Chile rescata un mural ocultado por la dictadura de Pinochet tras el golpe de Estado de 1973
Chile rescata un mural ocultado por la dictadura de Pinochet tras el golpe de Estado de 1973

Visita del presidente Salvador Allende el 20 de agosto de 1972 frente al mural ‘Principio y Fin’. Foto Domingo Sierra (Unidad de Patrimonio Municipal de Chillán)
- La obra ‘Principio y fin’, creada por Julio Escámez, fue hallada bajo 12 capas de pintura en la Municipalidad de Chillán. El descubrimiento recupera una pieza marcada por el exilio del artista y el asesinato del alcalde que la inauguró
El artista chileno Julio Escámez (Antihuala, Chile, 1925) murió en Heredia, Costa Rica, en 2015, a los 90 años.
Uno de los dolores que cruzaron su vida, junto al exilio, fue creer que el mural Principio y fin, que pintó entre 1970 y 1972 dentro de la Municipalidad de Chillán, en la zona centro sur de Chile, durante la Unidad Popular que lideró Salvador Allende (1970-1973), había sido destruido por la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), pocos días después del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. No solo él estaba seguro, sino también su familia y miles de chillanejos, pues la obra, de unos 42 metros cuadrados y que refleja simbólicamente la lucha de clases, desapareció, hace 53 años, de un día para otro. Permaneció oculta por más de medio siglo, hasta que unos primeros fragmentos fueron descubiertos en 2021 y, cinco años después, en julio pasado, arrancaron los trabajos definitivos para su recuperación: sacar, milímetro por milímetro, las 12 manos de pintura blanca que le echaron encima para intentar eliminar el mural de la historia.
Enterarse de la destrucción de Principio y fin, cuenta Catalina Sverlij, sobrina nieta del artista, de la Fundación Escámez, provocó que Julio Escámez tuviera ocultarse, primero en Concepción y luego en Santiago, hasta salir al exilio en 1974. “Lo que él sentía respecto de lo que pasó con su mural condensaba la imagen de dolor que le quedó con Chile. Él nunca lo superó, porque lo vio como una afrenta directa, muy por el contrario de lo que le vivió en Costa Rica”.
Principio y fin es una de las varias obras del artista, que incursionó en técnicas múltiples, entre ellas el dibujo, el grabado, la pintura y la escenografía teatral. Pero esta tiene una particularidad que va más allá, incluso, de su recuperación. La historia está cruzada, trágicamente, por el asesinato de Ricardo Lagos Reyes, el alcalde socialista que inauguró el mural, en el salón del concejo del municipio, el 24 de junio de 1972. Fue ejecutado en su casa tres días del golpe de Estado, el 16 de septiembre, junto a su esposa embarazada, Alba Ojeda, y su hijo Carlos Lagos, de 19 años.

Julio Escámez en una fotografía sin datar. Foto Fundación Escámez
La obra fue encargada en 1969 por el antecesor de Reyes, el alcalde Eduardo Contreras Mella (PC), fallecido en mayo de 2024, y quien en 1998 presentó la primera querella contra Pinochet, que investigó el juez Juan Guzmán. Pablo Neruda, Premio Nobel de Literatura 1971, envió unas palabras para la inauguración y dijo que “la pintura de Escámez y su carrera estética eran un lujo” para Chile. “Vemos cómo en su obra se han reconocido las esencias más extraordinarias de la creación, que tienen la quietud de la profundidad, de la verdad. Admiro en él tantos aspectos de una presencia creadora que es como una flor en su unidad maravillosa (…) Por una rara coincidencia, un libro mío toma el mismo tema que Escámez: el inmenso desgarramiento de un artista ante el espectáculo que agoniza, que se estremece para dar luz un nuevo concepto de la sociedad humana”, señaló el poeta.
Dos meses después, el 20 de agosto de 1972, otro hito marcó a Principio y fin. Ese día Allende fue nombrado Hijo Ilustre de Chillán y se fotografió junto al mural, en una imagen que marcó la historia de la obra.

