Más de un millón de personas necesarias y 198 toneladas de basura: la logística detrás del examen presencial de la UNAM
Más de un millón de personas necesarias y 198 toneladas de basura: la logística detrás del examen presencial de la UNAM

Aspirantes acuden al examen de selección de ingreso en la sede del Colegio México, en una imagen de archivo. Foto Joyce Garcia (Cuartoscuro)
- La universidad pública sopesa repetir su examen de admisión en medio de la mayor crisis de ingreso de su historia
La posibilidad de repetir el examen de admisión a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), una de las soluciones que cobra fuerza para sortear la crisis provocada ante la sospecha de trampas en la prueba en línea, implica, en caso de darse, un gran reto logístico tanto para la institución como para los candidatos.
La decisión conlleva movilizar a cientos de miles de aspirantes, sus familias, y trabajadores universitarios, acondicionar decenas de sedes y reorganizar el calendario académico. Todo ello, además, con la presión de más de 186.000 alumnos encima, y a pocos días del inicio del semestre. La universidad más grande de Iberoamérica enfrenta una de las decisiones más complejas de su historia reciente. Desde este viernes, una comisión de 16 expertos analiza a puerta cerrada cómo responder a las irregularidades detectadas en los resultados del proceso de admisión a licenciatura, después de que un número atípico de calificaciones sobresalientes despertara sospechas sobre posibles trampas en la prueba.
La eventual repetición del examen significaría revertir la apuesta de la universidad, la más grande de México y América Latina, de transformarse hacia un modelo digital. Hasta este año el ingreso a la licenciatura se aplicó por décadas de forma presencial, dejando imágenes como la de miles de jóvenes escribiendo sobre sus piernas en las gradas del Estadio Azteca, cuando se reunían en una sola jornada para competir por un lugar, entre 1969 y 1987. En los últimos años la UNAM citaba a los aspirantes en escuelas de la Zona Metropolitana de Ciudad de México en sedes como las propias instalaciones universitarias, escuelas privadas y centros vinculados a la UNAM, adaptados para albergar a cientos de miles de estudiantes.
La institución defendió el cambio a la modalidad en línea como una medida más inclusiva. Según explicó cuando se anunció, esa opción facilitaría la participación de jóvenes de otros Estados del país e incluso del extranjero, que ya no tendrían que desplazarse hasta Ciudad de México para presentar la prueba. La universidad destacó también otros beneficios logísticos: el examen digital evitaría la movilización de cerca de 1,2 millones de personas entre aspirantes y acompañantes, así como el despliegue de 3.300 trabajadores universitarios y 120 vehículos oficiales. Además, la transición reduciría el impacto ambiental al dejar de generar 198 toneladas de basura y evitar el consumo de 16 millones de hojas de papel, equivalentes a unas 80 toneladas o a la tala de 1.920 árboles.

Una aspirante hace su examen de ingreso a la Educación Media Superior, en 2025. Foto UNAM/CUARTOSCURO.COM
En su momento se celebró la iniciativa, que podría ayudar a descentralizar la prueba. Otros, sin embargo, desde el anuncio pusieron en duda las medidas de vigilancia para evitar las trampas desde casa como materiales de apoyo prohibidos, recibir ayuda externa, acceder de forma indebida a las respuestas del examen, o el uso de internet o inteligencia artificial para resolver los 120 reactivos de opción múltiple que implican la prueba.
La universidad presumía de un sistema de seguridad con una docena de medidas como un software que captura evidencias que pueden ser revisadas posteriormente por humanos, quienes tendrían la última palabra sobre la cancelación o suspensión de un examen, conforme a la normativa universitaria. Pero los números no engañan. Aspirantes y analistas de datos encontraron anomalías respecto al promedio histórico de aprobados.
Para presentarse a la prueba, la UNAM exigió a los aspirantes contar con una computadora portátil o de escritorio —quedaron excluidas las tabletas electrónicas y los teléfonos— equipada con cámara y micrófono. Además, la universidad pedía a los estudiantes instalar un navegador seguro que bloqueaba el acceso a otras páginas web y disponer de un espacio silencioso, libre de interrupciones y distracciones. Este último fue otro aspecto que avivó el debate, pues pese a que el examen pretendía ser más incluyente, eran condiciones que podían representar obstáculos para quienes no tienen acceso a los equipos, una conexión estable a internet o un lugar apropiado para hacer la prueba.
La reputación y credibilidad del proceso en la UNAM está en juego. Este viernes la institución cumple una semana de intentar resolver el gran dilema: mantener los resultados, invalidar algunas pruebas o convocar a un nuevo examen. Ninguna de las opciones está exenta de inconformidades y cualquiera tendrá consecuencias para los casi 160.000 aspirantes que esperan una resolución, así como a los más de 28.000 estudiantes que ya tienen un lugar por el pase directo del bachillerato universitario, cuando faltan solo unos días para el inicio del ciclo escolar.

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