La izquierda busca encontrar el tono de su oposición a De la Espriella
La izquierda busca encontrar el tono de su oposición a De la Espriella

Armando Benedetti se reúne con con Rodrigo Lara en el Ministerio del Interior, en Bogotá, este lunes. Gobierno de Colombia
- Mientras Gustavo Petro niega legitimidad al entrante y el excandidato presidencial Iván Cepeda habla de desobediencia civil, avanza la transición administrativa
“Abelardo no ganó las elecciones”, escribió en la mañana de este lunes el saliente presidente de Colombia, Gustavo Petro, repitiendo su teoría de un fraude informático contra el candidato de su partido y en referencia al ganador, Abelardo de la Espriella. “El presidente de Colombia, de acuerdo a la decisión de los colombianos, es el filósofo Iván Cepeda”, reiteró el político de izquierdas. Sin embargo, en ese mismo y muy fuerte mensaje, Petro se refería a De la Espriella y su equipo como “gobierno entrante”, en un reconocimiento implícito de la transición que ya avanza y de que hará una entrega de poder normal en términos administrativos.
De hecho, tan solo unas horas después se reunían en diferentes despachos miembros de los equipos de empalme entre el gobierno de izquierda que termina su cuatrienio el 7 de agosto y el de ultraderecha que se inicia esa misma fecha. Las fotos de Armando Benedetti, actual ministro del Interior y un político tradicional que fue de derechas pero, por oscuras cosas que tiene, se ha convertido en un alfil fundamental para Petro, y del también excongresista Rodrigo Lara, designado para ese mismo cargo por De la Espriella, marcan un contraste abierto con las declaraciones de un presidente que insiste en que la derrota de la izquierda no fue tal.
Entre esos dos extremos se encuentra un terreno aún incierto, en el que una izquierda que se ha formado como una fuerza de oposición —durante largas décadas minoritaria, incluso proscrita— busca ese espíritu para la etapa que inicia en un mes. Volverá a estar fuera del poder y a cuestionar y criticar a un gobierno, esta vez de ultraderecha, pero esta vez con las heridas y los aprendizajes que le deja haber gobernado por primera vez en décadas.
El Pacto Histórico, el partido de unidad que surgió del esfuerzo de la izquierda por tener un candidato único en las pasadas elecciones presidenciales, tendrá las bancadas más grandes en el Senado y la Cámara, pero cualquiera de ellas está lejos de ser mayoritaria. En el poder local, que en Colombia también cambia cada cuatro años, pero con un desfase de casi año y medio frente al presidencial, tiene pocas alcaldías y gobernaciones, pero presencia en todos los departamentos. Su mayor fortaleza estriba en un movimiento social diverso y vigoroso que suma organizaciones indígenas, plataformas de afrocolombianos, estudiantes, sindicatos y otras manifestaciones que fueron fundamentales para la exitosa oposición que le hizo al presidente de derechas anterior a Petro, Iván Duque.
Justamente, el presidente saliente ha mezclado sus declaraciones que desconocen la legitimidad de De la Espriella con una convocatoria a la movilización social el próximo 20 de julio, día de la instalación del nuevo Congreso y una de las dos fiestas nacionales del país. Es un llamado que repitió a lo largo de cuatro años en diferentes momentos de tensión política, como cuando el Legislativo rechazó algunas de sus propuestas de reformas sociales. Pero esa movilización nunca logró la fuerza de las protestas y las marchas que dejaron a Duque contra las cuerdas y dieron impulso a la aspiración presidencial de Petro, alimentadas en su momento por impopulares decisiones tributarias del Gobierno de derechas, por la violencia policial que Duque no controló y por la crisis social y económica que dejó la pandemia.
Petro parece tender hacia ese tipo de oposición, la que eligió en 2018 tras perder las presidenciales y recalar en el Senado. Pero ahora suma una ofensiva jurídica que también le ha funcionado a la izquierda, especialmente a sectores que provienen del litigio en derechos humanos de los años setenta y ochenta. Justamente, el senador Cepeda ganó mucho peso en los últimos años gracias al proceso penal en el que fungió de denunciante y víctima contra el expresidente Álvaro Uribe, el gran líder de la derecha colombiana hasta la irrupción de De la Espriella en los recientes comicios. Aunque en segunda instancia Uribe resultó exonerado de una condena inicial que lo llevó a estar detenido en su casa, el proceso catapultó al político entre las bases de la izquierda, en las que el antiuribismo es una emoción fundamental, para hacerlo ganador de una consulta interna en octubre de 2025 y rozar una presidencia que perdió por apenas el 0.96% de los votos frente a De la Espriella.
De hecho, Luis Guillermo Pérez, un abogado muy cercano a Petro y quien fue su superintendente de Subsidio Familiar, anunció este mismo lunes una acción de nulidad contra la elección de De la Espriella. Aunque todavía no la ha radicado, explicó que se sustenta en la nacionalidad estadounidense del mandatario electo, la intervención de Donald Trump, lo que el abogado llama discurso de intimidación electoral del ultraderechista y las presuntas irregularidades en los escrutinios de 100 de las 122.020 mesas de votación. Es otra muestra de esa misma lógica, de ese otro espíritu de la izquierda, uno que tiende más al activismo jurídico y el uso de las herramientas legales, tan propias de un país legalista como Colombia.
Todavía faltan muchas señales por leer. Las elecciones ocurrieron hace dos semanas, y estos son los primeros momentos en los que la izquierda busca de nuevo su espíritu. No hay todavía reformas legales para discutir en el Congreso, debates de control político contra ministros ni decisiones administrativas que puedan producir nuevas banderas de oposición. Más que ese nivel táctico de detalle, lo que está en juego es hasta dónde llega el discurso más incendiario que usó Petro a lo largo de su cuatrienio.
El equilibrio es difícil. De un lado, el Gobierno de izquierda inicia una entrega tranquila y pacífica del poder que le permite mostrarse institucionalista, lejos de los estereotipos de la guerrilla que marcó la historia de Colombia en la segunda mitad del siglo XX, en un país que justamente ha estado marcado por la preservación de las formas. Del otro, busca ser una oposición vigorosa frente a un gobierno de ultraderecha y mantener un repertorio de formas de lucha que Petro buscó nunca apagar, y que le dieron alientos desde sus bases. Es también la tensión entre una izquierda defensora de las instituciones, respetuosa de la democracia y dispuesta a entregar el poder cuando se ve derrotada, y una izquierda que no logra aceptar del todo esa derrota.
Queda un mes para que se posesione Abelardo de la Espriella, y en esos 31 días probablemente se irá delineando de manera más clara cuál de esos dos espíritus toma más fuerza en la oposición ya cantada al futuro presidente.

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