Merino despide a Cristiano sobre el filo y mete a España en los cuartos de final del Mundial
Merino despide a Cristiano sobre el filo y mete a España en los cuartos de final del Mundial
- El jugador del Arsenal remata en el 91 un partido de mucha altura de La Roja contra una Portugal que lució un gran centro del campo y los de Luis de la Fuente se medirán a EE UU o Bélgica
Llega la cuesta arriba, asoma el precipicio de la eliminación, y ahí regresa la España con cuerpo y jerarquía, dueña del juego y de todos los resortes. Y ahí, sobre el filo, aparece una vez más Mikel Merino, como en el límite de la prórroga de los cuartos de final de la Eurocopa contra Alemania. El futbolista del Arsenal llegó al Mundial muy justo después de una rara lesión en el pie derecho, y sobre el límite tumbó a Portugal, despidió a Cristiano Ronaldo, un gigante, de la Copa del Mundo y transportó España a los cuartos de final del próximo viernes en Los Ángeles contra EE UU o Bélgica (21.00, La1 y Dazn). Cuando el reloj acababa de alcanzar el 90, Ferran filtró una pelota extraordinaria al área y Merino acertó con la zurda, una conexión deslumbrante de dos recién salidos del banquillo.
Así terminó España de deshacer a una Portugal muy sólida, de mucho nivel con la pelota. Así dejó a Cristiano con agüilla en los ojos: la última tarde de un mito en los Mundiales, despedido por un equipo formidable, cada vez más cerca de su etiqueta de máximo favorito.
Merino celebra el gol. Foto Alejandro Ruesga
De la Fuente ya ha encontrado la mezcla que funciona. Repitió el once que abrasó a Austria para enfrentarse a otra maquinaria con rasgos similares en el corazón de las operaciones. Se cruzaron sobre la hierba de Dallas dos centros del campo con ideas, mando y precisión. El duelo era de altura. Rodri trataba de imponer su jerarquía a la de Vitinha y su escolta de Bruno Fernandes y João Neves. El futbolista del City se ha ido entonando durante el torneo, cada vez más afinado, con más ritmo y presencia. España se ordena a su alrededor. Se tensa. Han desaparecido las holguras de las juntas en el estreno contra Cabo Verde, esas conexiones aflojadas que dejaron un producto pastoso. Rodri ha enderezado todo a su alrededor y sus acompañantes se han sumado a la tersura que imprime al juego. Quizá solo Pedri parece haber perdido algo el paso. Algunos de sus giros dejan la impresión de que no ha visto el fútbol al primer impulso.
El medio de Portugal funciona de memoria. Pueden recitar la partitura de Vitinha con los ojos cerrados. El futbolista del PSG sabía por dónde ir, hacia dónde llevar la pelota para que España siguiera llegando un instante tarde, para seguir amasando el balón. Un choque de quilates, de un nivel altísimo en la pizarra y en la ejecución. La batalla estaba por ahí, en la sala de máquinas, donde Roberto Martínez había introducido la imaginación y el toque de Joao Félix, que nada cómodo en esas aguas revueltas, en lugar de la agitación energética de Leão.
El movimiento apaciguó la banda izquierda de Portugal, que se preveía estresante. Por ahí sufrió España las embestidas de Nuno Mendes en la final de la Nations League del año pasado. Esta vez el tráfico discurría por el centro, con mucha pelota para Portugal, aunque a bajas revoluciones.
La Roja no parecía incómoda un poco más a la expectativa. Retrocedía enseguida si no robaba con el primer mordisco de la presión. La maniobra les otorgaba la ventaja del espacio hacia el otro lado si recuperaban. Todo cambiaba cuando aparecía Olmo, un extraño en ese reino del control. Olmo detecta como nadie los espacios. No para detenerse allí a amasar el balón, sino para usarlos como rampa de lanzamiento. Donde no había nada, él ya ha visto el comienzo de todo.
Cuando se soltaban las correas del centro del campo, España golpeaba a la carrera. Olmo dejó a Oyarzabal solo ante Diogo Costa y el delantero de la Real cruzó demasiado un tiro con la zurda que parecía un trámite.

Lamine Yamal consuela a Cristiano Ronaldo tras la victoria de España frente a Portugal en octavos de final. Galería de fotos Alejandro Ruesga



























Portugal parecía controlar, pero era España la que pegaba, con más revoluciones y picante. Lamine le encontró la espalda a Nuno Mendes, recortó hacia fuera y no consiguió abrir lo suficiente el disparo. El despeje le cayó a Baena, que afinó mucho más su derechazo, dirigido con precisión a la escuadra. Diogo Costa se había rehecho y logró espantar el gol gracias a que los guantes alargan la longitud de los dedos. Despejó la pelota con algo situado un poco más allá de las yemas.
Al otro lado, Cristiano seguía adivinando en qué punto del área iba a caer cualquier balón. Remató de espaldas uno que le llegó después de que un cabezazo de Joao Félix tropezara en el hombro de Unai Simón, y el portero sumó su segunda parada al mítico 7.
El transcurso de los minutos fue aflojando a Portugal mientras España sostenía el pulso. El equipo de De la Fuente vuelve a lucir el cuerpo de los mejores días. Resistió el reto del centro hasta imponerse y entonces, en lugar de contemplar, siguió acelerando, con apariciones cada vez más frecuentes de Olmo y Baena.
Entonces, se lesionó Nuno y Lamine descorchó un asalto continuo. Portugal solo encontró alivio en la segunda pausa de hidratación, que detuvo el oleaje y dejó a Unai Simón maldiciendo. Roberto Martínez intentó reavivar a su gente introduciendo a Leao y Dalot. Respiraron un poco, pero el chaparrón de España les seguía empapando. De la Fuente respondió metiendo a Ferran Torres por Baena y el delantero del Barça conectó enseguida con Lamine en el área. La Roja seguía empujando y Portugal empezaba a asomar la velocidad de Leao, bien vigilado por Porro y Cubarsí. Entraron también Fabián y Merino, que llevaba prendida la tarjeta de despedida de Cristiano. También el billete de España a los cuartos, con rumbo cada vez más firme.

Lamine Yamal consuela a Cristiano Ronaldo tras la derrota de Portugal frente a España en octavos. Foto Alejandro Ruesga

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