones presidenciales a lo largo de esta semana, mientras Petro, con su novia, visitaba el Vaticano.
Restrepo, quien ocupó ese mismo cargo en cabeza de las finanzas durante el último tramo de la administración del mandatario anterior, el derechista Iván Duque, ha insistido en la necesidad de un empalme integral, técnico y transparente. Petro y Ávila, por su lado, han dicho que desean que todo sea transmitido por televisión a los colombianos, a lo que Restrepo y De la Espriella han respondido afirmativamente, pero con salvedades. “Es posible transmitirlas, siempre y cuando no conviertan esto en un show”, ha dicho el vicepresidente entrante.
El intercambio, menor en apariencia, resume bien el tono que ambos bandos quieren imprimirle a la transición: el saliente busca dejar constancia pública de cada paso, como si quisiera curarse en salud frente a cualquier señalamiento futuro; el entrante prefiere el lenguaje de la técnica y la discreción, aunque sin cerrarle la puerta del todo a la cámara.
Mientras tanto, De la Espriella ha ido dejando caer, a cuentagotas, los nombres de su gabinete. Ha anunciado al exsenador Rodrigo Lara en el Ministerio del Interior, al expresidente de Bancoldex y hermano del presidente del partido que lo avaló, Miguel Gómez Martínez, en Hacienda, y al respetado ambientalista Fabio Arjona en la cartera de Ambiente y Desarrollo Sostenible.

Fabio Arjona, ministro de Ambiente, en Bogotá, el 3 de julio. Foto ESTEBAN VEGA LA-ROTTA
Con ellos ha enviado un mensaje de apuesta por la experiencia, por personalidades fuertes y por cierto continuismo frente a administraciones de derecha anteriores, en contraste con su discurso de campaña de representar a “los nunca” frente a “los siempre”. De hecho, le ha dado un curioso giro a esa expresión, que en campaña sonaba parecida a “los nadie”, los desposeídos, los que nunca han tenido poder. Se trata ahora, según ha dicho de Lara, de lograr “nunca más transacciones, nunca más pactos, nunca más corrupción”, o, en el caso de Gómez Martínez, de quien nunca se ha rendido ante la crisis, nunca se ha achicado ante los grandes retos y nunca ha dejado de decir la verdad”.
Los anuncios que sigan cayendo en los próximos días pueden reforzar —o matizar— ese mensaje: hasta dónde se trata de un regreso de la derecha que gobernó con Álvaro Uribe (2002-2010) e Iván Duque (2018-2022), de una derecha más amplia y de otro cuño, o de un gobierno más técnico como el que defiende Restrepo.
Los tres elegidos formaban parte del equipo de empalme, unas doscientas personas que se reunieron formalmente antes del encuentro entre Restrepo y Ávila, y que señalan hasta dónde ese proceso de transición puede marcar el tono, o el sabor, inicial del gobierno de De la Espriella. En ese equipo más amplio aparecen muchos más técnicos, pero también políticos, personas cercanas a Uribe y a Duque, y varios representantes de distintos gremios que probablemente no lleguen al Ejecutivo, pero que ya marcan una relación mucho más cercana entre el sector privado y el nuevo Gobierno de la que hubo durante el cuatrienio del saliente presidente de izquierdas.
El viejo debate entre técnica y política, entre expertos en sus áreas y conocidos de las urnas, no se ha resuelto todavía. De la Espriella, nuevo tanto en el manejo del Estado como en las urnas —ganó en su primera elección—, tiene margen para definir a cuál de los dos espacios le da más juego, y qué políticos o qué tipo de visiones técnicas prevalecen en cada sector.
Por ahora, lo que queda claro es que el mensaje de campaña de que llegaba un outsider rodeado de desconocidos se queda en la campaña: los ministros designados, quienes encabezan el empalme y el equipo que revisará todos los sectores del Estado colombiano, tienen muchas caras conocidas, ya sea en la política, en la administración pública o en el sector privado.

Rodrigo Lara, ministro del Interior en una fotografía de archivo, Mauricio Dueñas Castañeda (EFE)
Ahí, precisamente, asoma el hilo más revelador de esta primera semana de transición. Colombia tiene una tradición larga de continuidad institucional —el traspaso ordenado del poder, sin rupturas ni golpes, como norma más que como excepción en la región— y el empalme entre De la Espriella y Petro, con todas sus tensiones menores, la confirma más que la desmiente. El vicepresidente electo que insiste en el tecnicismo, el ministro encargado que pide cámaras, el gabinete que privilegia la experiencia sobre la promesa de ruptura: todo apunta a que la fuerza de esa vieja costumbre institucional pesa más, por ahora, que cualquier otra ambición del nuevo gobierno.
No hay en este arranque ninguna señal de vocación reformista ni de ánimo de refundar nada; lo que se nota, y con fuerza, es esa vieja costumbre de tramitar el poder sin sobresaltos, incluso cuando quien llega prometió en campaña justamente lo contrario. De la Espriella llegó con el lenguaje de la insurgencia electoral, pero gobierna —o empieza a hacerlo— con los gestos de quien no quiere ser la excepción que rompa la regla.
Esa lectura institucional, cierta como parece hasta ahora, no resuelve, sin embargo, la pregunta de fondo. Que Restrepo hable de técnica y que el gabinete tenga caras conocidas no dice todavía qué clase de técnica ni qué clase de política terminarán por imponerse. Hay tecnócratas de vertientes muy distintas, como hay políticos de trayectorias distintas: un ministro de Hacienda con perfil gremial no gobierna igual que uno con perfil de mercados, y un vicepresidente que viene de la academia empresarial no negocia con el Congreso como lo haría un operador tradicional del uribismo o del duquismo. De la Espriella, sin experiencia previa en ninguno de los dos oficios, apenas empieza a mostrar sus cartas. Esta primera semana solo alcanza a insinuar el terreno donde se jugará esa disputa —entre qué técnica y qué política—, no a resolverla.

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