Otra danza de Merino rumbo a la semifinal: marca en los últimos minutos, tumba a Bélgica y envía a España a enfrentarse contra Francia
Otra danza de Merino rumbo a la semifinal: marca en los últimos minutos, tumba a Bélgica y envía a España a enfrentarse contra Francia

- El futbolista del Arsenal logra el gol de la victoria de la selección en el 88 y envía a La Roja por segunda vez en su historia al penúltimo partido del Mundial

Merino celebra la victoria ante Bélgica. Foto Alejandro Ruesga
Hay algo que permite señalar el momento en el que la maquinaria de Luis de la Fuente funciona con el ronroneo constante, imperceptible, de un motor bien ajustado. Es cuando sustituye una pieza y resulta imposible notarlo sin aproximarse, si se contempla la obra a cierta distancia. Sobre todo, si se trata de una pieza esencial. Por ejemplo, Rodri en la final de la Eurocopa de 2024, que entró Zubimendi y casi solo se sabía si se miraba de cerca el dorsal. También contra Bélgica, cuando el técnico dejó en el banquillo a Pedri, una rareza, porque Pedri no falta nunca. Pero lleva unas semanas un punto desafinado, y De la Fuente se decantó por Fabián, sin tocar a Olmo.
El centro del campo silbaba más fino. Y eso que enfrente, Bélgica, levantó allí una estructura muy apretada. Congestionó la zona como en una de las horas puntas de la red de asfalto que atraviesa Los Ángeles. Aparecían por allí, como flotando de manera casual, Olmo, Oyarzabal, Fabián, Rodri y Baena. Se asomaban a la trampa, los belgas dejaban caer el portón, y cuando miraban, no habían capturado nada. Era una coreografía falsamente aleatoria que otorgaba al juego que sucedía alrededor un orden inesperado. Era a la vez hipnótico y desconcertante.
España transitaba por ahí más rápido que nunca. Por allí sucedía todo, y al mismo tiempo daba la impresión de que no pasaba nada. Bélgica cerraba el puño, lo abría, y no tenía nada en la palma. La pelota ya volaba hacia una banda. Por la izquierda picaban Cucurella y Baena. Por la derecha se entendían Lamine Yamal y Porro.

El seleccionador Luis de la Fuente celebra con su equipo técnico la victoria frente a Bélgica y el pase a semifinales.Carlos Barria (REUTERS)
Los belgas asistían a aquella danza entre atónitos y confiados. Es un equipo sólido, bien armado, con un plan de resistencia y reacción. No necesitan probar demasiado la pelota. Disfrutan incluso aprovechando el espacio que deja a su espalda un rival que les domina, como hizo la Roja con su largo monólogo inicial. Los belgas aguantan juntos y cuentan con la profundidad de Trossard y la velocidad supersónica de Doku. No les inquieta asomar solo de cuando en cuando bajo el chaparrón.
Porro llevaba una doble vida. Buscaba caminos para desatascar la banda que le habían taponado a Lamine y debía estar pendiente de lo que Doku tramaba a su espalda. El duelo con el extremo del City era crudo, de choque y atención máxima. Es un regateador eléctrico e insistente, un punto menos virtuoso que Lamine. Aquel pasillo por el que se cruzaban disparaba las pulsaciones.
Después de los primeros asaltos del azulgrana, cada vez más fino de pies en sus pasos de baile, se retiró un metro y filtró el balón a la carrera de Porro. El lateral encontró en el área a Olmo, que obligó a Courtois a estirarse abajo. Fabián cazó el rechace y adelantó a España. La única decisión que se podía discutir, la ausencia de Pedri, quedaba sepultada bajo la euforia del gol de su sustituto.

Así ganó España a Bélgica en cuartos del Mundial de Fútbol 2026 Mikel Merino celebra con los suplentes de la Selección Española el paso a la semifinal del Mundial 2026. Foto: MARCIO J. SÁNCHEZ (AP PHOTO)
Todo circulaba en la misma dirección, hacia Courtois. Pero a Bélgica, ahogada por la voracidad de España, le bastaba con impulsos sin demasiados rodeos. Asomó arriba Castagne, el lateral derecho, puso un centro, De Ketelaere alargó sus 192 centímetros por delante de Cubarsí y empató de cabeza.
El gol, tan anticlimático, no alteró el pulso de la Roja, que retomó el hilo con instantes de preciosismo minimalista: taconazos, ruletas, fantasía de precisión. Pero Bélgica se mantenía junta, apretada. Aguantaba el crecimiento de Lamine, cada vez más indescifrable, mientras Courtois acumulaba paradas. España elaboraba, masticaba, aceleraba y picaba. Bélgica resistía y corría hacia la promesa del latifundio abierto por la insistencia de la Roja.

Unai Simón consuela a Courtois tras la victoria de España frente a Bélgica. Foto José Bretón (AFP7 vía Europa Press)
El guion no se desvió de la trama ni con los cambios, cuando De la Fuente metió a Pedri y a Ferran, y Rudi García a Lukaku, Witsel y Seys. Entonces sucedió algo que cambió todo, pero no enseguida. Se lesionó Courtois y se marchó casi llorando después de la segunda pausa de hidratación. Entró Lammens, que es el portero del Manchester United, pero no es Courtois. España seguía apuntando a su portería, pero no le llegaba la pelota. Hasta que Cubarsí lo probó desde muy lejos. La pelota le botó delante, la despejó y por allí emergió Merino para recoger aquella pelota perdida en la impericia de Lammens y enviar a España a la segunda semifinal mundialista de su historia, el martes contra Francia. Apareció, marcó y volvió a ejecutar su hermosa danza tribal.

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