Sin recursos para atender a los menores en Ceuta: “Veníamos avisando de que estaba pasando algo, pero no hicieron caso”
Sin recursos para atender a los menores en Ceuta: “Veníamos avisando de que estaba pasando algo, pero no hicieron caso”

Centenares de inmigrantes pasan la noche en la calle en Ceuta, este viernes. Foto Marcos Moreno / Europa Press
- Una decena de niños relata sus horas varados en la ciudad sin comer ni conseguir alojamiento
El sudor se mezcla con las lágrimas en el rostro de Malak, una chica de 14 años que lleva un pie vendado. La adolescente, vestida con una camiseta de fútbol y un pantalón corto, cuenta desconsolada que le duele mucho el tobillo que se torció mientras cruzaba a Ceuta por las rocas desde la costa marroquí de Castillejos hace dos días con su hermano Zakariyya, de su misma edad. “Quiero ir al médico”, pide desconsolada. Los hermanos, oriundos de la población costera de Rincón (M’diq), a 23 kilómetros al sur de Ceuta, se han cansado de esquivar a los militares que este viernes por la tarde pastoreaban a miles de hombres, muchos de ellos jóvenes y también algunas mujeres, en dirección a la frontera. Al igual que una decena de chicos que regresaban en torno a las seis de la tarde a su país, aseguran que han intentado acudir a los centros de menores, que la ciudad les diera cobijo, pero solo encontraron saturación y rechazo. Dicen que no han comido. Algunos, que solo han bebido agua. Con la ropa manchada, cansados, caminan hacia la frontera. Algunos cojean. “Nos hemos subido al monte huyendo y nos hemos caído rodando. Los militares nos están echando”, relata Malak exaltada.

Los testimonios de los retornados a Marruecos: “No ha sido un buen plan en el que nos metieron”. Malak, junto a su hermano Zakariyya, ambos de 14 años, este viernes, cerca de la frontera de El Tarajal, en Ceuta. Foto: Joaquín Sánchez
Los militares apenas dejan que se detengan a hablar con los periodistas y les urgen a que salgan hacia Marruecos. En la playa, un buen grupo de personas que acaban de cruzar no pueden salir del agua porque varios agentes de la Guardia Civil se lo impiden. Están todos quietos, apiñados. “Los cristianos tienen un corazón duro, llevan dos días sin comer”, cuenta un hombre que no quiere dar su identidad, y que mantiene que ha accedido a la ciudad autónoma de forma irregular para llevarse de vuelta a su hermano y a su hijo, de 12 y 13 años, después de que hayan pasado 48 horas vagando por las calles. “No he comido nada. He dormido en la puerta del centro de menores. Tengo mucha hambre”, añade poco después Ahmed, de 15 años, oriundo de Mertin, población a unos 10 kilómetros de Tetuán.

Menores no acompañados que cruzaron a Ceuta desde Marruecos son atendidos por una voluntaria de Cruz Roja tras pasar la noche en las calles de la ciudad autónoma. Foto Antonio Sempere (AP/LaPresse)
Los comercios de la ciudad están cerrados y muchos de los hombres jóvenes que han accedido de forma irregular en las últimas horas vagan por sus calles intentando conseguir algo de comida o agua sin éxito. Se agrupan en las sombras, descansan en zonas ajardinadas o se refugian en las gasolineras. Otros caminan por calles y carreteras de la ciudad escuchando cada dos por tres el pitido desesperado de los conductores. No solo están en el centro, también por los barrios, donde se han producido enfrentamientos entre ceutíes que se sienten amenazados por ellos.
Caos y refuerzos judiciales
“Es una situación un poco caótica”, resume un funcionario encargado de trabajar con menores migrantes con gran experiencia en la Ciudad Autónoma. Hasta el momento no hay estimaciones de cuántos menores puede haber entre las 50.000 personas que han entrado en Ceuta desde la madrugada del 30 de julio. El movimiento de regreso que se ha registrado durante todo el día tampoco permite hacer cálculos y las fuentes del Ejecutivo local insisten en que, en estos momentos, es muy difícil determinar los que finalmente se queden.
Hasta el jueves tenían acogidos 770 menores migrantes en diferentes instalaciones tras un mes de julio muy intenso. “Pasamos de 180 menores acogidos a 770 en apenas tres días”, explican estas fuentes. “Veníamos avisando de que estaba pasando algo, pero no nos hicieron caso”.
La Fiscalía de Menores no ha tenido tiempo de ver a ninguno de los menores llegados en las últimas horas, según fuentes fiscales. Este viernes se recabaron los consentimientos de menores que han llegado en julio para hacerles pruebas, como radiografías que determinen su edad. En las últimas horas, la Fiscalía de Ceuta ha pedido refuerzo de fiscales y de funcionarios de la Administración de Justicia y han recibido una respuesta positiva para la llegada de representantes del ministerio público.

Fatihan, vecina de Castillejos de 64 años, junto a una vecina que accedió a cruzar a su nieto Bilal, de 10 años, por la frontera hasta Marruecos, este viernes. Foto Joaquín Sánchez
Los chicos caminan por las calles, algunos solos y otros en compañía de jóvenes adultos. Fatihan, vecina de Castillejos de 64 años, estaba apurada porque su nieto había cruzado de forma irregular y no podía llevarlo de vuelta. Bilal, de 10 años, se dejó llevar por la corriente que prometía una vida mejor sin que la familia lo supiera. Una conocida de la familia cuenta que el chico no habla y apenas escucha, que tiene características de una persona autista. “Realmente no sabía lo que estaba haciendo”, alega. El dilema de Fatihah, que tiene visado y puede cruzar la frontera sin problema, era que ella tenía que pasar por una zona y su nieto por otra y no se atrevía a dejarlo solo. Tras varias peticiones a personas que caminaban de vuelta e iban a salir por la zona de accesos irregulares, y luchar contra el miedo de dejar al niño con un desconocido, encontró a una vecina equipada con un gran sombrero que también ha cruzado a la ciudad autónoma de forma irregular y que lo acogió entre sus brazos. Bilal se marchó con ella y Fatihah, por el otro camino. “El niño ha estado vagando solo por la ciudad todas estas horas”, resume la amiga de la familia, que había ido a la frontera para intentar ayudar a devolver al niño a sus padres.

Decenas de inmigrantes pasan la noche en un parque de Ceuta ante la falta de plazas de acogida, este viernes. Foto Joaquín Sánchez
Los chicos cuentan que han cruzado a Ceuta en busca de una vida mejor, para ayudar a sus familias, aprovechando que esta entrada multitudinaria era una buena oportunidad. Algunos de ellos, como Muhammad, hablan del efecto llamada que ejercieron sobre él imágenes que vio en redes sociales. El chico, vecino de Tánger, de 16 años, está con un amigo de 17 años, que también se ha topado con centros de menores repletos. Al igual que los hermanos Malak y Zakariyya regresaban cabizbajos, sin alcanzar la promesa de un futuro mejor fuera de Marruecos.

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