Mural “Principio y fin” del chileno Julio Escámez.Unidad de Patrimonio Municipal de Chillán
“Era una alegoría sobre la represión”
En 1996, Escámez relató en una entrevista su dolor frente a lo que pasó con el mural. “Es triste decir que fue destruido durante el régimen de Pinochet. Se dijo que contenía ideas intrínsicamente perversas y fue borrado a picotazos (…) Era una alegoría sobre la represión y sus ofensas a la dignidad humana. Picaron el muro hasta hacerlo desaparecer para siempre. A cincel y martillo. A mucha gente le pareció un acto de barbarie. Pero era una orden superior y nadie se atrevía a oponerse”, contó.
Esa versión es la que escuchó desde niño Camilo Benavente (50 años), actual alcalde de Chillán, quien ha empujado los trabajos de restauración que lidera la Unidad de Patrimonio del municipio (UPA), a cargo de la historiadora Karin Cárdenas. Benavente, militante del PPD, de la centroizquierda, cuenta que en la cocina de la casa de su familia, en los años 70, había una réplica de Principio a fin. “Mi padre fue preso político en 1973 y siempre escuché lo que significaba el mural. Pero, lo más trascendente, es que en un contexto beligerante, violento y agresivo de un golpe militar, vinieron a romper ese mural a la sala del concejo y, además, asesinaron al alcalde”.
A partir del golpe de Estado, relata el alcalde Benavente, comenzaron a circular distintas versiones sobre la forma en que la dictadura acabó con el mural. “Decían que le habían lanzado alquitrán, que lo habían roto con bayonetas. Y eso, cuando yo era niño, me sonó como algo muy duro. Con los años lo vi como una ruptura para Chile, pero particularmente para Chillán. Ese hecho quedó en la memoria colectiva”.
Fue el contenido social de su obra el que puso al artista en la mira de la dictadura. Leslie Fernández, profesora de Arte de la Universidad de Concepción, sostiene que buena parte del trabajo de Escámez abordó “la lucha de clases, los pueblos indígenas y también los mineros de Lota. A él le interesaba el lenguaje del mural a una escala que permitiera que mucha gente lo viera e, incluso, concebir el arte para analfabetos”. Entre octubre de 2025 y enero de 2026, con motivo del centenario de Escámez, Fernández, junto con Bárbara Lama y Javier Ramírez, montó la exposición Memorias de una obra en recuperación, presentada en el Museo Nacional de Bellas Artes, en Santiago. La muestra reunió decenas de sus trabajos y, cómo no, una reproducción de Principio y fin y sus bocetos preparatorios.
Un mito en Chillán
Casi cinco décadas después, sentado en su oficina en la alcaldía, Camilo Benavente envió un mail a la encargada de la Unidad de Patrimonio del municipio (UPA), la historiadora Karin Cárdenas, para que sondeara si había algún vestigio del mural, una inquietud que en 2021 también tuvo la exconcejala Quenne Aitken. Cárdenas siguió la instrucción, aunque, admite, que, por la historia, al comienzo tuvo poca fe.
Cárdenas también es de Chillán y conocía las varias versiones en torno a Principio y fin. “Siempre fue un mito. Y por el contexto violento de la época, la memoria oral también se vio distorsionada. Los funcionarios más antiguos de la municipalidad fueron propagando el discurso de que el mural fue destruido. El mismo artista se fue al exilio con esa herida y, en vida, en una visita a Chile, ofreció repintarlo”.

Inicio de obras del equipo de restauradores 2026-2027.Unidad de Patrimonio Municipal de Chillán
En noviembre de 2021 la UPA convocó al arquitecto de Concepción Carlos Inostroza, especialista en restauración, para analizar la pared. “Nos encerramos en la sala del concejo y en la doceava ventanita que se abrió [de aproximadamente 2 × 2 centímetros] apareció el color naranjo, que es rotundo en el mural y corresponde a la llamarada. Todos nos quedamos en silencio, mirándonos unos con otros. Ahí paramos y dijimos: ‘Aquí puede haber algo”, recuerda la historiadora. El alcalde también estaba presente: “Fue emocionante. Nunca lo esperamos”.
Y en una de esas coicidencias que ocurren pocas veces, la Fundación Escámez, impulsada en 2022 por dos sobrinas nietas del muralista, Catalina Sverlij y Javiera Pérez; además de dos sobrinas, Cecilia Escámez y Orietta Duvachelle, arrancó casi justo cuando aparecieron los primeros hallazgos. En un comienzo se constituyeron para difundir su obra y, en especial, para “intentar salvar” el deteriorado mural, Historia de la Medicina y la Farmacología en Chile, que Escámez pintó en 1953 al interior de la Farmacia Maluje en Concepción, en la zona centro sur de Chile. Hasta entonces creían, como todos, que de Principio y fin no quedaba nada. Por eso, dice Catalina, que enterarse de su existencia “fue removedor”.
Una segunda sorpresa
Hallar esos vestigios iniciales, sin embargo, no signficaba una certeza. “Había que ver cómo seguir de manera responsable para no generar expectativas y, por si algo quedaba de mural, no destruir lo que estaba”, dice Karin Cárdenas sobre esas primeras ventanitas. A inicios de 2022 el Centro de Nacional de Conservación y Restauración (CNCR) hizo una asesoría técnica y dos restauradores retiraban, con mucha paciencia, las capas de pintura, que luego enviaban al laboratorio de la CNCR. “Ahí se fueron descartando los mitos: no apareció presencia de alquitrán ni impactos de bala. Se iba confirmando, científicamente, que el mural estaba”, dice la encargada de a UPA.
Esos trabajos dieron cuenta también que el mural, además de haber sido pintado encima que, sin ninguna delicadeza, se aprovechó la altura de la pared para hacer un hacer un segundo y un tercer piso.

Ángela Benavente, Jefa del Área de Arte Visuales y Mónica Pérez, en la tercera etapa de obras en el mural, en julio de este año.Unidad de Patrimonio Municipal de Chillán
En 2023 hubo otros hallazgos, cuando la Comisión Chilena de Energía Nuclear fue a estudiar las condiciones del muro. Se constató que, además, sobre el mural se había construido una ventana.
En 2024 ocurrieron otros dos hechos: la obra fue declarada Monumento Histórico. Y también se descrubió que era más grande de lo que lo creían en la municipalidad. Fue al revisar la invitación a la inaguración que vieron que se hablaba en plural, de los murales Prinicipio y fin.
A diferencia del primero, las imágenes del segundo, parte de la misma obra, no muestran ni la lucha de clases “ni el enfrentamiento ni la confrontación”, explica Cárdenas, sino que “la calma y la contemplación” de un grupo de mujeres y niños que observan, con distancia, la vida con un catalejo. Acaso el fin que Julio Escámez proyectó.

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