México y Estados Unidos encarrilan su relación en seguridad pese a la fractura por la visa de Andy López Beltrán
México y Estados Unidos encarrilan su relación en seguridad pese a la fractura por la visa de Andy López Beltrán

Andrés Manuel López Beltrán en Ciudad de México, en octubre 2025. Daniel Augusto (Cuartoscuro)
- El embajador Ronald Johnson revela un nuevo acuerdo para la compra de drones y el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, irá finalmente a la conferencia de la DEA en Argentina
En la relación de Estados Unidos y México sucede todo, en todas partes, al mismo tiempo.
En la semana que Andy López Beltrán, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, ha cargado contra el Gobierno de Donald Trump por retirarle la visa y Morena ha corrido a arroparlo y a convocar 200 reuniones para defender la soberanía nacional, varios alfiles estadounidenses han celebrado en redes sociales la buena coordinación entre los dos países y han revelado nuevos acuerdos en seguridad.
“Nuestra cooperación en materia de defensa continúa fortaleciéndose”, ha escrito este domingo el embajador de EE UU en México, Ronald Johnson, para anunciar el acceso de México a su mercado de compra de drones. Además, a pesar de la fractura por el caso de Andy López, la mandataria Claudia Sheinbaum ha cambiado de opinión esta semana y ha autorizado el viaje del secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, a la conferencia de la DEA en Argentina.
El último derechazo de Trump a Morena se reveló este jueves en una carta de tres páginas escrita por Andy López Beltrán, exsecretario de Organización del partido: Estados Unidos le había retirado su permiso de entrada. El hijo del fundador del movimiento de izquierda acusaba al presidente republicano de un golpe “politiquero” y “al estilo hitleriano”. Negaba que las autoridades estadounidenses contaran con pruebas en su contra “de algún acto inmoral o delictivo”. Una postura que ha defendido la propia Sheinbaum en varias ocasiones esta semana al sostener que “no hay nada contra el hijo del expresidente” o que su propio tío, José Ramiro López Obrador, ha llevado más allá al afirmar que van detrás de Andrés Manuel López Obrador: “Realmente al que quieren no es al chico, sino al grande”. El partido ha cerrado filas con el caso y lo ha calificado directamente de una “injerencia” política en el país.
Estados Unidos, por su parte, continúa con su dinámica habitual de una de cal y otra de arena. Las cuentas de X de perfiles como Johnson, el alfil de Trump en México, o de Christopher Landau, exembajador y actual subsecretario de Estado del republicano, dan muestra de estos virajes continuos. Así, Landau —quien se hace llamar El Quitavisas— publicó tras el anuncio de López Beltrán un mensaje provocador (“¿Están disfrutando del show? Preparen las palomitas, porque les encantará la segunda parte”) y a las horas recuperó la migración de la mariposa monarca como ejemplo de “la relación duradera y simbiótica entre Estados Unidos y México”: “No debemos permitir que los ocasionales brotes de tensión política nos distraigan de este punto fundamental”.
Lo mismo con la cuenta de la Embajada estadounidense. El sábado, la representación diplomática lanzó primero un “mensaje claro y consistente”: “Estados Unidos cancelará cualquier visa cuando existan razones para hacerlo, sin importar quién sea el titular, dónde viva o cuáles sean sus opiniones políticas. Las visas son un privilegio no un derecho”, y de nuevo, al rato, eligió como foto de la semana una imagen entre Ronald Johnson y García Harfuch: “Bajo el liderazgo de Donald Trump y Claudia Sheinbaum, nuestra cooperación continúa dando resultados”.
En esas arenas movedizas se enmarca la asistencia del secretario de Seguridad mexicano a la Conferencia Internacional para el Control de Drogas, un encuentro organizado por la DEA y el Ministerio de Seguridad Nacional de Argentina, que reunirá a cientos de altos mandos de seguridad de distintos países. “Al principio habíamos dicho que no, porque ustedes saben la historia de relación de la DEA con México, sobre todo en los años recientes”, contó Sheinbaum el viernes: “Después todos [en el Gabinete de Seguridad] fueron unánimes y votaron que fuéramos para que el mundo sepa lo que se está haciendo en México y que se está haciendo bien”.
Esa cooperación en seguridad es la misma que reivindica a diario Estados Unidos y que está puesta a prueba desde que su Departamento de Justicia acusara a Rubén Rocha Moya y otros nueve funcionarios de Sinaloa de trabajar para Los Chapitos. El vecino del norte pedía la detención y extradición del gobernador morenista. El Gobierno de México no le dio ni una cosa ni la otra. Esa ofrenda imposible marcó el declive de una colaboración entre países que había llevado a Sheinbaum a entregar a decenas de capos del narcotráfico a la justicia estadounidense o a blindar la frontera. La acusación a Rocha Moya excavó la última trinchera mexicana: la defensa de la soberanía. En ese tira y afloja entre dos países que comparten más de 3.000 kilómetros de frontera, los Gobiernos siguen tratando de encarrilar, al menos, su relación en seguridad.

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